Revista Arte

Palabras de presentación del libro "Mi Sefarad, cuatro décadas con los españoles y el espacio iberoamericano", de Abraham Haim

Por Zamorasefardi

El dramaturgo Virgilio Piñera dijo una vez que el dilema de todo escritor no era escribir sino escribirse, es decir, transmutarse en aquello que escribe, lo cual también puede aplicarse a todas las artes: el músico se canta, el pintor se pinta y el actor se interpreta. Es un tema recurrente también en muchas películas de ciencia ficción en las que alguien intenta transferir su alma en otro cuerpo o el protagonista aspira a materializar mediante alguna poción mágica la fisicalidad de la persona amada. Al final, lo que tenemos es el deseo de perpetuar aquello que al escritor o al artista le parece significativo, importante, vital. La anécdota más conocida acerca de este asunto de la literatura es aquella en la que Flaubert, preguntado acerca de quién era Madame Bovary, respondió: Je sui Madame Bovary (yo soy madame Bovary).

Abraham Haim entrega su libro
en la Biblioteca Nacional de Israel
 

En tanto narración, el libro que tenemos hoy delante baila también en ese salón de espejos que es toda escritura, aunque, como veremos, lo hace de una manera muy peculiar. Lo primero que llama la atención es la cantidad de fuentes que el autor pone a disposición de sus lectores y nombro sólo las que he leído hasta el momento: cartas, artículos de prensa, fotos, poemas, canciones, prólogos de libros, entrevistas, resúmenes de conferencias, declaraciones y comunicados, retratos hablados de amistades y funcionarios, menús de cafeterías y restaurantes, descripciones de trajes tradicionales, anécdotas… En otras palabras, la narración no avanza sola, sino acompañada por numerosas personas, lugares, actividades, conversaciones… Es una forma muy peculiar de escribir una Memoria, como la llama el autor al inicio del libro, en la que, generalmente, desde Montaigne a Vargas Llosa, encontramos sólo largas reflexiones sobre la vida del autor. Aquí, sin embargo, es también la Memoria de la gran cantidad de personas, más o menos conocidas, con las que Abraham Haim ha interactuado a lo largo de los últimos 40 años en España o como muchos aquí en Israel le siguen llamando: Sefarad.

En este sentido, este libro es fiel al genio y figura de Abraham Haim, lo representa en un alto por ciento y mientras se lee se tiene la sensación de que, en verdad, en una suerte de holograma, estamos hablando con él en persona y uno se descubre dialogando en alta voz con el texto: Ah sí, esto fue así, o se le olvidó mencionar aquello.

Y es que hay algo de lo que no sé si Haim se haya dado cuenta y que se manifiesta a través de su presencia: muchos españoles y españolas, y en general personas de Latinoamérica y el Caribe, se pueden reconocer en él en tanto visualiza, o, mejor dicho, encarna, al judío sefardí que muchos descendientes hispanoportugueses potencialmente llevamos dentro o nos hubiese gustado conocer. Además del don de gente que sin dudas Haim tiene, su carácter evoca la fibra sefardí que subyace en la memoria colectiva iberoamericana y por eso, creo yo, no es difícil relacionarse con él y verlo como una español o portugués más. Eso, estimado Haim, es algo que no se aprende con el idioma castellano, por muchos años que se estudié en Salamanca: por ser sefardí, ya eras español antes de llegar a España por primera vez, un español de la diáspora, como hay tantos en este mundo.

El otro aspecto al que me gustaría referirme brevemente es al rango de esa compañía con la que Haim avanza en este libro a través de la geografía peninsular y que podemos simbolizar en una gran avenida por la que transitan desde reyes hasta trabajadoras de la limpieza, políticos y parroquianos de un bar de barrio, académicos y funcionarios, chefs y periodistas, una multitud de personas de las que Haim siempre tiene algo relevante que aprender, pero también que enseñar, con las que habla, canta, toma un chupito o simplemente pasea por algunas de las tantas ciudades que ha visitado, y visita cada año. En ese sentido, este es un libro coral, polifónico, en el que también vemos y escuchamos a todos y todas aquellas que, de una u otra manera, han estado cerca, alrededor o junto a Haim en estos 40 años de ires y venires entre España e Israel y viceversa. Como en las escrituras antiguas, Abraham Haim es el nombre que los resume e inscribe en el libro de la nueva Sefarad que emerge de estas páginas.

Como el buen vino de Toro o Ribadavia, este libro añejará excelentemente y las nuevas generaciones lo leerán, degustando en él los sabores milenarios que tejen nuestras culturas. 
Jesús Jambrina
Instituto Cervantes de Tel Aviv, 1 de marzo, 2023


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