Revista Cultura y Ocio

Paisaje de sombras

Por Calvodemora
Paisaje de sombras
                                       Fotografía: Fernando Scianna
El precio de vivir es siempre barato, da igual que tardemos una vida en abonarlo y cueste en ocasiones encontrar con qué satisfacer la deuda. Somos sombras, ellas nos definen y explican. Su sinceridad es incuestionable, no se dejan sobornar, apenas rehuyen su trabajo larvado, apenas visible, pero cuando irrumpen y se ofrecen en toda su vasta extensión advertimos su elocuencia, el peso del trasiego al que las forzamos. Llegar a viejo es una bendición, no hay otro premio mayor que ése: saber intimar con uno mismo, sentirnos hospitalarios con nuestra memoria, dar por bueno que el olvido haya omitido pasajes de la trama, incluso los ricos en belleza y en alegría. Es el cuerpo el dictador que escribe la historia del país que somos. Perdemos provincias, se desvanecen las fronteras, pensamientos oscuros ocupan estancias donde antes reinó con esplendor la inocencia y la ignorancia. Cuanto más avanzamos, más grato es el camino. Tal vez las sombras tengan vida propia y dancen a espalda nuestra, sin que apreciemos la gracia de sus evoluciones, ni la música que las anima y confiere su halo de tiniebla. Tendrán su mapa invisible, su cartógrafo privado. Habremos dejado huella suya por los caminos que hemos transitado. Estarán ahí. Mezcladas con otras en un festín de recuerdos. 

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