Revista Cultura y Ocio

"Sadrac en el horno" de Robert Silverberg (1976)

Publicado el 14 agosto 2014 por Tomas
Saludos. Con la reseña de hoy, persisto en mi intento de ir trayendo a KindleGarten, poco a poco, a los autores más relevantes y representativos de la Ciencia-Ficción. Hoy le toca el turno a un estadounidense que siempre sorprende por sus ocurrentes argumentos y por sus buenos mimbres literarios. Vamos a verlo:


Título: Sadrac en el horno (Shadrach in the furnace)
Autor: Robert Silverberg. Escritor prolífico, editor, ganador de dos premios Hugo y un Nebula, y Gran Maestro de la SFWA desde el 2004. Publicó docenas de relatos de Ciencia-Ficción en revistas del género. Usó varios pseudónimos y escribió para todo tipo de publicaciones, desde no-ficción hasta relatos eróticos. Era gran amigo de Isaac Asimov y circulan todo tipo de anécdotas sobre ambos. 
A qué género(s) y estilo(s) pertenece: Es ante todo una novela de Ciencia-Ficción blanda, que basa su historia en una serie de avances tecnológicos imposibles hoy día, pero sin un rigor científico extremado. Es una historia de Anticipación, por proyectar un futuro posible, y una distopía, por mostrar una sociedad totalitaria gobernada por un dictador absolutista. Asimismo es un drama, por los hechos narrados, y una novela de Intriga, dado el planteamiento que el autor hace de la misma. 
Qué cuenta: En el año 2012, la población de la Tierra es de apenas dos mil millones de habitantes. Una guerra biológica, causada por una serie de revueltas sociales a escala planetaria, ha provocado la infección de toda la raza humana por un virus incurable que la diezma paulatinamente. El colapso de los Estados soberanos y del sistema social favorece el ascenso del nuevo Imperio Mongol, regido por el emperador Gengis II Mao IV Khan, que gobierna desde Ulan Bator, la capital del mundo. Sadrac Mordecai es el médico personal de Gengis Mao, y vela permanentemente por su salud. La muerte en circunstancias poco claras del heredero al puesto del emperador pondrá a Sadrac en una situación complicada, pero que le permitiría cambiar también el destino de toda la Humanidad. 

El primer dato de interés es que el título de la novela está basado en una de las más conocidas historias de la Biblia, narrada en el libro de Daniel. El rey Nabuconodosor II, señor del imperio caldeo y uno de los monarcas más importantes de la Antigüedad, hizo construir una enorme estatua de oro de su persona, y ordenó a todos que la idolatrasen. Tres siervos judíos, Sadrac, Mesac y Abed-nego (cuyos nombres reales eran Ananías, Misael y Azarías) se niegan, y el rey les castiga arrojándolos atados a un horno en llamas. Pero el Dios de Israel intercede por ellos enviando un ángel, saliendo los tres indemnes del fuego. Nabuconodosor reconoce la grandeza y el poder de Dios, lo alaba y glorifica. 
Comento esto porque la escena bíblica se citará varias veces a lo largo de la obra (incluso Sadrac conoce a un judío llamado Mesac) y tiene significancia en cuanto a la situación en la que el protagonista se encontrará a lo largo de la trama.

Escrita en 1976, "Sadrac en el horno" es una anticipación distópica que reflexiona sobre un hecho que se ha repetido sucesivas veces a lo largo de nuestra Historia: los períodos turbulentos, de caos y de desmembramiento social propician la instauración de regímenes totalitarios, desde la Antigüedad clásica hasta el auge del Fascismo y las dictaduras en el S. XX. Parece que ante la incertidumbre, el colapso de nuestros sistema de valores y la caída de las instituciones en las que tenemos depositada nuestra confianza (Estado, Gobierno, Justicia...) las personas corremos a ampararnos en figuras que nos transmitan seguridad, sensación de fuerza y de control. 
De tal modo que "Sadrac en el horno" narra la intrahistoria de Sadrac Mordecai, el protagonista, pero en realidad está describiendo la figura de Genghis Mao, su imperio y su ejercicio del poder. Veamos:
La novela comienza con Genghis Mao ya consolidado en el poder. Es el presidente del CRP (Comité Revolucionario Permanente) y gobierna todo el planeta desde una inexpugnable torre en Ulan Bator, controlando todo el orbe mediante una inabarcable red de cámaras y sistemas de vigilancia. Es un anciano que oficialmente tiene 87 años, aunque no es un dato fiable. Su cuerpo es continuamente regenerado mediante el trasplante de órganos y el implante de prótesis artificiales. De su salud se encarga Sadrac Mordecai, el protagonista. Es un hombre de raza negra, apuesto y atlético, natural de Filadelfia y doctor en medicina por Harvard. Tiene implantado en su cuerpo un conjunto de nódulos conectados inalámbricamente al cuerpo del dictador, recibiendo de manera continua e ininiterrumpida datos sobre sus constantes vitales.
El suministro de órganos para reemplazar los del tirano está garantizado: los disidentes, traidores y conspiradores son destinados a un "banco de órganos" donde se conservan en animación suspendida hasta que se les necesita. Y si no hay traidores, se buscan, con un empeño digno de Calígula o de las "purgas" estalinistas.

Por otra parte, la obsesión de Genghis Mao por la inmortalidad y por trascender al tiempo le lleva a desarrollar, en paralelo, tres proyectos: Avatar, para transferir la mente del gobernante a otro cuerpo; Fénix, para transferirla a un ser artificial, y Talos, para alargar su vida por regeneración celular. La redundancia de opciones es una constante en el proceder del déspota.
Genghis Mao practica el culto a la personalidad, y padece de megalomanía, con un gusto exacerbado por los monumentos faraónicos. Es astuto, frío, indolente, maquiavélico y despiadado. Su filosofía de gobierno es la depolarización centrípeta. ¿Qué es la depolarización centrípeta? Pues "la invención de una unanimidad de irreconciliables a través de la ilusión del logro de los objetivos exclusivos que todos tienen en común". Es decir, una mezcla del despotismo ilustrado, de pensamiento único y del viejo discurso de la "empresa común" de los totalitarismos: como individuo no vales nada, pero todos juntos como pueblo somos grandes, fuertes y capaces de grandes logros.
Cuando la novela arranca, Sadrac acaba de someter a Genghis Mao a su tercer trasplante de hígado. A través de su viaje de ocio a Karakorum acompañado de Nikki Crowfoot (la doctora a cargo del proyecto Avatar, una mujer amerindia de gran belleza) conocemos la realidad del mundo y cómo llego a su situación, pues Sadrac se entregará al transtemporalismo, un pasatiempo que permite visitar mentalmente épocas y lugares remotos. Así sabemos que el 1991, el volcán Cotopaxi entra en erupción, destruyendo Quito y provocando cientos de miles de muertes. Las revueltas sociales subsiguientes se van extendiendo con un efecto dominó que pronto cubre todo el mundo, y la escalada de terror culmina en la Guerra del Virus, donde un agente biológico, un sofisticado virus que se integra en el ADN humano, provoca el despoblamiento de la Tierra. Los supervivientes se enfrentarán toda su vida a la descomposición orgánica, una enfermedad que se transmite a los descendientes y que provoca una agonía cruel y prolongada, de la que solo se libran los más cercanos al dictador, como Sadrac, beneficiarios de un remedio conocido como Antídoto Roncevic (no cura de la afección, pero impide el desarrollo del virus).

A su regreso se encuentran con la misteriosa muerte de Mangú, el joven mogol designado sucesor de Genghis Mao. Esta es la palanca que mueve la trama, pues pondrá a Sadrac en un dilema moral de envergadura: huir, matar al tirano o seguir ejerciendo su cargo con fidelidad. Mangú, inocente, noble y crédulo, era en realidad el sujeto destinado a recibir la mente de Genghis Mao mediante el proyecto Avatar. Su muerte, inesperada, trastorna todos los proyectos del presidente, y fuerza a Sadrac a elegir entre el deber y la libertad, optando por una solución que por supuesto no os contaré o ya os arruino la lectura.
Siendo que el pasado de Genghis Mao es una incógnita, Silverberg la resuelve con una serie de falsos diarios, en primera persona, que realmente son obra de Sadrac, que elucubra sobre la figura del mandatario. En ellos se exponen diversas hipótesis sobre cómo un insignificante habitante de la paupérrima República Popular de Mongolia pudo convertirse en el máximo dirigente de todo el planeta.
Una parte interesante de la novela es el momento en que Sadrac hace un viaje por todo el mundo, mostrando cómo es la vida diaria en ciudades tan dispares como San Francisco, Nairobi, París o Pekín, y que nos permite una visión de la distopía que propone Silverberg: descubrimos que el gobierno de Genghis Mao es ausente, laxo, una dictablanda por así decirlo, y la población, en general, vive ajena a él. La "corte" es un lugar lejano, casi mítico. La vigilancia es total, omnipresente, ya a través de cámaras, ya de los ubicuos agentes de seguridad, pero poco importa a los que no tienen nada que esconder ni temer. La verdadera amenaza es la descomposición orgánica, para la que no existe cura y que siembra las calles de cadáveres ante la indiferencia general. De nada sirve luchar para cambiar un mundo que está condenado.
"Lo que sucede es que el mundo entero ha abdicado, el juego de la política terminó, Genghis Mao gobierna porque hay negligencia, porque a nadie le importa, porque todos se alivian ante la idea de que alguien, cualquiera, esté dispuesto a cumplir la función de dictador en este mundo agotado, destrozado, cuyos habitantes mueren día a día de descomposición orgánica". 

Interesante portada basada tanto en el relato
bíblico como en el Proyecto Avatar


Resultan llamativos tres ritos que Silverberg introduce en su obra: el transtemporalismo, del que ya hablamos; la muerte onírica, en la que se experimenta la muerte seguida de una suerte de viaje astral que ofrece diversas visiones y sensaciones mentales; y la carpintería, que se emplea a modo de ejercicio de relajación mental y de meditación, en un modo parecido a nuestro actual yoga.
En el fondo, "Sadrac en el horno", que combina un escenario de Ciencia-Ficción con elementos dramáticos y una trama de intriga, con conspiraciones, facciones, intereses creados, cambios de bando, traiciones y desengaños, es una novela sobre la moral y sobre tomar decisiones correctas, encarnadas en el íntegro y atribulado Sadrac. Como dice en la cubierta y en el prólogo, sobre la lucha entre el bien y el mal.

Y resta hablar de lo puramente literario, en lo que destaca el hecho de que está narrado en presente. En presente simple. De modo que transmite la sensación de que en vez de leer un libro, estemos viendo una representación teatral, asistiendo a los hechos a medida que se relatan, como si la obra se fuese construyendo con nuestra lectura. Estoy acostumbrado a leer pasajes en presente, incluso capítulos enteros en algunos libros, pero la totalidad del texto es algo que no se ve a menudo. Por ejemplo:
"Ya amaneció. Antes de dirigirse a su habitación, Sadrac visita al Khan. A pesar de que los nódulos le dicen que todo marcha a la perfección, se siente obligado a hacer una visita personal a su paciente después del paseo. Genghis Mao duerme plácidamente: el nódulo electroencefalográfico implantado en el glúteo de Mordecai, vibra rítmicamente con las pacíficas ondas delta del presidente. Toda la información telemetrada que llega a Sadrac es alentadora."

Debo decir también que es una lectura cómoda, sencilla, que solo se puede volver algo densa cuando Silverberg habla sobre conceptos médicos, parte en la que se pone más riguroso y en la que no queda lugar para el error.
"El nivel de viscosidad sanguínea es menor al normal y el potencial de hidrógeno de la sangre tiende a alcalinizarse[...]"

Pero excepto estos pasajes de lenguaje médico, el resto de la novela se lee con gratitud, y los diarios de Genghis Mao dejan pensamientos llamativos, por mostrar la soledad del poder, y lo calculador y pragmático que resulta el personaje:
"¿Amor? ¡Hay que abolirlo! Si tan solo pudiera." 

Grabado de Gustav Doré para el pasaje bíblico. Una parábola del coraje y
la fe de los creyentes, de la preponderancia de la religión verdadera sobre
la idolatría y de la supremacía de Dios sobre los soberanos terrenales


Creo que no debo extenderme más, pues os destriparía todo, quitándoos el placer de descubrir por vosotros mismos una historia fascinante por su inventiva y por la profundidad del tema que aborda Robert Silverberg. "Sadrac en el horno" es una novela que recomiendo no por ser una obra principal de la Ciencia-Ficción, que aquí es un escenario, una excusa, si no por ser una reflexión sobre el totalitarismo, el pensamiento único y la unión indivisible entre dictador y dictadura que se produce en los regímenes personalísimos, sobre todo cuando son longevos.
En resumen, una muestra significativa de la capacidad que la Ciencia-Ficción tiene, como siempre digo, para abordar las grandes cuestiones de su época. En cierto modo, entronca con ese género tan nuestro que es la "novela de dictador" ("Tirano Banderas""Conversación en la catedral", "La fiesta del chivo", "El otoño del patriarca"...). Si le sumamos un estilo narrativo cuidado y con oficio, y un argumento ameno e interesante, tenemos un libro más que recomendable. Nos leemos!

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