Revista Cultura y Ocio

Ponme la mano aquí, Macorina

Publicado el 05 agosto 2012 por Santiagobull
Ponme la mano aquí, Macorina
Vuelvo a las andadas, después de algunos meses de silencio. Ya saben: la vida a veces no deja tiempo para la vida, pero siempre habrá cuándo volver, como dicen las canciones que cantaba, con el corazón en la garganta y la voz desgarrándose en llanto, Chavela, Chavelita, la Vargas. Pero hoy las cosas son diferentes. Hoy hay duelo y luto en el bulevar de los sueños rotos, hoy lloran las barras de los bares y todas las canciones de amor guardan silencio y se quitan lentamente el sombrero. Chavela Vargas ha muerto en su México lindo y querido a la sorprendente edad de 93 años, poniendo el punto final a lo que ha sido toda una era de la canción ranchera, y aún de la música en general.  Casi un siglo, y todavía demasiado poco tiempo para disfrutar de una voz tan única como la suya. Nunca olvidaré las tardes de mi infancia, cuando en la sala de campo de mi abuelo no sonaba otra cosa que las canciones de Chavela (bueno, y las de José Alfredo Jiménez). Hace no mucho estuve allí con unos amigos, y me encontré una mañana, solo, tomando una cerveza mientras flotaban los acordes de algunas de las canciones que ella hizo inmortales: "En el último trago", "Ponme la mano aquí Macorina", "La llorona" y tantas otras. Creo... no, sé que no exagero cuando digo que, de alguna manera, todos los que la hemos escuchado nos hemos visto abrumados por ese cálido y sin embargo acongojante sentimiento al que llamamos "amor". Después de todo, ¿quién no podría amar a la Vargas? Imposible dejar de hacerlo, imposible cerrar el pecho después de escuchar una voz tan honesta y hermosa como la suya, acostumbrada a decirlo todo con mucho más que las meras palabras. Sí, sí... ponme la mano aquí, Macorina, y tómate esta botella conmigo, que en el último trago nos vamos. 

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