Desde que en 2001 los juniors de oro debutaran en un Eurobasket (Raúl López y Juan Carlos Navarro ya habían sido llamados para Sidney), el balance español es de 6 semifinales consecutivas (más la de 1999) y de 5 medallas, unidas al oro mundial y la plata olímpica de Pekín. El único tropiezo lo supuso un triple a 8 metros en el último suspiro ante Serbia. Un tropiezo. Pero de aquella generación de los Júniors de Oro ya cada vez van quedando menos. Posiblemente la cita olímpica de Londres sea la última que el grueso de esta generación dispute, ya que se antoja difícil que nombres como Felipe Reyes puedan estar más allá del próximo verano. Lo de Navarro y Gasol es decisión únicamente suya.
La Selección española una vez más ha realizado un torneo de menos a más, sintiéndose a gusto cuando premiaba ganar partidos y con un único tropiezo derivado de un último cuarto ante Turquía en el que se anotaron 2 puntos, algo posiblemente irrepetible. Las dudas nunca se disipan, especialmente las referidas al rebote defensivo o la defensa del bloqueo y continuación, pero se compensan con la intensidad de jugadores como Ibaka (mucho debe mejorar Mirotic) o una versión mejorada por McMillan de Rudy Fernández, presente en el robo, el rebote y el tapón. El único pero ha sido el bajo rendimiento de jugadores que se antojan esenciales en el presente y futuro del equipo, como Ricky Rubio o Sergio Llull, a los que se les espera y que seguro llegarán.
Y hay que recordar que esta selección ha visto cómo 3 jugadores campeones del Mundo y subcampeones olímpicos la abandonaban de manera voluntaria (al menos dos de ellos no hubieran estado igualmente). La continuidad del bloque es cierta, pues se sigue venciendo en categorías inferiores, pero sigue quedando la sensación de que será difícil repetir estos logros cuando falten Pau Gasol y Navarro. Por eso la cita de Londres debe tomarse desde los jugadores como una oportunidad única de hacer historia y demostrar que se está a la altura de las mejores generaciones del baloncesto mundial. Si en Lituania el canto de los jugadores era el "¡Todos los días sale el Sol, Felipón!", que el próximo verano vuelva a salir, que tarde en esconderse. Y que Andrés Montes lo siga disfrutando donde esté, que este es un equipo de jugones.
