Revista Cultura y Ocio

"olors i records" del taxidermista de la plaça reial

Por Conxita Piñero @BCNHorasOficina
Siguiendo con la agenda de actividades relacionadas con la exposición El Taxidermista en la Fundació Setba, el pasado día 28 de noviembre tuve el placer de asistir a la conferencia que impartieron tres descendientes de la familia de Lluis Soler i Pujol: uno de sus nietos, Ignasi Palaus Soler, y dos de sus biznietos, Eduard Palaus Benet y Núria Viladevall Palaus, en la que, a través de diferentes historias y anécdotas, nos recordaron su emblemática saga familiar. Una interesante manera de ayudarnos a recordar una actividad a la que dedicaron muchos años de sus vidas.

Pero antes de subir a la sede de la Fundación -como iba con tiempo- aproveché para darme una vuelta por los diferentes establecimientos de la Plaça que, por segundo año consecutivo, han colaborado en el proyecto "la Fundación baja a la calle", exponiendo un conjunto de obras, inspiradas en el arte de la taxidermia y creadas a partir de materiales reciclados, imitando cabezas de diferentes animales.
Con un plano en las manos, y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, éstas son algunas de las dieciséis obras que fui viendo:







Llegada la hora en que estaba prevista el inicio de la conferencia, di por finalizado el recorrido, y me dirigí hacia la sede de la Fundación, donde tuve la oportunidad de saludar personalmente a Núria Viladevall, y felicitarla porque su familia se haya prestado a compartir algunos de sus recuerdos familiares, lo que todavía le da mayor personalidad a la exposición.
La conferencia llevaba por título “Olors i records” (Olores y recuerdos), ya que como nos dijeron, el olor que desprendía la tienda es algo que se les ha quedado fijado en el recuerdo, y que nunca olvidarán… Algo así como un olor a esencia de nirvana, según quise entender...


Para situarnos, lo primero que hicieron fue proyectar un árbol genealógico de la familia, en el que cada uno de los tres conferenciantes situó la rama familiar de la que procedía, y su parentesco con el fundador de la estirpe.



A continuación hicieron un rápido resumen de la vida de el Avi Soler, tal y como mencionaban cariñosamente a Lluis Soler. Sus orígenes, su formación académica, la influencia de su mecenas Darde, su matrimonio con Mª del Carmen Boix y sus ochos hijos, con una mención especial a su hija Anna, que sería la continuadora de la saga.
El negocio, que como todos saben se inauguró en un local situado en la esquina de la calle Rauric con les Heures a finales del siglo XIX, a principios del siglo XX tuvo que buscar una nueva ubicación, por diferentes motivos. Uno de los más anecdóticos, dadas las estrechas dimensiones de la calle en la que estaba inicialmente, fueron los problemas de obturación del tránsito que ocasionaba la acumulación de transeúntes frente a los escaparates, para observar atónitos la famosa familia de gorilas que tenían expuesta. Tal y como nos siguieron explicando, el traslado al primer local que ocuparon en la Plaça Reial número 10 se hizo en verano, y a escondidas de Carmen Boix, mujer poco dada a los dispendios, que procedía de una familia conservadora de la que saldría uno de los futuros directivos de La Caixa. Dadas las grandes dimensiones del nuevo local, además de laboratorio, tienda y sala de anatomía, destacaba una gran sala de conferencias en la que se organizarían diferentes tertulias de carácter científico.
Parece ser, según nos dijeron, que la taxidermia es un arte en el que “no todo vale”. Es necesario ser un gran profesional para poder conseguir buenos resultados. A lo largo de su vida, Lluis Soler nunca dejó de interesarse por aprender más. Sus numerosos viajes por diferentes partes de Europa, como Berlín, Londres, Leipzig o París, le permitieron aprender técnicas mucho más precisas para conseguir unos mejores resultados, que le motivaron a publicar su famoso Manual sobre Taxidermia, en el que intentó explicar esa técnica tanto desde el punto de vista científico, como desde el punto de vista artístico. Sus biznietos lo definieron como un gran artista, a la vez que un gran divulgador científico.
La segunda parte de la conferencia la dedicaron a hablar del Avi Palaus. La llegada al negocio de Josep Palaus Seguí, tras su matrimonio con Anna Soler Boix, le dio un giro comercial. Si el suegro había sido un gran científico, el yerno era un gran comercial que demostró tener una enorme capacidad para relacionarse con los clientes, además de ser un gran jardinero y cazador, lo que garantizaba su conocimiento de la naturaleza. Los conferenciantes coincidieron en definirlo como un joven de provincias, que aportó aire fresco a una familia de la alta sociedad de Barcelona.
A partir de ese momento, aunque la tienda continuaría ubicada en la Plaça Reial, se trasladó al local situado en el número 8, el lugar que recordaba haber visitado alguna vez la mayor parte del público asistente. Llegados a este punto del relato, empezaron a fluir de manera espontánea los recuerdos y las vivencias de los tres conferenciantes…


Uno de sus recuerdos más vivos era la famosa vitrina de los gorilas, donde se solían esconder de niños cuando querían que no los encontrasen. Preguntados dónde se encuentran en la actualidad, nos dijeron que al menos una parte de la obra se conserva en Japón. Otra anécdota curiosa fue sobre la aventura que suponía abrir una de las neveras… Algo comparable a “entrar en la cueva de Alí Babá”. ¡Imaginad lo que te podías llegar a encontrar!


A la pregunta de qué cosas curiosas les habían traído para disecar, recordaron la ocasión en que una señora les trajo una lechuza viva, encargo que llevaron a la práctica “dándole el cambiazo” por una pieza de su colección, y así conseguir que el animal siguiera viviendo. Recordaron el drama que suponía el momento de entregar animales de compañía disecados, especialmente perros, ya que nunca quedaban igual al que había formado parte de la familia. El trabajo repetitivo y aburrido que le supuso a Eduard pasarse todo un verano disecando centollos, y que a día de hoy, cada vez que ve uno expuesto en un restaurante, piensa que seguro que tuvo que pasar por sus manos.
Respecto a algunas de las leyendas que giran sobre la tienda, nos confirmaron que sí que habían disecado hasta tres elefantes del Zoo (puntualizando que es uno de los procesos más complicados y largos); que Mario Cabré encargó que disecasen solo una oreja, y no la cabeza de un toro, para regalársela a Ava Gadner (añadiendo que las orejas y los rabos de toros son uno de los elementos más típicos para disecar); que el encargo de las 100.000 hormigas de Salvador Dalí lo tuvieron que rechazar debido a la imposibilidad práctica de llevarlo a cabo. Sobre el artista, famoso por sus excentricidades, nos dijeron que era una persona totalmente normal, que se limitaba a interpretar un papel en público. También nos hablaron de los veranos que se pasaban recogiendo insectos, por los que recibían una peseta por mosca, cinco pesetas por cada abeja, y hasta veinticinco por cada mariposa. Y, como todos tenemos nuestros fallos, también reconocieron el desastre que supuso preparar seis toros utilizando Porexpan para el relleno, ya que acabaron pareciendo seis salchichas embutidas.
Una persona del público comentó que recordaba haber visto expuesta una sirena en el escaparate de la tienda durante mucho tiempo, a lo que le respondieron que, aunque no tenían constancia de ello, no descartaban que hubiese sido una composición realizada por algún taxidermista creativo que pudo haber trabajado en la tienda.
Cuando en los años 80 en negocio empezó a declinar, dieron un giro y se convirtieron en el fabricante artesanal de ojos de vidrio más importante del estado, recordando el sorprendente contenido de las maletas-expositor que utilizaban para enseñarlos a sus clientes, algunos de ellos dedicados a la imaginería de santos. Pero la competencia de alemanes y checos fue letal para continuar en ello, y finalmente tuvieron que cerrar.

Para concluir, quisieron dejar constancia de que la historia de su familia no solo era la historia de una familia conocedora del arte de la taxidermia, sino que desde pequeños habían vivido rodeados de naturaleza, y que les habían enseñado a sentir un gran amor y respecto por ella.
Por cierto, no dejéis de hacer la ruta de arte porque vale la pena ver las obras en directo, y si la queréis hacer de manera guiada, todavía os quedan dos oportunidades los próximos días 7 y 25 de enero.
Para saber más:
22 años después el Taxidermista regresa a la Plaça Reial

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