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Reseña - Eleanor Oliphant está perfectamente

Publicado el 06 agosto 2021 por Alaluzdelasvelas

Reseña - Eleanor Oliphant está perfectamente

Traduce: Julia Osuna Aguilar / Precios: 17,95€ (tapa dura), 9,45€ (tapa blanda) y 3,79€ (versión Kindle) / ISBN: 978 84 16700745 / Roca Editorial / 336 páginas /
Sinopsis: Eleanor Oliphant siempre dice lo que piensa. Lucha por dejar de ser alguien con pocas habilidades sociales. Se ha preparado un calendario vital cuidadoso y estricto para evitar interacciones sociales: los fines de semana los pasa sola comiendo pizza congelada y bebiendo vodka y todos los miércoles habla con su madre. Pero todo cambia cuando Eleanor conoce a Raymond, el informático de la oficina. Juntos abandonarán la soledad en la que han estado viviendo.

Opinión

Eleanor está perfectamente. No le pasa absolutamente nada. ¿Qué más da si no tiene amigas, amigos? ¿Qué más da si no habla con nadie desde que termina su jornada laboral del viernes, hasta su vuelta a la oficina el lunes? ¿Qué más da, si ella está bien? El alcohol lo facilita. Empezar a beber el viernes y no parar hasta el domingo por la noche. Una suerte de sopor etílico que anula complemente su mente. Pero ella no es una borracha. Ya ha dicho que está bien. ¡Perfectamente!

No sabía qué me iba a encontrar, esa es la verdad. Lo empecé porque sí, tan absurdo como eso; recordando a duras penas un par de vídeo-reseñas y pensando que no perdía nada por probar. Lo que no esperaba era que fuese a gustarme tanto. Cuando os digo que Eleanor Oliphant está perfectamente es una de mis novelas preferidas de este año, lo digo totalmente en serio. Nunca, jamás, hubiera esperado algo tan… maravilloso. Brillante en su terrible significado, tan real que te hace daño.

Todo empieza con el estallido de luz que precede a un concierto. Las luces encendiéndose, el olor viciado inundando el aire, la mala compañía, la obligada, acodada a tu lado; y ahí vemos a Eleanor, sintiendo cómo algo se resquebraja en su interior al ver al vocalista de los teloneros. Le parece arrebatador. Un flechazo tan idiota que le parece real, porque el chaval encarna todo lo que a ella le gusta… o lo que gusta a su madre: la apariencia pulcra, la sonrisa de prestado, el postureo del elitista rancio. Un capullo, pero ella no lo entiende. Y no lo entiende porque es su primer crush.

Antes de que penséis que me falta un hervor: esto no es una historia de amor entre el capullo redimido y la rarita de la clase. No, por amor de Dios, no es eso para nada. Ni siquiera es una novela romántica. Es una novela, eso sí, en la que se explora la soledad de una forma tan maravillosa, tan exacta, que más de una vez noté un pinchazo en el pecho por lo duro que sonaba el discurso; y es que Eleanor, en el fondo, sólo es una persona que se ha acostumbrado a su propia soledad. Una chica que no sabe manejarse en entornos sociales, porque nadie le ha enseñado a hacerlo. ¿Sabéis la típica persona que las suelta tal cual las piensa… sin pensar en si es apropiado? ¿La que habla porque “le sale del toto” y se queda tan a gusto? ¡Esperad, tengo un ejemplo! Sheldon Cooper. Algo así.

Raymond no entraba en los planes de Eleanor. A fin de cuentas, él es el informático rarito de la empresa, ¡y ni siquiera tiene habilidades sociales! Nuestra pobre Eleanor, que considera que tiene un desempeño más que óptimo en estas situaciones; no concibe que alguien sea tan… anodino. Porque Raymond es un chaval. Sin más. Un tío perfectamente corriente. El amigo que hace porque estés a gusto. ¿Y qué pasa si ese chaval, que a ella ni siquiera le cae bien; presencia un accidente con ella… y decide que tienen que hacer lo correcto?

No voy a decir nada más de la trama, porque me parecía ya faltarme a mí misma al respeto en mi propósito de no hacer spoilers. Así las cosas, os quiero comentar un par de cositas. Si no os gustan los libros descriptivos e introspectivos, no leáis la novela. Me parece bastante absurdo sufrir leyendo. Ahora bien, si os gustan las historias pausadas, en las que la protagonista va desgranando muy poquito a poco sus miserias… estoy segura de que vais a poder disfrutar la historia. Mucho. Muchísimo.

Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la ZONA SPOILER

Me parece brillante. Así de sencillo. No tanto “el gran secreto”, como el ir viendo la caída de Eleanor en una depresión. Se veía desde el principio, lo sé; pero me pareció muy correcto que la autora dejara que la protagonista se engañara a sí misma: una buena racha, sólo eso. Una buena racha en la que las cosas parecen encajar en su retorcido plan de vida. Porque tiene un plan. Vaya, si tiene un plan. Uno en el que, sin siquiera pretenderlo, tiene que encajar a esa madre controladora… o no.

No voy a seguir contando la novela. ¿Y por qué? Sencillamente, porque me parece injusto destripar un libro que está tan bien escrito. Porque sí, Gail Honeyman escribe de una manera jodidamente maravillosa. Una prosa pulcra, dulce, afilada cuando tiene que serlo; tan directa que se te mete dentro y te araña con fuerza. De lo que sí voy a hablar es de la ausencia de amor en la novela. Brillante. Gracias, Gail Honeyman, por no caer en el tópico de mierda de: “chocho conoce polla y se enamoran”. Oh, esperad, seguro que he herido la sensibilidad de alguien. Bromas a parte, agradezco que, por una maldita vez, no haya un love interest con luces de neón. Porque no, Raymond no es el futuro polvo de Eleanor, ni un pavo totalmente colgado por ella. Es su amigo. Así de simple. Un amigo que está cuando las cosas van bien y, lo que es más importante, cuando van tan mal que se puede escuchar la decadencia, el grito ahogado en mitad del vacío, la súplica que no llega a la boca, porque la mente es más rápida.

Os decía que el libro va sobre la soledad. Es cierto. Eleanor está rota. Vacía. Tan sola que no es capaz de encontrarse a sí misma. Porque ha interiorizado el discurso machista y elitista que escuchó hasta el aburrimiento. El discurso prestado, casposo, que le contaba la maltratadora de su madre; sólo porque estaba tan corrompida de odio que no contemplaba querer a su hija. Duele leerlo. Duele muchísimo ver cómo Eleanor se encierra en sí misma, negándose una y otra vez incluso cuando intenta salir a la superficie a respirar un poco de aire. Porque ella… no tiene ni la más mínima idea de quién diablos es. Y qué triste es eso.

El final me pareció muy bonito. Muy dulce, con ese punto de esperanza que hace que sonriamos. Ya no hablemos de lo maravilloso que me parece que en la novela se normalice ir a terapia. Antes de que me digáis que eso “ya está normalizado”, me gustaría que os pararais a pensar en cuanta gente conocéis que sabéis, porque lo sabéis, que necesita ir a terapia… y no lo hace porque “no lo necesita”. Nada más que añadir. Un final precioso, decía. Y qué cierto. Eleanor se ha ganado un huequito en mi corazón, no sé a qué demonios esperáis para conocerla.

Brillante, dulce, divertido, desgarrador; Eleanor Oliphant está perfectamentees una de esas novelas que te arañan el corazón, que se quedan contigo, que te rompen y te arreglan. Dejad que Gail Honeyman os cuente una historia de las que valen la pena, os prometo que no os vais a arrepentir.

Nota: 5/5


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