Revista Opinión

República

Publicado el 14 abril 2016 por Lulesi

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En el cuarto de mi casa donde escribo y me refugio del invierno tengo colgada una bandera tricolor, roja, amarilla, morada,  de dos metros de ancha que en la noche del 13 de abril descuelgo y coloco en mi balcón. Este tejido es el que le da que carácter a la habitación y a la vivienda. Otra cosa no, pero “vivo” y “respiro” en un espacio republicano.

Cada vez que escribo algo, la Segunda República bulle entre mis neuronas y las teclas. Así que no os extrañe si toda mi producción huele a un :”Viva el 14 de abril”.

La Segunda República fue una pasión clara y limpia que heredé de mis mayores, y que, banderas aparte, he tenido siempre “como una huella junto al corazón”.  Aquella idea se sustentaba  en la inteligencia del nuevo magisterio, en el concepto de regeneración política, en la conquista popular de la libertad y en una esperanza en los valores del hombre, la tierra y los ciudadanos.

Aunque contaminadas coronas nos ciñen hoy a otra, y nefasta,  realidad, pensar en la República en un día como el de hoy es, al menos, una posibilidad de sentirse limpio y aspirar a la limpieza como un ejercicio regenerador  y didáctico. Es una reserva sana  que habita en la mente de muchos conciudadanos  y que se fundamenta en la inteligencia, la cultura, la justicia social por encima de las lacras del basurero político que nos rodea.

La violencia fascista, aliada con el incienso, segó aquella aspiración colectiva de 1931, pero sigue siendo para algunos, no sé si muchos, como un amor perdido, como una primavera  frustrada, como un punto en el oasis de las libertades públicas  al que hay que volver siempre.

Todavía, a pesar de la lluvia, aún perdura el azahar en los naranjos de mi tierra en este 14 de abril. Así perdura el aroma de aquella regeneración colectiva que los poderes económicos y religiosos bañaron en sangre nuestra en su negra España.

Queríamos- todos estábamos vivos aquel día- una España laica, racional y progresista y cada nuevo 14 de abril, en el “consciente” colectivo la seguimos anhelando. Que se queden con sus coronas, sus elefantes y sus cuentas offshore.

Nosotros nos quedamos con nuestro paradigma, con nuestra tricolor y el aire cálido de abril.


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