Revista Cultura y Ocio

Por la primavera blanca, de Aurora de Albornoz

Publicado el 20 septiembre 2012 por Goizeder Lamariano Martín

Por la primavera blanca, de Aurora de Albornoz Título: Por la primavera blanca Autora: Aurora de Albornoz Editorial: Traspiés Año de publicación: 1962 Páginas: 59 ISBN: 8493251798 Hasta hace solo unas horas no conocía a Aurora de Albornoz. No había leído ninguna de sus obras. Hasta que en la mañana del miércoles 8 de agosto cogí de la estantería uno de los libros de la editorial Traspiés que había elegido como premio de un concurso de reseñas. Por la primavera blanca. Una vez más, un libro de relatos. Pero no un libro cualquiera. Uno publicado en 1962 que en tan solo 59 páginas es capaz de transmitirnos un universo sutil y femenino con una voz moderna. Una voz lejana y cercana al mismo tiempo, en la distancia y en el tiempo. Una voz que nos susurra, que nos acaricia. Una voz tímida, dulce. Una voz que nos habla de la niñez y de la adolescencia. De esos años ya lejanos que, sin embargo, no queremos ni podemos olvidar. Una voz que nos traslada hasta esa primavera blanca por la que todos hemos sentido nostalgia. Esa primavera que nos gusta recordar y otras veces deseamos olvidar. Una primavera que, nos guste o no, forma parte de nosotros.
Aurora de Albornoz nació en Luarca (Asturias) en 1926. Cuando tenía 18 años, en 1944, tuvo que exiliarse junto a su familia a Puerto Rico, donde recordó una y otra vez su infancia y su adolescencia, los paisajes asturianos y también los horrores de la Guerra Civil. Una guerra que le arrebató la infancia y la inocencia de los primeros años. Pero Puerto Rico también le permitió conocer a grandes autores de nuestra literatura como Pedro Salinas o Juan Ramón Jiménez. En la Universidad de Puerto Rico fue profesora y en aquel país se dedicó a la literatura, a la crítica literaria y a cultivar su amistad con otros grandes de las letras españolas, con quienes compartió no solo su pasión por la literatura, sino también su dolor por el exilio. Aurora de Albornoz regresó a España en la década de los setenta y falleció en 1990. Es autora de trece libros, todos ellos de poemas, excepto Cronilíricas que fue publicado en 1991 de forma póstuma, un año después de fallecer la autora, y Por la primavera blanca, su único libro de relatos. Está formado por diez relatos: El ataque, Tania, Rayín, Al otro lado, El milagro, La mano, El retrato, Por la primavera blanca, El encuentro, La bajada. Todos ellos son relatos cortos pero no por ello menos intensos, complejos, profundos y al mismo tiempo, sencillos, cercanos, cotidianos. Unos relatos, unas fabulaciones, como le gustaba llamarlos a la propia autora, que nos envuelven poco a poco hasta seducirnos y fascinarnos. El ataque nos introduce de lleno en un ataque aéreo en plena Guerra Civil a través de los ojos, la piel, los sentimientos y, por encima de todo, el miedo que siente una niña que intenta protegerse en un refugio. Que intenta esconderse, huir, olvidarse del ruido. De ese ruido que se le clava en la cabeza, que la paraliza. Tania. Un nombre. Todos tenemos uno. Todos sabemos quiénes somos. Pero, ¿estamos realmente seguros? ¿Qué es la realidad? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Quién está vivo y quién está muerto? ¿Cómo saberlo? De esto y de mucho más nos hablan los relatos Tania y Rayín. En Al otro lado nos trasladamos precisamente al otro lado de los espejos, el otro lado de la vida, de la muerte. Una frontera, un territorio difuso. Los relatos de Aurora de Albornoz nos ayudan a recorrer la distancia que separa este lado y el otro lado. Dos lados lejanos y cercanos al mismo tiempo, desconocidos y conocidos, diferentes e iguales. Dos lados que se alejan y se acercan gracias a la imaginación, a la ficción que, en el caso de los relatos de Aurora de Albornoz, recuerda mucho al realismo mágico hispanoamericano. Con El milagro volvemos nuevamente a otro de los temas recurrentes en la obra de esta autora, la infancia, los recuerdos, el tiempo perdido, la nostalgia, la añoranza, y todo gracias al tacto de una vieja alfombrada olvidada durante muchos años en un trastero. La mano nos habla también de los recuerdos, del pasado, de esa parte de nuestra vida que nos gustaría olvidar y que, sin embargo, no podemos. Esos retazos de nosotros mismos que nos hacen sentir culpables. El retrato, un retrato de familia, contemplado por varias generaciones de mujeres. Les separan años, cada una desde un lugar distinto. Unas más cercanas, otras más alejadas. Unas saben dónde están, quiénes son. Otras, en cambio, solo recuerdan ese instante, esas sensaciones, el silencio. Sin recordar las caras, nada, ni siquiera quiénes son, dónde están o si están vivas o muertas. Por la primavera blanca, el relato que da título al libro, está formado por las reflexiones de una niña, a quien las demás niñas consideran tonta, sobre la muerte de un ser querido, que murió en la primavera, en la primavera blanca. Pero ella no lo entiende. Por eso también cree que es tonta. No comprende que murió. Porque a ella le parece haberlo visto muchas otras veces, después de la primavera. El encuentro nos habla de otra forma de morir, porque existen muchas. En este caso la muerte se refiere a dos amantes que se vuelven a encontrar después de muchos años, demasiados. Ahora se sienten extraños. Porque no se reconocen, no son como el recuerdo que cada uno guarda del otro. Por último, La bajada es un relato maravilloso y delicioso construido a partir de algo tan simple como el vértigo, el miedo y el desasosiego que nos provoca bajar una escalera. Una escalera que nos traslada hasta una pequeña ciudad de mármol blanco, en el otro lado del mar. Una ciudad llena de cruces y cipreses. Me alegro de haber descubierto por fin a Aurora Albornoz y de haber vuelto con ella a esa primavera blanca que nunca debemos olvidar. 

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