Revista Opinión

Pérdida de inocencia y distancia de seguridad

Publicado el 28 noviembre 2012 por Jocoma

Pérdida de inocencia y distancia de seguridad


Hay dos cosas que siempre me han llamado la atención: La inocencia de las personas que se refleja en las películas antiguas, y la distancia de seguridad que mantienen los animales en el Serengeti africano.
Que son dos cosas muy distintas y difícilmente relacionables… pues vamos a verlo. Yo creo que tienen mucho en común y que una vez escudriñadas, van a ser extrapolables para acabar convirtiéndose en una lección humana.

Pérdida de inocencia y distancia de seguridad

José Isbert, el alcalde de "Bienvenido Mr. Marshall"


¿De verdad no te has fijado en esa candidez que presentan las películas antiguas? ¿No te ha llamado la atención tanto el planteamiento (el tema, guión, etc.) como la puesta en escena de los propios actores? La próxima vez que haciendo zapping veas una de estas películas en blanco y negro, párate un poco, fíjate en ello y verás. Eran otros tiempos. La vida se presentaba como era: Más relajada. La velocidad era más lenta. Ocurrían cosas, claro que ocurrían. Había dramas, barbaridades, aventuras, historias de amor… Seguimos haciendo lo mismo, pero a otra velocidad. En estos tiempos algunas películas son de vértigo.
¿Las películas de ahora son más realistas? No. Simplemente reflejan la realidad actual. ¿Somos ahora más realistas que antes? Ahí está la clave. El cine (como la política, por ejemplo), como todo en un lugar y en un momento de una sociedad, refleja una realidad. No sólo en la historia que cuenta, en el contenido, sino también en la forma de exponerla. El cine de ahora es más espectacular, ha incorporado nueva tecnología, pero sobretodo ya no valen los finales ñoños y felices, porque las personas hemos perdido la inocencia. Hay muchas películas que acaban con un mal final después de habernos contado una historia de vértigo. No somos más realistas, pues; simplemente somos menos inocentes. O dicho de otra manera: Estamos más despiertos, somos menos engañables. ¿Pero es esto cierto? No hay que perder de vista que estamos haciendo una abstracción de dos realidades: La del pasado y la del presente. Siempre habrá excepciones. El Ser Humano actual parece que ha perdido la candidez que tenía el hombre de antaño. Y esto nos lo puede hacer ver fácilmente el cine pero leyendo entre líneas, con cierta perspectiva.
¿Quién no ha visto alguna vez un documental de la vida animal en África, por ejemplo? ¿No te ha llamado la atención el drama continuo entre la vida y la muerte? ¡Tantos animales juntos! Depredadores y presas, herbívoros y carnívoros: La cadena alimenticia… Y sin una verja que proteja a unos de otros. Increíble. Todos “sueltos” por allí. Es la cruda realidad de la selección natural (de la vida) a la búsqueda de la supervivencia. ¿Quién escapa a la muerte? Pues los más fuertes, hábiles, avispados, rápidos, con mejores sentidos que alerten del peligro… Pero, ¿Qué es lo más importante, lo determinante para la supervivencia? Pues algo muy simple: Mantener la distancia de seguridad. Algo hará que el instinto le diga a un animal que tiene que calcular muy bien dónde está el depredador y dónde se encuentra él mismo. Algo le dirá que se encuentra a una distancia suficiente para poder escapar de ese depredador.
Pérdida de inocencia y distancia de seguridad

Y ahora viene aquello. Tenemos que juntar y relacionar estos dos aspectos importantes de la vida: La inocencia humana y la distancia entre depredadores.
Que hemos perdido inocencia, es evidente. Pero los que más la han perdido (en consonancia con nosotros) son los grandes entes creados por los humanos. Esos monstruos depredadores en forma de grandes empresas, multinacionales, instituciones a nivel mundial, bancos, partidos políticos… esa gente sabe muy bien cómo sacar tajada de su capital (su poder) para obtener más capital. Han evolucionado con nosotros porque son parte de nosotros. Son “los desinquietos”. Son parte del hombre pero no dudan en explotar al hombre, son antropófagos. Hasta ahora, aunque tímidamente, el hombre de abajo les ha ido plantando cara y ha conseguido algunas normas legales que lo protegen de esos monstruos, pero ahora lo está perdiendo casi todo y en muy poco tiempo. Es un momento delicado. Se está librando la batalla definitiva, la madre de todas las batallas de verdad. Nos están espabilando sin querer. Puede que estemos perdiendo un poco más de inocencia. Es el duro camino del despertar.
Si lo miramos bien, los mismos depredadores han ido seleccionándose y aumentando sus “prestaciones” para sobrevivir a costa de los siguientes en la cadena alimenticia tal y como los depredados han ido aumentando sus propias “prestaciones” para que la especie continúe. Lamentablemente eso también ocurre con la especie Humana, pero cuidado: La Humanidad es algo más que los propios animales. El equilibrio puede ser distinto. Y de eso se trata, de conseguir un buen equilibrio que nos “libre” de extremas injusticias. De nosotros depende. Puede que aún nos quede algo de candidez, pero en nuestras manos está ir perdiéndola para poder plantar cara y exigir un mundo más justo para tener una vida más plena.

Pérdida de inocencia y distancia de seguridad

Monstruo depredador

Sólo nos queda descubrir que para sobrevivir debemos mantener la distancia. Tarea difícil. Aunque ya no somos como “niños, niños” aún nos siguen gustando las baratijas. Nos gusta consumir. Pero nos estamos dando cuenta de que cada vez podemos consumir menos, que el Estado del bienestar está desapareciendo.
Las empresas de telefonía, las de la TV de pago, las eléctricas, los bancos, Hacienda… todos nos engancharán con sus trampas. Los políticos nos cobrarán sus impuestos y lo privatizarán todo para que sus amiguetes sigan aumentando su capital a nuestra costa; si es que lo podemos pagar. Intentarán seguir pagando con nuestro dinero las fuerzas que nos tienen que seguir manteniendo a raya (medios, policía, ejército…). Esto, si ahora ya no somos tan ingenuos, lo veremos claro. Hay que mantener la distancia respecto de lo que te hace daño.
Pérdida de inocencia y distancia de seguridad
  Conclusión: Una vez perdida la inocencia, para sobrevivir hay que mantener la distancia. Cuanto más lejos estemos de la gentuza, mejor: Hay que salir de la trampa y plantar cara. No debo, no pago. No necesito, no consumo. No me respetas, no te respeto. ¡Ya está bien de pagar “impuestos revolucionarios” para poder vivir. Y para ello, yo no me quedo en casa, me quejo y protesto. Tranquilo que siempre habrá algún conocido o vecino que no lo haga, pero cuidado, en estas cosas hay que comenzar por uno mismo sin pensar demasiado en qué hacen los demás.
Caña a los ingenuos que aún le están haciendo el juego al Sistema y no exigen un cambio
Juan-Lorenzo dalescana@gmail.com

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