Acabar y empezar el año en buena compañía.
Que la compañía tenga ya muchos años de compañía y los que vendrán.
Y, flores.

Flores de colores alegres, intensos y vibrantes.

Como un presagio, sutilmente perfumado, del futuro que ya está ahí.

Y si no es una señal “mística floral “del destino, me conformo con su belleza, pero creo que tiene toda la pinta de un buen presagio…
