Revista Cultura y Ocio

Y que no se diga el silencio.

Publicado el 21 junio 2013 por Santiagobull
Ya lo cantaba la Durcal: cómo han pasado los años. Sólo que yo no voy a mandar el siguiente verso de la canción, porque hay cosas que, por suerte, no cambian. La misma copa en alto, el mismo pesimismo cargado de buen humor criollo, las mismas ganas de echarse unas risas. Aunque ahora, también, con una carguita de culpa, como si fuera una resaca (que estoy seguro me dirá más de uno que está de más, porque el cariño, como las ganas de meter caña, tampoco cambia) por haber andado tan desaparecido de un tiempo a esta parte. Lo dijo Mafalda (sí, la de las tiras de Quino) una vez: que a menudo lo serio no deja tiempo para lo importante.  Lo importante, sí. Porque para mí lo importante, más allá de lo que uno pudiera o no escribir en una página de estas, es lo que se ha venido manifestando, por tanto y tantísimo tiempo, entre comentarios y dedicatorias. La amistad, carajo, que de eso se trata el asunto, y lo digo sin más rodeos. Y, por eso, creo que tendría que dejarme de cojudeces, sacudirme la flojera que se acumula sobre los hombros (ras ras, diría Tripi) y escribir, siquiera, una vez por semana. O dos al mes. O algo así.  ¿Lo haré? Ni puta idea. No vengo a dejar plantadas aquí promesas de esa alcurnia. Tal vez lo intente. ¿Por qué no? En pocas palabras, que lo que me trae a estos ámbitos de la blogósfera, hoy por hoy, no son esa clase de "bisnes". Pa' na'. La única razón por la que caigo por aquí esta noche, por muy cursi que suene (porque suena cursi, y tal vez lo sea, y la pura verdad es que me importa un carajo) es a decir que no me olvido de los buenos momentos, ni de las madrugadas eternas, ni de los nombres (o, en su defecto, los nombres de usuario) de los amigos, la pequeña secta con aires de familia que, a trancas y barrancas, hemos ido armando con tanto gusto. Se lo dije a Mister Mierdas aquí mismo, en una tabernita de Barranco en mi Lima natal. Y se los digo a todos, con el páncreas en la mano, la sonrisa dibujada en el rostro y la copa, como tiene que ser, bien alta. Olé.  Y no, no voy a dejar por aquí la versión de "Cómo han pasado los años" por Rocío Durcal. Voy a dejar una criollaza de por mis pagos, que para eso están. (Y porque bueno, pirata por aquí hay más de uno). 

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