Fragmento de la película "Invictus", basada en la vida de Nelson Mandela como Presidente de su país, Sudáfrica.
"Siempre supe que en lo más profundo del corazón humano hay misericordia y generosidad. Nadie nace odiando a otra persona por razón de su piel, de su origen, de su formación, de su piel, o religión. La gente aprende a odiar, y si los hombres y mujeres pueden aprender a odiar, también pueden aprender a perdonar y amar. El amor es más natural al ser humano que el odio. En los momentos más horrorosos en prisión, cuando mis compañeros y yo éramos empujados al vacío, podía ver un atisbo de humanidad en los guardianes, quizás sólo un segundo, pero era suficiente para confiar en la bondad del ser humano".En etapas de mi vida no muy lejanas, he tenido ocasión de practicar este ejemplo y he ahondado en la naturaleza de las personas que más daño me han hecho. He encontrado respuestas que me han liberado del odio, he desentrañado las motivaciones que han llevado a estas personas a dañar y me ha servido para aprender a buscar lo mejor de mí misma. Pero sigo siendo débil, no encuentro la manera de olvidar la humillación y el dolor, y entonces me maravilla pensar que una sola persona, alguien a más de 10.000 km de mí, ha sido capaz de hacer olvidar el rencor y el odio de un país entero.
Y pensando esto, me doy cuenta de que también a mí me ha liberado. Por fin seré dueña de mi destino, y capitán de mi alma, sin importar el daño, sin que puedan ya tocarme los fantasmas del pasado, dejando atrás para siempre lo que me hizo esclava en una cárcel tan oscura.
Por todas aquellas personas que nos enseñan la mejor esencia de los seres humanos, porque, aunque se vayan, su vida ya ha dejado una huella imborrable.

