El Camino del Cid y la ruta de la lana atraviesan este pequeño pueblo (48 habitantes de derecho) de la Sierra Norte de Guadalajara. Su nombre puede deberse a la existencia de un poblado romano en las cercanías, ya que la calzada romana (de Segontia a Tiermes) pasa por su término.
El lugar fue repoblado tras la Reconquista
(siglo XI) y pronto se integró en el
Común de Atienza. En el siglo XII se construyó la
iglesia románica de San Andrés, que conserva del original la galería porticada
, algunos capiteles
(excepcional el de las dos aves enfrentada), la portada, el ábside y la pila bautismal. Sufrió fuertes modificaciones y añadidos en los XVI y XVIII.
Situado a 1.100 mts de altitud en el valle del río Cañamares, a los pies de la
Sierra del Bulejo, el casco urbano de Romanillos de Atienza presenta una fisonomía propia donde predomina la piedra rosa de sus casas señoriales de sillares y sillarejo; algunas de fachada están decoradas con figuras geométricas en el frontis.
Romanillos de Atienza fue un pueblo rico en el pasado, que vivía del cultivo de cereales y de la ganadería y que, como otros muchos pueblos serranos, fue muy castigado por la despoblación de los años sesenta. Hoy languidece de lunes a viernes, hasta la llegada de los hijos la tierra que vienen el fin de semana.
Una vez más hablamos de un precioso pueblo con suficientes encantos para atraer visitantes y traer vida. Y si no vienen, los responsables somos los serranos, que no hemos sabido divulgarlo. ¡Mea culpa!
Lar-ami
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