Revista Solidaridad

Pobres... y ¡tontos!

Por Pcelimendiz

Anda Wang bastante enfadado con la gestión del Ingreso Mínimo Vital, que no está cumpliendo ni de lejos el objetivo con el que se publicitó: proteger a los más golpeados por la crisis social y económica que el coronavirus ha incrementado.

Pobres... y ¡tontos!Pero es que ayer mi amigo estaba indignado con la comparecencia que el Secretario de Estado de Seguridad Social ha hecho ante la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados, donde entre otras cosas ha explicado porqué el IMV no estaba cumpliendo dichos objetivos.

Y no es para menos el cabreo de Wang, porque según me cuenta y, en resumen, el insigne Secretario ha venido a decir que la gente que no lo percibe teniendo derecho a ello es porque es tonta y no sabe tramitarlo.

Así, sin anestesia. Los pobres están acostumbrados a que se les llame vagos, aprovechados, delincuentes, vividores... y otras lindezas semejantes (en base a las cuales se construyen este tipo de prestaciones) pero esto de llamarlos tontos directamente es una novedad.

Igual es un cambio de paradigma, porque más que tontos hasta ahora se les llamaba listos, en el sentido que se aprovechaban de nuestros estupendos Sistemas de Protección Social (sic) para llevar una vida regalada y sin esfuerzo.

Aclaro que lo de tontos lo dice Wang. El ministro ha sido más elegante: ha dicho que tal vez los posibles destinatarios de esta prestación "no sea la gente mejor informada". Es el mismo insulto pero suena mejor.

Y es que el prejucio y el juego son ya muy viejos. Vuelve una vez más a ponerse de manifiesto esa atribución individual en la que el pobre es pobre por su propia responsabilidad. De las condiciones estructurales o contextuales es mejor no hablar, que nos liamos. Es más fácil así, apelar al indivíduo y  ahora dar una vuelta de tuerca más y atribuirle que, además de estar en situación de pobreza por su culpa, permanece en ella por su ignorancia.

Pobres... y ¡tontos!Que digo yo que el señor Secretario pudiera haber apelado a las deficiencias que el Sistema ha tenido para informar correctamente a toda la población y que no han creado los canales adecuados para una tramitación ágil e inclusiva de la misma convertiendola en muchas ocasiones en una delirante e indigna carrera de obstáculos. Pero se limita a pasar por ello de puntillas y dice que es un problema de non-take up, tan común en las Rentas Mínimas, que como todos sabemos van dirigidos a gente ignorante.

Me alegra que se reconozca tan claramente que el IMV, en su diseño, gestión y resultados sea tan parecido a una Renta Mínima, porque como ya he señalado en alguna ocasión, en ello estaría la clave de su éxito o de su fracaso. (Ver mis recientes entradas "Cosas de pobres" o "Debates en la cuerda floja"). En el hipotético contínuo de estas prestaciones cuanto menos se pareciera a una Renta Básica (universal y no condicionada) y más a una Renta Mínima (sectorial y condicionada) más riesgo de fracaso e ineficacia tendría la prestación.

Pero el Secretario tranquilo. Total, las Rentas Mínimas de las Comunidades Autónomas tardan más, hasta un año, dice.

Pues nada. A esperar. Al fin y al cabo, la subsistencia de la gente está garantizada: alguna ayuda de emergencia de servicios sociales, una pizca de mendicidad, un buen pedazo de caridad y bancos de alimentos. Lo de siempre, vamos. Lo que permite que una prestación como ésta, en el momento histórico más importante de las últimas décadas, fracase en sus objetivos sin que nada cambie estructuralmente.

Porque no hay nada que cambiar, ¿verdad Secretario?, cuando el verdadero problema son los tontos.


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