Revista Insólito

Pedro Escobar echa de menos a Groucho Marx

Publicado el 05 julio 2011 por Losplatoscomoojos @platoscomoojos

Pedro Escobar echa de menos a Groucho Marx.Tres extractos de diferentes intervenciones realizadas por el coordinador regional de IU Extremadura: Pedro Escobar antes y durante la campaña electoral, fijando la posición de su partido frente a la del PP:
1) ¿Saben lo que pienso del PP?
Pues que son unos franquistas trasnochados, que tienen nostalgia.
¡Que huelen a sacristía y agua bendita¡
Que huelen a naftalina de las camisas azules, de las viejas,
sus armarios huelen a naftalina y parecen forofos de un equipo de "fúbol" cuando hablan de España, cuando hablan de estas cosas y es verdad que dan un poco de miedo.
2) Entonces ahí, hay,...¿eh?, una zona oscura que nadie sabe cual es el programa del PP, aunque no resulta difícil intuirlo, yo veo que el señor Monago no da respuesta a la situación actual del Extremadura.
3) Yo creo que el PSOE es un coche que está "parao", no sabe quien lo va a conducir ni a donde va; pero es que el PP es marcha atrás.
Visto lo visto, parece ser que los señores de IU con Escobar a la cabeza aprendieron bien la lección y se postulan como dignos sucesores del gran Groucho Marx. Absurdo, surreal e inteligente como pocos, al cómico sin embargo, nunca se le ocurrió dejar la pantalla para dedicarse a una política real donde se exigiera un cierto grado de seriedad y compromiso. "Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros", decía en una de sus películas retratando su ácido sentido del humor y convirtiendo la expresión en un lapidario legado. Un axioma propio de gente apolítica, falta de escrúpulos y alejada de un sentido ético de la lealtad, o lo que es lo mismo, en muchos casos la perfecta piel  para quienes buscan la gloria sin mirar atrás. En el caso de sus selectos discípulos: Víctor Cascos, Alejandro Nogales y Pedro Escobar, todos ellos faltos de cierta capacidad (la cual no podría señalar) e incapaces de pensar con cierta claridad, pronto cayeron en el error. Jugaron a ser políticos de altura (hecho ridículo que a su cómico amigo jamás se le ocurrió pensar, a riesgo de resultar patético), aunque en realidad se comportaran como taberneros coléricos dispuestos a saldar una cuenta personal. El rédito y hazaña de las urnas tan sólo quedaría como un espejismo en una izquierda derrotada, rota y traicionada. Mientras que los tres corazones heridos tan vacíos como triunfantes se tornan en camaleones que pronto perderán su color. Todo tan surreal como propio de una película de Marx, con la obvia salvedad de rodarse con actores malos de verdad.


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