Revista En Femenino

Pan con aceite y sal

Por Conmdemamá @CONMDEMAMI

¿Qué queréis para merendar?
Yo pan con aceite y sal.
Yo "tammién".

Esta conversación puede repetirse un día tras otro sin que lleguen a cansarse de oírse a sí mismos respondiendo sieeeempre lo mismo. Yo, como madre pesada y demás adjetivos que lleva intrínseco el titulito, insisto en darles más opciones cuando se trata de bocadillos: fiambres varios, queso y mermelada (en el caso de Rubiazo, éste le hace competencia al de aceite y sal), atún, atún y olivas, mantequilla y acompañantes, Nutella... Just in case se deciden a hacer un cambio drástico en sus vidas y variar un poquito. Pues ni por esas. Aquí lo único que cambia es la forma del bocadillo en cuestión: hoy de corazón, hoy de Mickey, hoy de círculo, hoy de ratón surfista...
Y es que los adultos, sin querer, a veces vivimos empeñados en abrir todo un mundo de posibilidades, seguimos corrientes según las cuales la sofisticación y la multitudinaria variedad de recursos que poner al alcance de los nuestros es lo que debe primar.
Y al rato llegan nuestros pequeños y nos hacen aterrizar de golpe al origen de las cosas, a la sencillez, la simplicidad del "vivir porque sí"... y hacen que nos demos cuenta de que nos complicamos porque ¡somos adultos y estamos oxidados!
Pan con aceite y sal.
Me parece un lema precioso para vivir. Perfecta filosofía de lunes a domingo y vuelta a empezar.
Me cuesta no complicarme la vida, soy adulta, ya sabéis. Pero prometo firmemente hacer de esta sabrosa, tradicional y simplona combinación mi motto cada vez que algo se tuerza.
Pan con aceite y sal.
Porque las cosas sencillas son las más divertidas, las que nos provocan una carcajada tras otra.
Porque pan con aceite y sal es tirarse de bomba a la piscina, llenar la típica piscinita "Toy" para que se refresquen y que acabe el agua más fuera que dentro, hacer guerra de arena mojada en la playa hasta que no quede piel sin rebozar, empezar una batallita inocente de pistolas de agua y acabar a cubazos, salir a regar las plantas y regar a toda tu familia, hacernos cosquillas hasta no poder más, vaciar la tarrina de helado, escuchar los pájaros rezagados que tardan en acostarse, que los grillos canten toda la noche, cenar montones de fruta o un vaso de leche con ositos, saltarse todas las rutinas con trampolín, hacer sesiones de jardinería casera, improvisar una cena para los amigos de tus hijos, improvisar una cena con amigos, convertir una merienda en cena y resopón porque estás más a gusto que un arbusto, no hacer las camas hasta mediodía, bailar nuestras canciones de juventud con los peques y cantarlas a grito pelado, estar comiendo bien formalitos y que uno de los pitufos haga una gracia y se abra la veda de carcajadas, que alguno de los dos enanos nos mire de reojo y empiece a bailar mientras come y acabemos todos haciendo el pavo, una mirada cómplice en una situación crítica y tener que aguantarte la risa...
Es que la vida con hijos no es más que PAN CON ACEITE Y SAL. No nos empeñemos en complicarla porque no funcionará.
¿Te apuntas?

CON M DE MAMÁ y P de PAN CON ACEITE Y SAL


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