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Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

Publicado el 16 abril 2013 por Ana Calpena Santana


Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

Una escuela en positivo la del profesor Lopez.

Más que reflexionada o incluso expuesta, la posibilidad de llegar a ser profesora era algo en lo que aparecía la palabra no. Un no sin violencia. Siempre fue y sigue siendo un simple no. Pero aunque no haya  hablado de ello, la cuestión ha ido apareciendo puntualmente como una estrella fugaz. Una aparición cíclica. Hoy me ha tocado. La aparición tal vez esté vinculada a esos momentos de tu vida en los que te planteas que si no logras tus objetivos, tus deseos, primero es que tal vez no los hayas identificado bien y después te planteas algo más complejo: ¿No se han dado las circunstancias o es que no has sido capaz/valiente de buscarlos? En todo caso, me preocupa más lo que hay delante de mí sin nombre que lo que dejo atrás nombrado.

Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

Durmamos que Rachel también lo hace.


Por eso, por poder nombrarlo y dejarlo atrás creo que se puede incluso jugar con ello. Y he fantaseado con que  en ello haya tenido algo que ver alguna que otra película, concretamente dos. Y esas dos se pueden permitir el contraste con otras dos que también me emocionaron pero que no jugaron al mismo nivel que las otras. Estas cuatro películas donde el «personaje» del profesor  ocupa un lugar primordial en mi recuerdo son: Picnic (Joshua Logan, 1955), Rachel, Rachel (Paul Newman 1968), Hoy empieza todo (Ça commence aujourd’hui, Bertrand Tavernier, 1999) y Ser y tener (Être et avoir, Nicolas Philibert, 2002).

Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

Philippe Torreton, un profesor todoterreno.



Dos de estos profesores pertenecen al  bando de los malos y dos al bando de los buenos. La bondad y la maldad no se miden aquí por datos objetivos, sobre la calidad del profesorado o si son malévolos o unos santos sino por la calidad de la vida interior o personal de los mismos. Vamos, que mi objetivo era representarme, reflejarme y dio la casualidad que el reflejo posible era ante los negativos. También cuenta que fueron los primeros que vi. Menos sorpresa descubro al fijarme que eran personajes femeninos (los positivos eran hombres). Y curiosamente  son dos películas francesas y dos norteamericanas las que se reparten en pack la categoría bueno/malo. Aquí están representadas las dos cinematografías que desde sus inicios ya tuvieron fricciones. Edison y Lumière entonces se disputaban el descubrimiento. Aquí  y ahora, la ficción pertenece a los norteamericanos y la documentación a los franceses.

Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

La comunidad haciendo un picnic.



Esos personajes  femeninos en lo que me fijé aparecen en películas norteamericanas de ambiente también norteamericano de los años cincuenta y sesenta. Vale. Es evidente. Pero esa es la pura historia, historia que impregnada en la piel cuesta limpiar y que es necesaria revisar. Rosemary, Rachel Cameron, Daniel Lefebvre y George Lopez son todos pueblerinos. En todas estas historias era necesario un ambiente recogido, cercano, de comunidad. Y esa comunidad en ellas es perpendicular y en ellos es paralela. El camino de ellos aunque difícil es anhelado y les compensa lo que tienen alrededor. En cambio el camino de ellas es inadmisible y desasosegante. Ambas, Rachel y Rosemary (Picnic) terminan yéndose y despidiéndose de la escuela. Rosemary le saca la lengua al pasar ante ella y Rachel se despide de ella misma recordándose como niña saltando en la misma puerta. Son profesoras pero eso no les llena; tienen una vida vacía. Están amargadas, constreñidas.

Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

Por mucho que usted me lo diga, yo no estoy bien.



Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

¿Otra perspectiva es posible?


Rachel, Rachel empieza en el cementerio y la primera imagen que vemos de la protagonista ella está en la cama con los brazos cruzados sobre el pecho y sus primeras palabras son: «estoy muerta». Cuando se entera de que lo que tiene es un quiste en vez de un embarazo (un seguir y no una salida), ante el consuelo de la enfermera ella declara: «¿Cómo puedo estar fuera de peligro si no estoy muerta?». La vida no se desarrolla y de ahí que aparezcan tantos recuerdos en imágenes y también proyecciones de la misma Rachel. Una de esas proyecciones es la de ella tirándose por la ventana de su habitación. No hay futuro: por lo tanto, imaginemos y recordemos. Es lo único que tiene. La sociedad opresiva en la que se inscriben ambas películas está representada en esas madres-araña. La de Rachel directamente le espeta desde lejos y sin mirarle siquiera: «¿Porqué no te casaste como una mujer normal y tuviste hijos como tu hermana Stacey?».  En esas estábamos. En Picnic, Rosemary tiene unos años más que Rachel y la madre está representada aquí por la de Kim Novak que también insiste en que la única salida es casarse con el joven rico. La soledad las envuelve y el contacto humano es esa cosa que no tienen. La muerte tan buscada por Rachel es la ausencia de cariño por parte del padre que sólo veía que contactaba con los cadáveres y no con ella (el padre tenía una funeraria).


Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

La profesora haciendo su papel norteamericano.


Rosemary tiene un ritmo diferente del de Rachel. Ella es la inquietud, la alegría y el movimiento impuesto para no pararse y pensar. Hasta que llega al límite y no para y le toca pensar. Su presentación es un constante embadurnarse la cara con crema. Rosemary también hace proyecciones aunque aquí no las veamos porque son subidas de tono provocadas por el cuerpo presente del protagonista Hal Carter (William Holden).

Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

Rosalind Russell, un reflejo mío.

Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

Rosalind Russell, la réplica que te espera, muchacho.


Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

Anita Loos, una de las responsables.


Aún recuerdo el impacto del personaje de Rosemary. La vi hace mucho aunque no recuerdo la edad que tenía. Pero tenía la suficiente para que sonara una campanita en mí. El impacto fue mayor porque yo admiraba a Rosalind Russell. Antes la había visto en Mujeres(The women, George Cukor, 1939) y en Luna nueva (His girl Friday, Howard Hawks, 1940) y evidentemente la verborrea me atrapó. Yo si aún no era esa cosa parlante, me proyectaba en el encanto de la palabra sagaz, irónica, rápida e inteligente de Hildy Johnson. Si no convencía con el físico (Madge (Kim Novak) en Picnic sufría por su belleza la pobre), tendría que convencer con la palabra. Y después de ver estas dos películas me encuentro con que Rosalind Russel ha llegado a esa profesora, sí de verborrea pero esto no era lo que yo proyectaba. ¿El parloteo llega a esto? ¿Ese es mi futuro? Bofetada simulada y reacción a continuación. Me parece bonito que ambos personajes (Rachel y Rosemary) formaran parte de mi reacción. En el fondo, mi parte consciente sabe que la admiración se debe fundamentalmente a esas palabras de entre otros Anita Loos y Ben Hecht. Benditos guiones.

Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

Jojo, ese niño...

Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

La vida personal del profesor.


Ellas me provocaron huella. También ellos pero más endeble, menos personal. Más emoción pero temporal. Es inevitable no empujar desde la pantalla a Daniel en Hoy empieza todo ante esa lucha que parece infructuosa por el presente y futuro de los niños. Y también enamorarse de Jojo en Ser y tener. Pero es su contexto el que puede con ellos. Su historia personal aunque no sea muy buena no les sobrepasa. Aquí también los padres están presentes. La diferencia es que si el espejo de las hijas son las madres, el de los hijos son los padres aquí. El del profesor Lopez, exiliado español, fue un trabajador eterno que luchó para que su hijo fuera alguien más de lo que fue él. El padre de Daniel sigue presente, duro como una piedra. Hombre violento con su hijo en la infancia, Daniel sabe qué figura paterna fue pero ha seguido con su vida y está ahí y por estar tal vez le da una lección a su propio padre: una lección serena, a través de la escritura donde se unen dos generaciones.


Querida profesora, querido profesor: lo siento pero no voy a seguir su camino.

La clase de Daniel en el norte de Francia.

Y yo sigo diciendo que no a la maestría. Mi caos no permite mantener la norma. El caos que llevo conmigo es incompatible con la organización metódica que una educación merece. Por eso admiro a los hombres que han aparecido en estas imágenes cinematográficas pero me quedo con el apoyo en mi decisión que provocaron indirectamente Rachel y Rosemary. ¡Qué se le va a hacer!

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