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Pretty Woman: cómo ¿hemos cambiado?

Publicado el 05 abril 2015 por Juancarrasco @JuanCdlH

Se conmemoran nada menos que veinticinco añazos, madre mía, cómo galopa el tiempo, del estreno de la comedia romántica por antonomasia, la que rindió las taquillas en los albores de la década de los noventa. Estamos hablando, lógicamente, de Pretty Woman; una cinta que separó, permítanme el socorrido cliché, el mundo de la crítica del público de a pie de forma casi irreconciliable. La fórmula era sencilla: cuento de hadas con príncipe azul vestido de traje caro y con buena billetera que conoce a cenicienta con aderezos de prostituta soñadora e inocente. Ambos se enamoran y él la saca a ella de “la mala vida” para construir una en común y darle final feliz al cuento. Sobra decir que el prefabricado producto, que costó unos trece millones de dólares y recaudó más de cuatrocientos, se convirtió en su momento en un soberano éxito, y podemos asegurar tras este tiempo, siendo una de las películas más veces emitidas en televisión en toda su historia, que se convirtió en una historia atemporal a la que recurrir en momentos de bajón emocional, de hormonas revolucionadas, o fiestas de guardar.

Pretty Woman: cómo ¿hemos cambiado?
A su maravillosa canción principal interpretada por Roy Orbison, otro elemento de la película que trascendió mucho más allá de expectativa alguna, asociamos automáticamente los rostros de Julia Roberts, la flacucha y pelirroja novia de América que fue nominada al oscar por este trabajo, y de Richard Gere, el maduro tiburón de las finanzas de corazón esponjoso. Y ello a pesar de que ninguno de los dos fue el primer candidato para su papel, sonando entre otros notorios nombres como Winona Ryder, Michelle Pfeiffer, Denzel Washington o Al Pacino.

Los pragmáticos opinaron ya antes de salir de la sala de cine sobre la ridiculez de una historia que enmarca en un mundo inexistente una pareja imposible, mientras los soñadores contrarrestan desde su estreno hasta el día de hoy afirmando que se trata de una fábula y que los sueños, sueños son.

Encuentre uno su opinión cercana a unas, otras o ninguna de estas tendencias de pensamiento, el caso es que la cinta está más en vigor que nunca cuando la actualidad nos trae la revisión de carne y hueso de la Cenicienta de Disney y tiene alterado al personal con la insustancial 50 sombras de Grey; a fin de cuentas, vienen a ser ramas del mismo árbol, el del sofisticado hombre triunfador que salva a la damisela en apuros, o en el caso de Mr. Grey, colman a la muchacha de regalos lujosos, aunque a ella lo que le guste no sean los coches despampanantes sino las ataduras y los azotes…

Una fábula es una fábula, que volverían a decir aquellos, pero cabría también analizar si esa imagen de muchacha frágil y codiciosa necesitada de resolver su vida en los brazos de un tipo cegado por la belleza de la tipa y cuyo mayor atractivo no es ser guapo, requisito también imprescindible, sino tener una chequera humeante roza lo degradante para unos y para otras, además de presuponer a una sociedad estúpida y superficial hasta decir basta. ¿No les parece?

Dichas unas y otras cosas, más allá de análisis sociológicos varios, Pretty Woman ha sido, es y será una cinta de visionado repetido y más que agradable que fortalece a aquellos que sostenemos la teoría de que la línea que separa eso tan repetido de “crítica y público” es más fina de lo que integristas y pedantes varios pretenden, confundiendo no pocas veces apreciar con despreciar.

Dirección: Garry Marshall. Año: 1990. Duración: 119 min. País: USA. Género: Comedia romántica. Intérpretes: Julia Roberts, Richard Gere, Hector Elizondo, Jason Alexander, Ralph Bellamy, Laura San Giacomo, Hank Azaria. Guión: J.F. Lawton. Música: James Newton Howard. Fotografía: Charles Minsky.


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