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Reseña: Riña de gatos (Eduardo Mendoza)

Publicado el 15 julio 2013 por Despiram @FrikArteWeb

[Sección Literatura] Reseña: Riña de gatos (Eduardo Mendoza)

Esta novela, ganadora del premio Planeta 2010, combina muchos ingredientes con un resultado peculiar, fresco y novedoso. Algunos de estos ingredientes son un clásico en el extenso repertorio literario de Mendoza: el trasfondo histórico, las referencias artísticas y las tramas de conspiraciones cruzadas.

Anthony Whitelands es un inglés que llega a España huyendo de una relación tormentosa en su país natal y termina envuelto en una encrucijada mucho peor. Nos encontramos en el Madrid de 1936, en los meses previos al golpe de estado que desembocaría en la guerra civil. Una familia de la nobleza española encarga a Whitelands la tarea de evaluar un cuadro en una operación bastante turbia, cuyos motivos reales no se desvelan hasta muy avanzada la historia. Este inglés es experto en pintura española y el arte es todo lo que le importa, pero sin quererlo se convierte en el centro de una serie de intrigas entre los distintos sectores que van a ser fundamentales en este episodio histórico: comunistas, falangistas, militares y el gobierno republicano liderado por Manuel Azaña.

La obra muestra con maestría, sirviéndose a menudo del humor y la ironía, el clima de crispación imperante, al tiempo que nos introduce en el gran misterio que rodea la vida y la obra de Velázquez. Los datos históricos se alternan con los conflictos personales de los protagonistas. El más interesante de ellos es, sin duda, el frustrado romance entre Paquita del Valle, la hija de la familia que contrata a Whitelands, y José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange.

Los militares que lideraron el golpe de estado, Francisco Franco, Emilio Mola y José Sanjurjo, también tienen su momento de gloria en la que es una de las anécdotas más divertidas de la historia.

Eduardo Mendoza realiza un gran análisis de la realidad española de la época y lo hace de una manera amena y divertida. Ridiculiza los distintos sectores en conflicto y de esta manera también los humaniza y acerca al lector, que puede sentir la historia como algo vivo, algo no sólo compuesto por fechas y acontecimientos, sino también por personas con debilidades, cuya subjetividad ha determinado el futuro de una sociedad. El desapego con que el autor mira nuestra historia reciente le permite ofrecer un retrato excelente de lo que somos y hemos sido, pero también le resta encanto e intimismo a la historia.

A veces, el relato es demasiado frio y desapasionado. El lector asiste a los acontecimientos a través de la mirada de un extranjero, que además es indiferente a lo que la política española se refiere. Desde luego, la historia de un país se ve distinta cuando el observador es ajeno a su idiosincrasia y, en este sentido, se agradece un cambio de perspectiva en cuanto al cúmulo de páginas que nuestros literatos han dedicado a este tema. También se agradece que el tono sea más humorístico que dramático. Sin embargo, ese desapego roza a veces el cinismo y esto tiene mucho que ver con la falta de atractivo del protagonista de la historia. Anthony Whitelands es el personaje menos interesante de todos los que componen el variopinto repertorio de la novela. Pusilánime, cobarde y egoísta en la mayoría de los casos, resulta muy difícil cogerle cariño.

El protagonista simplemente no funciona pero, aún así, merece la pena acercarse al mundo de Mendoza una vez más.


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