Revista Cultura y Ocio

Reseña: «Comerás flores», de Lucía Solla Sobral

Publicado el 03 octubre 2026 por Delecturaobligada @DelecturaOblig

Cuando el amor empieza a parecerse demasiado al miedo

Por: Alberto Berenguer / Instagram: @tukoberenguer; @delecturaobligada

Reseña: «Comerás flores», de Lucía Solla Sobral

Reconozco que llegué a ‘Comerás flores‘ por insistencia. Por esa clase de insistencia que empieza siendo una recomendación, continúa con una reseña entusiasta y termina convirtiéndose en una especie de persecución literaria: lo veía aquí, aparecía allí, alguien volvía a hablar de él y, cuando parecía que podía escapar, otra persona lo colocaba sobre la mesa. Al final caí en la tentación. Y qué bien hice. Pero, y qué bien hice.

Lucía Solla Sobral debuta con ‘Comerás flores‘ después de un año en el que la novela ha acumulado premios, lectores y una cantidad difícil de ignorar de comentarios positivos. Ha recibido el Premio El Ojo Crítico de Narrativa 2025 y el Premio Cálamo al Libro del Año 2025, este último elegido por votación de los lectores. Pero, sinceramente, después de terminarla, lo que menos me interesa es explicar por qué todo el mundo está hablando de ella. Me interesa contar por qué, una vez empezada, yo tampoco pude dejar de hacerlo.

Me la he leído en un fin de semana. Casi de una sentada. Y creo que esa velocidad dice bastante de la novela, pero también de su forma de estar escrita. Lucía Solla Sobral tiene una voz que no necesita levantar la voz para atraparte. Es íntima, poética, precisa y, sobre todo, tremendamente cercana. Las frases parecen avanzar con Marina, pegándose a sus pensamientos, a sus dudas, a sus justificaciones, a aquello que ve y a aquello que todavía no es capaz de ver. La propia autora ha explicado que quería poner palabras a una violencia que resulta difícil de percibir y de contar, y ahí está, para mí, una de las grandes virtudes del libro, puesto que no necesita convertirlo todo en una escena evidente para que entendamos que algo no funciona.

Marina acaba de graduarse y está atravesando además el duelo por la muerte de su padre cuando aparece Jaime, un hombre veinte años mayor que ella. Él llega con atención, seguridad, experiencia, planes y una vida que deslumbra. Y Marina entra en ella. Lo que podría parecer el comienzo de una historia de amor se convierte poco a poco en otra cosa. No hay una frontera perfectamente dibujada que puedas señalar y decir cuándo empezó todo. Y quizá eso sea precisamente lo más inquietante. Porque ‘Comerás flores’ habla del maltrato psicológico, pero de ese que no siempre se reconoce como maltrato porque puede esconderse detrás de una frase aparentemente cariñosa, de una decisión tomada “por tu bien”, de una preocupación que empieza a parecer control, de un silencio, de un aislamiento que se instala despacio. Lucía Solla Sobral ha contado que construyó parte de la historia a partir de conversaciones con amigas sobre comportamientos tóxicos que habían normalizado o pasado por alto. También insiste en una idea que atraviesa la novela y es que no existe un único perfil de víctima. Y ahí es donde el libro me ha hecho sentir incómodo.

Porque Marina me cayó bien desde el principio. Conecté con ella. Y mientras leía tenía esa desesperante sensación de querer entrar en las páginas para decirle: “No, Marina. Eso no. Ahí hay una línea”. Algunas señales que ella todavía interpreta de otra manera yo las veía clarísimas. Pero precisamente la novela juega a observar cómo alguien va perdiendo terreno sobre sí misma sin darse cuenta de que lo está perdiendo. Me ha dolido acompañarla. Mucho. Y al mismo tiempo he disfrutado muchísimo de cómo está contado. Esa contradicción me parece uno de los mayores aciertos de Lucía Solla Sobral. La historia es dura, pero la prosa tiene una belleza extraña. No una belleza decorativa, sino una que consigue que sigas leyendo incluso cuando sabes que lo que viene probablemente va a doler. El jurado de El Ojo Crítico destacó precisamente esa narración en primera persona, cercana y creíble en el enamoramiento, el asombro y el miedo de Marina.

También me ha gustado que la novela no se quede únicamente en la pareja. Hay duelo, juventud, identidad, familia, amistad y una determinada forma de entender qué significa crecer. Las amigas adquieren una importancia especial porque funcionan como ese lugar al que Marina puede regresar cuando todo lo demás empieza a hacerle dudar de quién es. La novela, de hecho, presenta la amistad como refugio frente a los espejismos de las relaciones desiguales.

¿Cuánto podemos llegar a justificar cuando queremos que algo funcione? ¿Cuánto tardamos en reconocer aquello que nos hace daño cuando todavía seguimos llamándolo amor? ¿Puede el duelo dejarnos especialmente vulnerables? ¿Puede alguien ir ocupando espacio en nuestra vida hasta que apenas quede sitio para nosotros mismos? No creo que ‘Comerás flores’ pretenda responderlas de manera sencilla. Y agradezco que no lo haga.

También me parece importante que Solla Sobral no haya construido a Marina desde la distancia. La autora ha explicado que uno de sus grandes objetivos era precisamente que se entendiera a su protagonista. En una entrevista reciente llegó a señalar que ese era, para ella, el mayor éxito de la novela. Y lo entiendo perfectamente. Marina no es un personaje al que contemplemos desde fuera. La acompañamos. Nos metemos en sus pensamientos. Entendemos sus contradicciones aunque no compartamos sus decisiones. Y eso cambia completamente la lectura.

Hay algo más que me ha gustado especialmente. No siento que la autora escriba para demostrar que sabe escribir. Parece una tontería, pero no lo es. Hay primeras novelas que llevan encima el cartel de “primera novela” durante toda la lectura. Aquí no me ha ocurrido. Hay una seguridad en la voz, una manera de construir las emociones y de dejar que las frases respiren que me ha hecho pensar constantemente que estaba leyendo a alguien que llevaba mucho más tiempo haciendo esto. No sorprende que Marta Jiménez Serrano, que acompañó a Solla Sobral en el desarrollo del manuscrito surgido de aquellos primeros párrafos, haya hablado de una primera novela que parece escrita por alguien con mucha más experiencia. Y quizá por eso entiendo ahora el ruido que había alrededor de este libro.

No porque ‘Comerás flores‘ sea una novela que haya que leer porque todo el mundo la está leyendo. Precisamente al terminarla he pensado lo contrario. El ruido puede hacer que llegues con unas expectativas enormes y que olvides que, al final, lo importante es lo que ocurre entre tú y el libro cuando desaparecen las reseñas, los premios y las recomendaciones. En mi caso, abrí la novela porque llevaba demasiado tiempo viéndola por todas partes y la cerré pensando que había descubierto una escritora a la que quiero seguir leyendo. Y eso, para mí, vale muchísimo.

‘Comerás flores’ me ha encantado. Me ha atrapado, me ha incomodado, me ha hecho enfadarme con Marina cuando quería gritarle que saliera de allí y, sobre todo, me ha hecho pensar en lo difícil que puede resultar poner nombre a determinadas formas de violencia cuando se presentan disfrazadas de amor, cuidado o protección. Solla Sobral consigue hablar de algo muy doloroso sin convertirlo en espectáculo y escribir sobre la vulnerabilidad sin quitarle dignidad a quien la experimenta.

Así que sí; después de toda la insistencia, de todas las reseñas y de todos los comentarios, yo también me sumo a las recomendaciones. Pero no porque Comerás flores sea “el libro del año”, ni porque haya que leerlo porque lo está leyendo todo el mundo. Lo recomiendo porque, después de haberlo leído, entiendo perfectamente por qué ha encontrado a tantos lectores. Y porque, hacerte cerrar el libro y quedarte unos minutos pensando en él no es nada fácil de encontrar. Esta novela lo ha conseguido conmigo.


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