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Quizás yo, o carta abierta a @perezreverte

Publicado el 28 enero 2014 por Cosechadel66

Estimado Arturo Pérez Reverte:

Acabo de leer su columna titulada “Ese fulano (quizás usted) me roba” que publica en su web personal. Y al igual que usted al leer la opinión de alguien en Twitter sobre un artículo de Javier Marías, me he calentado con el asunto, aunque yo no tenga el mal gusto de llamarle bobo por el simple hecho de no estar de acuerdo con usted. Paso a explicarle, con todo lujo de detalles, el motivo de mi calentón.

El tal motivo es muy simple: quizás sea yo. Quizás sea yo ese fulano que, según usted, le ha robado. Pero dejémonos de zarandajas. Sí, yo le robé. Me bajé mediante emule su novela “El asedio”. No pagué nada por ella, salvo a la malvada (adjetivo que se deduce del artículo de Marías, y del suyo, ya que alude a sus “argumentos de peso”) compañía telefónica a la que pago, si no religiosamente por mi ateísmo, si regularmente, el acceso a internet. Vaya por delante de las explicaciones a este hecho que si tiene algún problema con ello, he observado que en Amazon.es “El asedio” tiene un precio de 11,39 €, que sin ningún problema -ahora, no sé dentro de un par de meses- le podría abonar, añadiendo si lo desea un par de cañas, la suya y la mía.

Vamos ahora con la explicación, que no excusa. Me bajé su novela porque admiro su manera de escribir, tanto en estilo como en construcción de la historia, salvando algún detalle que más tarde le indicaré, ya que estamos. Probablemente, sea el autor español contemporáneo con el que más disfrute y al que más envidie, ya que yo también soy escritor, que se me había pasado hacer la indicación. He leído y releído muchas de sus novelas, y poseo muchas de ellas, todas ellas adquiridas, no se preocupe usted, de manera legal, salvo la excepción que ya le he indicado. Así que cuando publicó usted “El Asedio”, se convirtió en una prioridad cultural para mí. Pero… ¡Ay, el mundo de las prioridades! En el periodo que usted saco el susodicho, no estaba la bolsa para muchas cuitas, más bien tan solo para las indispensables, y en cuestión de ocio, si había que elegir entre una caña con mi señora y un libro, aunque fuera suyo… Lo siento, pero por muy bien que escriba, entre Ojazos y sus letras, no hay color. Así que me hice fulano, mangante, ladrón y cuantas cosas quiera usted llamarme, y bajé el libro. Pero tenga usted en cuenta una cosa. Si no me lo hubiera bajado, NO lo hubiera comprado, circunstancia que usted -y los que piensan como usted- nunca tienen en cuenta, puede que por una transitoria e interesada ceguera de la razón. No todos los libros que se descargan ilegalmente son merecedores de contar en la columna de robos o no ganancias, por la sencilla razón de que es la única vía de acceso de un buen porcentaje de personas que, por circunstancias temporales más o menos extensas, sencillamente no lo harían. Me pregunto también que si en lugar de bajarlo se lo hubiera pedido a mi suegra, a mi hermana, o a un amigo, acción que es básicamente la misma, usted hubiera podido achacarme el robo como lo hace.

Puede que aún así a usted le siga pareciendo lo que hice un robo. Está en su derecho. Seguramente usted, aún mis circunstancias, no lo habría hecho. Bueno, estamos en paz, porque si yo ganara lo que usted con mis libros, no habría escrito ese artículo. Me habría dado vergüenza, aún teniendo legalmente la razón, escribirlo mientras mis cuentas corrientes rebosan como las suyas, y nombrar -quiero creer que por humildad- sólo ventas de 10.000 ejemplares cuando las de cualquiera de sus libros supera esas cifras bastante de largo (por ejemplo, y si los datos son correctos, unos 400.000 ejemplares de “El Asedio”). Ya ve, cada uno hace, dice y escribe lo que buenamente considera justo, o menos injusto. Y es que, en su caso, es de carcajada que hable de sólo 20.000 € por dos años de trabajo. Más bien, y si tan valiente es y tantos santos cojones tiene para enfrentarse a ministros, políticos, mercachifles, abrazafarolas y vendementecaterias varios, podría haberlo demostrado hablando de sus ganancias reales, que serían de 800.000 en esos dos años. Igualito. Aún así, si yo ganase, en este oficio que compartimos, 10.000 € al año, daría palmas con las orejas, señor Pérez.

También puede ser que usted tenga esos cojones tan grandes y esa anchura de boca y de pecho de iguales dimensiones con la gente con la que queda bien tenerlos, delante de sus cientos de miles de fans y lectores, pero no con la mano que le da de comer. Y llego a esa conclusión por curiosidad, no crea usted. Porque me resulta muy curioso la manera en que usted y el Señor Marías simplifican la cuestión de la crisis editorial. Atendiendo a sus palabras, debe ser el único sector de la economía que, en medio de la crisis, ha bajado sus ventas por culpa, ¡Oh, Señor, te lo juro por Errol Flynn! de los piratas, cual Compañía de las Indias Occidentales. Los coches, imagino y razono de la misma manera, han dejado de venderse porque las impresoras 3D han multiplicado sus usuarios por cientos de miles y la gente se está montando sus vehículos en el cuarto de estar de casa, los jamones porque todo el mundo cría Patas Negras en el baño, al lado de la ducha, y los restaurantes y bares porque invitamos demasiado a la gente a cenar en nuestras casas. Todo menos que la culpa, o alguna parte, la tengan las editoriales. Las mismas editoriales ancladas en un pasado fastuoso donde era fácil amasar dinero por la simple ocupación cuasimilitar del mercado. Las mismas editoriales que le roban a usted, dándole el mismo porcentaje en un ebook que en un libro impreso, solo que quedándose con los márgenes que dejan de pagar en distribución, impresión o almacenaje. Porque, señor Reverte, si tanto le molesta que le roben, no es que dejase de mirar hacia los que descargan sus libros, si no que, sabiéndole inteligente, debería también mirar hacia el lado contrario, porque le están engañando que te cagas. Y también se lo llevan por la cara. Si de cada ebook usted dice que alguien que se lo descarga le roba 0,80 €, la editorial le está robando al menos 3 €, según los precios que ponen. Si yo debería invitarle a un caña, la editorial le debería estar regalando la fábrica de Mahou.

Habría muchas más cosas que decirle, y que comentar sobre el tema. Le reitero la invitación a esas cañas si lo desea, porque no le guardo ningún rencor por lo de fulano o por cualquier insulto que me pueda caer de soslayo. La mierda se limpia y usted, a su manera, me cae bien. Además de oficio, compartimos más opiniones que ésta, y las opiniones están para discutirlas y no sólo para lanzarlas. Agradecido de antemano por si cae la breva y lee usted estas líneas, le mando un abrazo y mi deseo de que siga usted escribiendo y haciéndome disfrutar con ello muchos años.

Adolfo Suárez Jimeno, escritor.


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