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Republica, guerra civil y toros ii

Por Zubi

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS II

LA GUERRA CIVIL LLENO ESPAÑA DE MUERTE Y FUEGO, DE TOROS, SANGRE, MUERTE Y DESOLACION


Por El Zubi

Es sorprendente ver como en este breve período de la historia de España, la Fiesta de los Toros, el espectáculo nacional por excelencia, se entrelaza mano con mano con los aconteceres políticos y bélicos que día a día fueron ocurriendo en cualquier rincón del país, y se fue entrelazando de manera paralela y al mismo compás:  será la corrida insólita que se celebra cerca del frente, el matador o el banderillero miliciano que se pasa al bando nacional o los festivales patrióticos que se celebraban aquí y allí para ayudar a la causa o la ganadería que quedó esquilmada, mas por el odio y la rabia de las hordas populares, que por la “hambruna” de la época. Existe un calendario macabro y siniestro, que vincula al mundo del toro con la guerra, como si España estuviera marcada por el sino de la muerte, el fuego de las balas, la sangre y el toro. En marzo de 1936, y mientras se tambaleaban los pilares de la República, comienza la temporada en Barcelona, Castellón y Valencia en el mes de marzo con Domingo Ortega mandado en el escalafón, acompañado  por Victoriano de la Serna, Rafaelillo y Jaime Pericás, además de los mexicanos Armillita, El Soldado y el temerario Carnicerito de México.  La Feria de Abril de Sevilla reúne a los mejores toreros del momento: Marcial Lalanda, Manolo Bienvenida, Domingo Ortega, Chicuelo, Alfredo Corrochano, Gitanillo de Triana,  y El Niño de la Palma. Quince corridas en abril, veintitrés en mayo y veinticuatro en junio, nos ponen a las puertas del mes de julio de 1936. La primavera en Madrid, por San Isidro, estuvo llena de tensiones y problemas en lo taurino. Para el día del Patrón, estaba anunciado Marcial Lalanda junto con Armillita, Manolo Bienvenida y Ortega. El pleito de los mexicanos complicó la corrida, pues ya por la mañana en el sorteo, Marcial exigió las cartas de trabajo a los toreros aztecas. Sólo la tenía un subalterno y los toreros españoles, con sus cuadrillas se negaron a torear. Marcial ingresó en la cárcel junto a Litri II, Fuentes Bejarano, Finito de Valladolid, Paradas, Cástulo Martín, Magritas, Manuel Navarro y los picadores Farnesio y Melones. Lo mismo sucedió con la cuarta de abono con Armillita en el cartel. Esta vez Marcial  se libró de la cárcel gracias a que un conserje “marcial-lalandista” lo tuvo cuatro días escondido en el cementerio. Pasado el peligro, los demás toreros llevaron a hombros a Lalanda por la Gran Vía de Madrid. Ya por entonces se podía leer por las paredes en las calles frases como: “Rusia es la madre de España, México es el padre. Los demás países no son de la familia”. En la corrida del 29 de mayo, Bienvenida de rodillas frente al toro gritó: ¡Viva España! Victoriano de la Serna dio el mismo grito pero aun más fuerte, y tras hacer una faena temeraria se dejó coger por el toro que lo hirió gravemente. En los tendidos, además de insultos, hubo golpes y navajazos. Entre los espectadores heridos estaba el viejo banderillero andaluz Manuel Vílchez Parrita. Fueron aquellos días tumultuosos previos a la guerra en los que también fue agredido en plena calle el popular crítico taurino Ricardo García K-hito, al cual le dedicaron mas tarde un homenaje en desagravio.  Este era el ambiente que había en el país en esos días. El 14 de julio son enterrados en Madrid los cuerpos de don José Calvo Sotelo y el del teniente Castillo (huelga relatar aquí la historia de los dos por ser de sobra conocida). Al día siguiente en la sesión  del Congreso de los Diputados hubo más que palabras: acusaciones de asesinos de uno a otro bando de manera recíproca. La suerte estaba ya echada. El 17 de julio los oficiales de la guarnición de Melilla declararon el estado de guerra y ocuparon los edificios públicos. En Ceuta los legionarios del general Yagüe se apoderaron de la ciudad sin dar un solo tiro. En Canarias, en la madrugada del 18, el general Franco se pronunció contra el Gobierno y prepara  su llegada al Marruecos español, desde donde inicia la conquista del país. Se había roto la baraja; se había vulnerado el orden constitucional  por ambas partes, pues quienes gobernaban permitieron, desde que comenzó la República, todo tipo desmanes en todo el país contra gente de orden, y da la impresión de que fuera la propia República quien provocara la rebelión capitaneada por Franco.  España estaba rota en dos.

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La primera víctima de la guerra, relacionada con el mundo de los toros, fue el reportero gráfico Aurelio Rodero asesinado en Madrid por unos milicianos el 25 de julio. Por esas fechas fusilaron al ganadero Tomás Murube (en La Roda de Andalucía) y a Teresa Zayas (en el Arahal), viuda del ganadero Romualdo Arias de Reina, que fue asesinada junto con su hermano Javier, dos hijos Alberto y Daniel y sus sobrinos José María y Antonio Arias de Reina Pérez. Fueron los primeros ganaderos que fueron fusilados de una larga lista. En Córdoba, durante un bombardeo de la aviación republicana, una bomba alcanza de lleno al modesto matador de toros Francisco Gutiérrez Serranito de Córdoba. En Granada, es fusilado por los falangistas en el barranco de Viznar, el poeta universal Federico García Lorca junto a un maestro nacional y dos banderilleros: Francisco Galadi Jergal y Joaquín Arcollas Cabezas, ambos militantes de la CNT. También muere asesinado en Almería el picador Juan Colominas Pérez que había figurado en las cuadrillas de Nacional II, Antonio Márquez y Jaime Noaín. Solo hubo dos autenticas corridas de toros con matadores de alternativa en el mes de agosto en zona republicana y ninguna en la nacional. En Barcelona actúa Juan Luis de la Rosa, Pedrucho y Curro Caro el 6 de octubre. Es la última corrida que lidiará el matador jerezano Juan Luis de la Rosa que moriría asesinado en plena calle a tiros a manos de unos desconocidos. El 6 de noviembre de 1936 el Gobierno crea una Junta de Defensa de Madrid, con el general Miaja al frente, y toma la determinación de trasladar la sede del Gobierno a Valencia, cosa que hace en la tarde-noche de ese día. En una palabra, salieron huyendo como ratas pensando que los ejércitos alzados al frente del general Varela iban a tomar Madrid al amanecer. Manuel Azaña estaba ya en Barcelona desde el 22 de octubre. El 20 de noviembre en el patio de la cárcel de Alicante es fusilado José Antonio Primo de Rivera.En la Andalucía nacional comienzan a celebrase festejos taurinos, como el de Sevilla en septiembre, un festival, otro en octubre y un tercero en diciembre. En Córdoba el 6 de diciembre se celebra un festival a beneficio de Falange Española, en el que reaparece José Flores Camará tras su incursión como espontáneo en Ecija, alternando con Zurito, Manolete, Machaquito y Platerito. El 30 de diciembre es asesinado a tiros en una finca entre Córdoba y Jaén, el rejoneador Joselito el Algabeño, mientras paseaba con su caballo.El año 1937 se inicia con la muerte, en el frente de Somosierra el 1 de enero, del torero navarro Saturio Torón, antiguo falangista y más tarde teniente del ejército republicano. También mueren los banderilleros Ramón de la Cruz, José Sánchez Luengo Zamoranito, combatientes en el bando republicano. En este año habrá festejos taurinos en los dos bandos, pero es en el nacional donde predominarán las corridas de toros. En el lado “gubernamental” la escasez de ganado de lidia impide ya celebrar las ferias tradicionales que son sustituidas por novilladas y festivales patrióticos. Los matadores de toros hacían gestiones para conseguir pasaportes y marcharse a Francia y así poder pasarse a zona nacional. En el mes de febrero cae Málaga en manos nacionales y tienen lugar las batallas del Jarama y la de Guadalajara, con la famosa derrota de los italianos en Torija y Brihuega. En Sevilla el 11 de febrero se celebra una gran corrida con Juan Belmonte como rejoneador y a pie Antonio Márquez, Marcial Lalanda y Pepe Amorós, junto a los novilleros Rafael Ortega Gallito, José Ignacio Sánchez Mejías y Juanito Belmonte Campoy.

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Imagen en la que se ve a Litri II con su cuadrilla


En Barcelona estalla un conflicto armado entre comunistas y autonomistas, y partidarios de Largo Caballero y de la CNT: la guerra dentro de la guerra; resultado: 500 muertos y 1.000 heridos. Como si no hubiera pasado nada, el 13 de mayo se celebra una corrida con Pedro Basauri Pedrucho, el vasco Jaime Noaín y el turolense Niño de la Estrella, el torero más vinculado al bando republicano de todos, que tomó ese día la alternativa. Allí estaba ya el extravagante  Ernesto Hemingway.  En el bando nacional las corridas de toros adquieren incremento, pues no se  han esquilmado las ganaderías bravas como en la otra zona. En Valencia reaparece Vicente Barrera y torea vestido de miliciano, con gorro y borla y saludando puño en alto. Seguramente lo que buscaba era un pasaporte para torear en Francia y quitarse también de en medio. Es la hora en que surge en plena guerra civil una nueva generación de toreros, todos ellos actuando en zona nacional, toreros que se fraguaron en aquellos festejos de la guerra civil. Es la generación de Manolete y sus coetáneos que parece que ya quieren jubilar a Domingo Ortega, Marcial Lalanda y demás toreros de la República.   Además de Manuel Rodríguez “Manolete” están: Juanito Belmonte, José Ignacio Sánchez Mejías, Rafael Ortega Gallito, Pepe Luís Vázquez, Manolo Martín Vázquez, Manuel Álvarez Andaluz, Paquito Casado, Pascual Márquez, Aurelio Puchol Morenito de Valencia, Emiliano de la Casa Morenito de Talavera, Pedro Barrera, Mario Cabré, Eugenio Fernández Angelete, Manolo Escudero, Jaime Marco El Choni, y un gitano misterioso y con personalidad propia: el madrileño Rafal Albaicín. Hay que citar de manera especial a la dinastía de los González Lucas, Domingo, Pepe y Luis Miguel, de apodo  Dominguín, sin olvidar a la dinastía de los Bienvenida, Antonio, Ángel Luís y Juan. Esa fue la generación de Manolete y entre todos destacó Pepe Luis Vázquez que no fue rival para el cordobés precisamente por saber tanto de toros desde que comenzó su carrera. La guerra sigue abierta en los frentes Norte: Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite y Teruel. Don Niceto Alcalá Zamora ya está en el exilio tranquilo de Paris. Ocurren los asedios del Alcázar de Toledo y el del Santuario de la Virgen de la Cabeza en Andujar. En 1938 se va también de España el escritor Enesto Heminngway, que llegó en febrero de 1937 para defender la causa de la República, decía, pero en realidad, vino huyendo de su segunda esposa Pauline Pfeiffer y gozar de la mujer con la que estaba encelado: la periodista Martha Gellhorn. Al pan pan y al vino vino. 1938 es el año de la dramática batalla del Ebro; caen Gadesa, Teruel, Castellón. En este año se distinguen en los frentes de guerra, sobre todo en el de Somosierra y el de Teruel, la llamada “Brigada de los Toreros” (en realidad era la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular), que estaba compuesta por toreros y subalternos de segunda y tercera fila, pertenecientes al Sindicato de Toreros, en la que figuraron Luis Prados apodado Litri II, de Fuenlabrada, con grado de comandante  o mayor. Otro miembro fue Juan Mazquiarán Beovide Fortuna Chico, que llegó a comandante. Su hermano Raimundo, rehiletero. Los dos eran sobrinos de  famoso matador Diego Mazquiarán Fortuna. Junto a ellos iban como capitán Guillermo Martín Bueno, novillero; el capitán Manuel Vilches del Río Parrita, novillero y banderillero gaditano; Luis Mera Sánchez de Badajoz, banderillero; Silvino ZafrónNiño de la Estrella”. Rafael Barberá, banderillero; Saturio Torón, matador de toros. El teniente Enrique Torres Herrero valenciano y matador de toros. “La Brigada de los Toreros” sufrió numerosas bajas en el frente de Teruel, en donde apenas se libraron de la muerte unos pocos. Tras la guerra el propio Marcial Lalanda intercedió a favor de Litri II ante los tribunales. Logró salvarlo y llevó en adelante una vida tranquila retirada de los ruedos. Puso una taberna en Madrid y vivió como tabernero.

  

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Manolo Bienvenida poniendo un par de banderillas  El año de 1938 fue el de la desgraciada muerte de Manolo Bienvenida: diagnosticado de cáncer de pulmón falleció en una clínica de San Sebastián el 31 de agosto. El ABC que se publicaba en la zona republicana (Madrid) dio la noticia así: “Un torero menos un fascista menos”. Por su parte  el diario Nuestra Bandera titulaba: “Un bicho menos”. Pero lo cierto es que la muerte de este torero fue muy sentida en ambos frentes de guerra pues se perdía un torero excepcional. En 1938 hubo un total de 73 corridas de toros y170 novilladas. Domingo Ortega  no imaginaba que le quedaba poco tiempo para seguir siendo el rey de los toreros. En el escalafón de los novilleros comenzaba a destacar un joven escuálido apodado “Manolete” que según decían, aportaba algo nuevo y personal al toreo. Había pasado ya el tiempo de Juan Belmonte, Domingo Ortega y Marcial Lalanda. También había pasado el de don Manuel Azaña y su Gobierno que habían huido con muchas prisas al exilio en Paris. A comienzos de 1939 todos  atisban claramente que el final de la guerra está cerca, menos el camarada Negrín que con sus alocuciones siguió increpando a defender Madrid y a seguir luchando en los pocos frentes abiertos ya. Es el año en que se destapa definitivamente la dinastía de los hermanos González Lucas, los Dominguín y de los hermanos Bienvenida. El ministro de Defensa de la República, Juan Negrín, ordena al general Vicente Rojo el repliegue disciplinado hacia la frontera de Francia de los restos del ejército republicano: 400.000 refugiados fueron acogidos, hacinados en campos de concentración franceses y tratados por cierto bastante mal. Desde febrero las corridas de toros y los festivales taurinos prosiguen  casi por todo el país. El hambre de la población civil era inmensa a estas alturas. La República estaba ya absolutamente descompuesta y llegan las purgas internas: la guerra civil dentro de la guerra civil que duró en Madrid una semana y costó 5.000 muertos. La última reunión del Consejo Nacional de Defensa tuvo lugar la noche del 27 al 28 de marzo de 1939. El ejército de Franco  entra en Madrid el 28 de febrero de 1939 sin disparar un solo tiro, ovacionado por sus partidarios y por los partidarios de que acabara la guerra. Entre los primeros que entraban a Madrid, un torero: Marcial Lalanda, a quien los rojos, que no los republicanos, habían asesinado a doce miembros de su familia. Pero quien marcará las pautas en lo taurino, es un muchacho de Córdoba apodado “Manolete”, todavía mal definido pero que apunta un nuevo concepto de la faena, con una personalidad inquietante  y fuera de lo normal. “Manolete” da una importancia y un sello extraordinario a todos los lances: a la verónica, al natural con la izquierda, a los pases de pecho. Crea el concepto de la ligazón y de la estructura de la faena. Borda sus faenas con varias series con la derecha, al natural con la izquierda y es además, un impecable  estoqueador en la suerte pura del volapié. Posee un valor sin límites que derrocha en todas partes. Es en definitiva, un torero que se está haciendo así mismo. A partir de “Manolete” no se podrán cortar orejas en ninguna plaza sin haber dado antes varias series de muleta con la derecha y con la izquierda en redondo, ligando el final de la serie con el clásico pase de pecho, con una hélice de abaniqueo, un molinete o cualquier broche de la marca para terminar. El final de la guerra civil española en lo taurino, trae consigo la “Ley de Manolete” y con él, un toro mas chico, con menos fuerza y trapío que el que había antes de que comenzara el conflicto. La cabaña había sido esquilmada por la hambruna, la rabia y el odio. En definitiva, llega un nuevo toro que cambiará los conceptos de la tauromaquia.

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