Revista Coaching

Parar el tiempo

Por Soniavaliente @soniavaliente_

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Había oído hablar, como quien oye llover, de la posibilidad de congelar de óvulos. Alguna amiga lo ha hecho para preservar el tejido ovárico de la quimioterapia. También, en plan glamuroso, sabía que alguna famosilla quería ganar la carrera contra el tiempo y había hecho lo propio. Pero salvo estos dos casos no conocía ninguno de personas de a pie. Hasta que abrió su Facebook. Y vio el anuncio de una aplicación que prometía parar el tiempo. Una calculadora de fertilidad.

Y, claro, como la curiosidad mató al gato, le falta tiempo para indicar su edad y aquel artilugio del infierno comienza a calcular y, después de unos eternos segundos, sabe cuál era la probabilidad de quedarse embarazada en un futuro. Acto seguido el amable engendro pasa a explicarle que a partir de los 40 es muy complicado quedarse embarazada con óvulos propios. Que, chica, que no los tire. Mejor congélalos. Que ya si eso, le hacen un hueco, en la agenda de no se sabe bien qué clínica. Que está fatal de lo suyo. Y que está a punto de rebasar su fecha de consumo preferente. Escucha algo romperse. Es el sonido de su autoestima.

Parar el tiempo

Con 38 años pueden imaginarse cuál fue el pírrico porcentaje que obtuvo como respuesta. Se sintió como si sus óvulos estuvieran en el corredor de la muerte, como una gallina ponedora que sólo valía para hacer caldo. Uno muy bueno, sí, pero caldo al fin y al cabo. Como Ali McBeal cuando tenía alucinaciones con el dancing baby. Como se diera por hecho que la mujer tiene que ser madre o no ser. Y aunque una haya decidido extinguirse ésta es, sin duda, la publicidad más agresiva, intrusiva y malrollera que ha visto nunca. Lo mejor, los comentarios de las otras mujeres a punto de caducar.

Porque eso es lo bueno de Facebook, que permite segmentar por edades, al público objetivo. Y allí no había ninguna con los 35 por cumplir. Algunas talluditas se preguntaban cómo la aplicación había averiguado su edad si tenía la fecha de nacimiento oculta, como es su caso. Pero el congelador de óvulos no entiende de coqueterías y no se ha tragado aquello de que los cuarenta son los nuevos treinta. Porque la biología es la biología y, además, es una perra.

 


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