Revista Talentos

Rompiendo límites o abriendo registros

Por Aracelimasarte @AraceliMasArte
Siempre me gustó la expresión de "Romper los límites" y te lo cuento de forma extensa, para no caer en la pena de que puedas hacer una lectura simple del título. Me gusta romper los límites, pero los límites que están adentro, los que me encadenan a repetir acciones que tendrán efectos similares en todos los casos. Hablo de esos límites que se encuentran bajo cadenas de creencias erróneas, que hacen flaco favor a mis sueños y potencian mis miedos. Aquellos que se ocultan bajo toneladas de prevenciones y advertencias dando justo con el resultado que querías desestimar. Límites que se ocultan entre frases hechas donde el solo intento de perseguir un reto remueve tormentosos gritos que reclaman paciencia para aguantar la rutina que nunca se moviliza y que termina por llegar a la misma plaza temida, por ya transitada tantas veces, que puedes describir, sin verla, donde se cuelgan todos los sufrimientos de lo que sabes que nunca tendrás.
Dicen que romper límites lo hacen las personas llenas de coraje y fuerza. Así me llaman y se alejan, creyendo que soy tan distinta al común de los mortales que es mejor terminar creyendo que resultará más rentable admirarme pero de lejos para que no les toque, ni les cuente, que el trocito de felicidad que roen sentados al sol ya no es ni trocito. Sin embargo, soy prueba, de que se es más feliz cansada pero caminando hacia la meta que dejar para mañana tomar la mochila y correr aventuras completas.
Lo que pocos saben, es que los actores y artistas tienen una fórmula vieja, muy vieja que llama a romper límites, con la acción neutra de abrir registros nuevos. No es pues para vanagloriarse y llamarse coraje y fuerza a secas, sino más bien detectar la técnica que consigue que termines rompiendo límites, sin ningún esfuerzo tormentoso por abrir oscuridades tu solo, ganando terreno al miedo, mientras andas machacando advertencias en el almirez de la abuela.
Si un actor tiene dificultades para encarnar cierto carácter, manejar su cuerpo en circunstancias concretas de convenciones escénicas, abrir su voz a nuevos matices que requiere la escena, doblegar su cuerpo a otras técnicas para asumir lenguajes nuevos, nunca se dice, debes romper los límites, pero se comenta con cierto grado de complacencia por la conclusión encontrada, que debe abrir registros nuevos. Cuando te aplicas al desarrollo de estos conatos a través de diferentes técnicas, descubres, con cierta sorpresa, que en realidad lo que estás haciendo es romper tus límites, sin ningún esfuerzo oscuro o tenebroso.
Trasladar esta simple diferencia convertida en acción mecanizada a la vida, termina convirtiéndose en un hábito que no dejarás por los incalculables beneficios que de ella sacas. Llevándolo al máximo de la simpleza, no consigues hacer realidad un sueño, no porque la suerte no te acompañe o estés lleno de miles de resistencias que ocultan presagios funestos, en realidad, no lo consigues porque debes abrir registros nuevos. Si ya tuvieras todos estos abiertos, no aparecería esa visión de sueño convertido en reto. Sabrías ejecutarlo como una tarea rutinaria y desde luego, no necesitarías abrir registros nuevos.
Abrir registros nuevos, es mi secreto para que todos noten que rompo límites sin levantar muchos temores. Así que coraje y fuerza, quedan convertidas en una fórmula práctica para poseer estas virtudes tan anheladas.

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