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Porque no suelo abrazar

Publicado el 12 mayo 2025 por Claudia_paperblog

Me aislo para pensar y entender. Subo las escaleras que me llevan a la azotea, no veo la luna al abrir la puerta al mundo exterior, solo un cielo gris, color de después de atardecer. Las antenas, los tejados, me gusta observarlos desde lo alto. Una de las ventanas del ático está encendida, se distingue su diminuta terraza con nitidez, dos grandes bolas de color blanco haciendo de lámparas.

Es lunes, las pocas personas que quedan en ese rooftop bar se empiezan a retirar. He subido para respirar. Contemplo el último hilo de nube rosa que se esconde tras la montaña, se refleja en las placas solares que tengo a mis pies.

Me siento sola, justo ayer le dije a unas desconocidas, en mi salón, que si no tuviera ciertos amigos a los que les cuento todo, necesitaría un psicólogo. 

No sé si la llamada es una excusa para llorar. Recuerdo el abrazo que le di a mi padre, junto a la pequeña ventana del comedor, cuando murió el abuelo. Lloré mucho y le vi llorar, era muy pronto por la mañana, se me encoge la cara al pensarlo, se me arruga en una mueca de nuevo. No quiero volver a pasar por eso, pero me da más miedo no estar para apoyarlo.

Lloro en el banco que hay en la calle peatonal de al lado de mi casa, con la bolsa de la compra entre las piernas. Supongo que la gente me mira, aunque no es un llanto, son lágrimas contenidas para no alarmar a mi tía.

Luego la casa está rara, es cada vez más verano, pero en el piso cada vez hay menos luz, el aire no entra cálido por la ventana, la seriedad se impone. No sé de qué hablar con los hombres, cada vez me cuesta más. Les hablo de mi abuela y no saben qué decir, cambian enseguida de tema y me preguntan por el libro que me estoy leyendo. Solo quiero que alguien me abrace. Y supongo que la gente no me abraza porque yo no suelo abrazar.

Pienso en J., he pensado demasiado en él

Pero también pienso en el chico que conocí el viernes y que me compró la revista de Viajes del National Geographic a las 8 de la mañana, cuando estaban abriendo los quioscos. El quiosquero se reía de nosotros, yo le abracé, quise pertenecerle y que me perteneciese, pero solo conseguí que se riese unas horas y que pensara que soy rara, aunque me hiciese creer que me escribiría. Y luego en el chico del Viña, al que nunca invité a pasar la noche en mi tienda, pero que me escribió para asegurarse de que me había ido a dormir. Quizá es como yo y simplemente quiere ser simpático. Creo que ha empezado hace poco con una chica, pero vino a mi fiesta del viernes a pesar de que eran las fiestas de su pueblo. Creo que le gusta más mi hermana.

Le escribo a todo el mundo, solo para sentir que alguien está pendiente de mí, y para que el lunes no sea tan lunes.

Creo que hay algo dentro de mí a lo que no le pongo palabras. No sé si me explotará en la cara o es una sensación pasajera, pero me parece que viene algo gordo.

Porque no suelo abrazar

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