Revista Opinión

Rusos

Publicado el 21 marzo 2013 por Carmentxu

Rusia ha entrado de lleno en la crisis, pero no la suya, sino la europea. Como si de una renovada y más sofisticada guerra fría se tratara, ahora el enemigo público número uno vuelven a ser esos hombres del este, demonizados hasta extenuar el subconsciente colectivo que, herido y arrepentido, vuelve a mirar con recelo a ese país-continente lleno de hombres fieros, curtidos en las inclemencias del clima, con sentimientos anulados por el Gran Hermano.

Los rusos entraron de lleno en el capitalismo con la Perestroika. Y lo adoptaron con los brazos abiertos, ávidos de complementos de marca, gadgets, electrónica, riqueza, también poder… Adoptaron como propio lo peor de él, lo fácil y rápido, el sálvese quien pueda, el individualismo como protesta contra el koljós. Y fueron alumnos aplicados. Lo mimetizaron como si lo hubieran hecho toda la vida. Ahora, en el punto de mira de la troika y de las mentes bienpensantes de la mojigata e hipócrita Europa, tan victoriana en sus formas, aquellos nuevos ricos, despreciados por los ricos de toda la vida, vuelven a encarnar al enemigo perfecto, el que cualquier dirigente mataría por tener y para echar las culpas de su incompetencia. Ellos, con sus rublos convertidos en euros y dólares, tienen parte de culpa en la burbuja inmobiliaria española. Su pecado: querer un apartamento, o chalet con jardín y piscina, en la benévola costa mediterránea. El resto no se hizo esperar: lo puso el mercado con su inapelable oferta y demanda. Y subieron y subieron los precios y se construyó sin mesura. Pero no fueron solo ellos. También alemanes, ingleses acudieron al maná del buen tiempo, sol, playa y casa con vistas.  Y otros tantos de aquí, con iguales o peores intenciones, como hacer el negocio del siglo revendiendo más tarde a un precio superior y sacar provecho de la compra. Y los bancos rozaban el éxtasis dando hipotecas como si algún día fueran a recuperar el préstamo y los clientes las pedían como si pudieran pagarlas, como si aquello fuera un sueño eterno. Finalmente, llegó el día en que se encendieron las luces y subieron las persianas. Todo estalló por los aires.

Ahora los rusos, mitad Mr. Marshall mitad guiri incauto al que poder venderle lo que sea porque les sobra dinero y les falta criterio estético, vuelven a ser los malos del asunto. Por eso no importa que sean uno de los principales castigados en el corralito chipriota, aunque con ellos caigan también las clases medias y medias-bajas, testigos de piedra de los desmanes, cuando no víctimas. Pero, ¿quién es más culpable? ¿No lo son precisamente aquellos que miraron a otro lado cuando el sector financiero hacía y deshacía buscando el beneficio por encima de cualquier cosa? ¿No lo es este sector financiero también, que se lucró con todo el negocio? ¿No son culpables los políticos que, amparados tras un velo de impunidad, propiciaron leyes del suelo que abrían la veda a la especulación, la recalificación y el libre albedrío con el patrimonio de todos? Puestos a buscar culpables, también ahora la UE, equivocada y miope, mira hacia el lugar equivocado, la estepa, en lugar de buscar la porquería bajo las alfombras de sus despachos.

“I hope the russians love their children too” (Espero que los rusos también quieran a sus hijos). Lo dice Sting en Russians. Yo también lo espero porque la Europa occidental de Merkel, desde luego, no los quiere.


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