Revista América Latina

Susana villarán: perfil personal (la república)

Publicado el 02 octubre 2010 por Jorgebazo
Primero fue el turno de Lourdes Flores, y hoy tenemos gracias al trabajo de María Elena Castillo, el perfil de la candidata de Fuerza Social, Susana Villarán de título: Susana Villarán es una mujer como todos, común y silvestre.
SUSANA VILLARÁN: PERFIL PERSONAL (LA REPÚBLICA)
Perfil. Tiene defectos y virtudes, y hasta en sus peores momentos esbozó una sonrisa. Estuvo vinculada a la labor social desde muy pequeña y aunque nació en una familia acomodada, sin apremios económicos, siempre actuó con una profunda sensibilidad que la llevó a compartir su vida con los más pobres.
Una mujer común y silvestre, con defectos y virtudes, con alegrías y tristezas, con sueños y esperanzas. Así es Susana Villarán. Hija, hermana, madre, abuela, que a sus 61 años sigue conmoviéndose con las cosas simples de la vida e indignándose con la injusticia.
Nació el 16 de agosto de 1949 en Santa Beatriz, donde vivió hasta los cuatro años, en que su familia se mudó a Miraflores, a la residencia de su abuela, que acababa de fallecer. Es la tercera de siete hermanos y, según ellos, la más alegre, la más traviesa, con una cualidad especial para alcanzar sus convicciones siempre con una sonrisa.
Su hermano Fernando, quien fue ministro de Trabajo durante la gestión de Alejandro Toledo, confiesa que desde pequeña ella ha sido fiel a sus convicciones.
Yo soy el mayor, luego viene Jaime y después Susana. Ella es la tercera de los hermanos, pero la primera mujer. Nos llevamos uno o dos años y cuando éramos chicos íbamos los tres juntos a todos lados. Al principio no queríamos jugar con ella, porque estábamos en la fase del club de Tobi, pero nos supo conquistar con su sonrisa”, cuenta entre risas, destacando que desde entonces era perseverante.
“A veces la dejábamos de lado, pero ella siempre nos encontraba. Llegaba como si nada, con su sonrisa de oreja a oreja, y ya, se ponía a jugar con nosotros. Nunca se peleaba ni se iba a un rincón a llorar, nos ganaba siempre con su sonrisa”, dice con insistencia.
El ex ministro la recuerda como una chica normal, estudiosa pero no chancona, con muchos amigos y amigas, que le gustaba bailar. “A veces mi papá hacía que la acompañemos a las fiestas y que nos quedáramos hasta el final para cuidarla. Otras veces ella llevaba a sus amigas a la casa y nosotros a nuestros amigos, y hacíamos fiestas. Allí también comenzaron los primeros enamoramientos”, señala animado, rememorando esos años maravillosos.
Una opción de vidaLa vida fue buena con Susana. Nació en una familia con una situación económica acomodada, en la que nunca le faltó nada, que le permitió recibir una educación privilegiada y conocer muchos lugares bonitos, pero desde pequeña, sus padres le enseñaron a agradecer a Dios y a compartir con los demás.
Su madre, doña Fina, la llevaba siempre donde su tía Cuqui, Rosalía de Lavalle de Morales Macedo, recordada ahora por haber creado el Hogar de la Madre, un centro para albergar a madres desamparadas, antes y después del alumbramiento. No iban a tomar el té o hablar de cosas banales, conversaban con las madres, les daban apoyo, trataban de hacerles entender que ellas tenían derecho a ser tratadas con dignidad. La prédica y las acciones de la tía Cuqui le enseñaron la importancia de acabar con la diferencia social.
Por un lado nuestra madre era muy cristiana y de servicio social. Por otro, nuestro padre era un empresario y diría que tal vez de centro derecha, quien nos hacía leer mucho y escuchar música. Así hemos crecido, tuvimos una vida buena, sin apremios económicos y con una herencia de cristianismo, compromiso social y una parte intelectual muy sólida”, sostiene Fernando Villarán.
Revela, además, que Susana fue la primera que se aproximó a la izquierda y como cristiana optó por la rama vinculada a la Teología de la Liberación, comulgando con la propuesta del padre Gustavo Gutiérrez.
Cuando llega el amorEn su época universitaria Susana conoció a Manuel Piqueras, quien poco después se convirtió en su esposo y el padre de sus tres hijos. “Fue casi un amor a primera vista. Compartimos ideales, objetivos, nuestra forma de ver la vida y la política”, refiere.
A los 21 años se fueron a Cajamarca para trabajar en un proyecto de apoyo social impulsado por el entonces obispo de esa región, José Dammert. Allí se casó con Manuel, un estudiante de sociología de la Universidad Católica, tan comprometido como ella.
Fue una boda sencilla, en una pequeña capilla, con su amor como testigo. Fue uno de los mejores días de su vida.
Para su padre, don Fernando, que por entonces escribía una columna de temas económicos en el diario La Prensa con el seudónimo de “Quijotín”, fue un gran choque. “Era su hija mayor, la luz de sus ojos, pero entendió que era su opción, una decisión válida, que la hacía feliz. Al regresar de Cajamarca se fue a vivir a Caja de Agua, en San Juan de Lurigancho y él también la comprendió”, relata el hijo mayor de la familia Villarán.
Rolando Ames, catedrático de la Universidad Católica, ex senador de Izquierda Unida y ahora asesor personal de Susana, los conoció en esa época. “Yo era profesor de Manuel. Mi esposa y yo fuimos a visitar varias veces al departamento que alquilaron, que era muy humilde, muy sencillo, pero donde se podía respirar mucho amor y compromiso social”, comenta.
El padre Juan Dumont, de la parroquia San Cristóbal, ubicada al frente de la casa en la que vivió Villarán, también tiene un grato recuerdo de ella. Le impactó el cariño con que trataba a los niños del programa Kukulí en el colegio Huáscar así como la dulzura con la que trataba a sus vecinos y los pobladores del lugar.
Una mujer que puede dar fe de ello es Rosa Fernández, cuyo padre alquilaba el departamento a Villarán. “Teníamos casi la misma edad. Yo vivía con mi mamá, pero todos los fines de semana iba a la casa de mi padre y allí conocí a Susana. Era muy buena, siempre me decía que estudie, que era importante, siempre me daba consejos”, recuerda, señalando que nunca pensó que algún día ocuparía un puesto importante hasta que la vio en la televisión cuando fue nombrada ministra de la Mujer.
Madre, Mujer, profesionalSusana tuvo tres hijos a los que califica de maravillosos y llama los amores de su vida. Pero como toda mujer tuvo que hacer malabares para criarlos y al mismo tiempo trabajar, luchar por sus creencias y desarrollarse en la vida política.
Por suerte se encontró en su camino a Ernestina Vilca, una joven ayacuchana, que estudiaba en una escuela nocturna de Surquillo, que comenzó a trabajar medio tiempo limpiando y ordenando la casa, y acabó convirtiéndose en su mejor ayudante.
“Cuando llegué los dos mayores eran adolescentes y el último tenía 7 años. Los he visto crecer, jugar, en las buenas y en las malas. Me trataron siempre como si fuera de su familia”, dice tras 25 años de trabajar con los Villarán.
Comenzó a trabajar con ella cuando vivían en el Rímac, de allí se pasaron a Jesús María, a Barranco, a Chorrillos, a Miraflores y hasta ahora sigue con ellos.
Por esa época Susana trabajó con más ahínco en la defensa de los derechos humanos, desde el Instituto Batolomé de las Casas, hasta que en 1993 fue nombrada secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de los Derechos Humanos. Desde allí impulsó la campaña contra la impunidad, a raíz de las denuncias sobre las ejecuciones del grupo Colina.
Gloria Stiglich fue su secretaria en ese momento y recuerda bien su compromiso y el calor humano que mostraba con las víctimas de las violaciones a derechos humanos. “Nunca cejó en su empeño, no se cansaba ni la asustaron las amenazas que recibió por su trabajo. Siempre era la primera en llegar y la última en irse”, relata.
En medio de todas sus experiencias de vida, Susana siempre estuvo cerca de la política. Primero, como asesora del alcalde Alfonso Barrantes, para impulsar el programa del Vaso de Leche. Más tarde como ministra de la Mujer con Paniagua.
Después se dio cuenta de que si bien desde el activismo social se pueden conseguir muchas cosas, al final, la decisión la toma quien está en el poder. Por ello formó el Partido por la Democracia Social y lanzó su candidatura presidencial el 2006, aunque sin muy buena fortuna.
Aun así, Susana se considera una mujer con suerte y sueña con un Perú cada vez mejor, más justo, más humano, con igualdad de oportunidades para todos. Ella no se desanima, saca fuerzas de donde no hay, sabe que algún día el país con el que sueña se hará realidad.
“Para mis nietas soy la abuela de las aventuras”¿Cuál ha sido el mejor momento de su vida?He tenido varios. De niña fui muy amada, los primeros años del matrimonio con Manuel fueron extraordinarios, mi trabajo ha sido muy importante. Y hay dos momentos políticos muy especiales, trabajar con Alfonso Barrantes y con Valentín Paniagua.
¿Ha sido difícil combinar su trabajo con la maternidad?Mucho. Empecé a los 20, es difícil hacer la carrera, trabajar, tener compromisos políticos, asumir la crianza de los hijos, aunque fue muy compartida con Manuel siempre cae más en las mujeres. Yo no soy una madre perfecta ni una profesional perfecta. Soy humana.
¿Su momento más duro?El secuestro de Sole, cuando era muy chiquita, cuando Manuel investigaba el Comando Rodrigo Franco.
¿Cómo afrontó la separación de su pareja de toda una vida?Tuvimos años de mucha felicidad, de ideales y compromisos, hemos tenido tres hijos que adoramos y cuatro nietas que son lo más importante del mundo, pero el amor se acabó. Claro que es un fracaso, yo pensé que me casaba para toda la vida y fueron 39 años, pero dijimos que cada día íbamos a renovar, y un día ya no hicimos más.
Aunque supongo que en algún momento piensa en rehacer su vida…Estoy abierta a dentro de un tiempo tener otra relación, aunque no pienso casarme otra vez, con un caballero íntegro, tierno y guapo y si tiene dinero mejor.
¿Es una abuela engreidora?Me gusta hacer con ellas cosas que les gusta. Por ejemplo, las llevo de viaje. Las meto en un ómnibus y nos fuimos a Oxapampa o a Ayacucho y el siguiente viaje es hacia el Cusco, aunque las quiero convencer para irnos a Tumbes o algo así. Yo soy la abuela con la que pueden tener aventuras, con la que quieren meterse en la cama un día sábado y hacer canchita y ver una superpelícula o conspirar contra la mamá, porque las mamás siempre son malas y las abuelas son buenazas (risas).

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