Revista Música

SanSan Festival 2017: más que indie nacional

Publicado el 18 abril 2017 por Germanpri

Lo primero que llamó la atención de la reciente edición de SanSan Festival fue su nueva ubicación. A diferencia de las anteriores –que se habían llevado a cabo en Gandia–, la cuarta daba cita en Benicàssim (en el mismo recinto donde tiene lugar el FIB). Lo segundo –que en realidad rebasaba a lo primero– fueron los artistas que reunía en cartel: Miss Caffeina, La Raíz, Kaiser Chiefs, Coque Malla, Leiva, M-Clan, Aspencat, Los del Río, Ojete Calor, Yelle Dj Party… (Y paramos, porque podríamos llenar una página de Word con los nombres de todos los artistas).

SanSan Festival 2017: más que indie nacionalCartel del festival por días

Este año el festival se ha presentado bajo un lema que rezaba “Soy el festival de música donde podrás vivir algo más que indie nacional”. Y razón no les faltaba. SanSan Festival está hecho por y para personas que aman la música. Coincidiendo con las fechas de Semana Santa, supone una alternativa atractiva para pasar las vacaciones, y lo mejor es que va en contra de mentes prejuiciosas que no entienden que la variedad de estilos enriquece. Así, juzgamos a favor que hayan juntado en un mismo festival a poperos, hipsters, punkies, rockeros… etcétera; incluso a familias enteras.

Como la mayoría de festivales, SanSan dispone de zona de acampada para acoger a los visitantes. El cámping ha contado con una vigilancia estricta las 24 horas, tiene un Burger King y un Lidl al lado y este año, además, se ha previsto de baños y duchas propiamente dichos que eran constantemente limpiados. ¡Adiós por fin a los wáteres de Poly Klyn! Otro punto a favor del cámping ha sido la organización: nada más llegar, te indicaban dónde montar la tienda (así el cámping acontecía un lugar ordenado y evitábamos tropezones con otras tiendas cuando llegábamos a altas horas de la madrugada). Lo único que juzgamos reprochable sería lo lejos que queda del recinto de conciertos (quizá para futuras ediciones no vendría mal acondicionar un autobús que efectúe ese trayecto). Lo divertido del trayecto fue que, debido a las fechas en que nos encontramos, topamos más de una procesión de camino al recinto.

Una vez en el recinto, éramos sometidos a un control de seguridad más meticuloso que el de los aeropuertos (incluso había agentes armados y perros antinarcóticos). Entendemos que a algunos les resultara molesto, pero viendo la cantidad de niños que había en el festival, las medidas de seguridad acabaron por parecernos razonables.

El espectáculo musical daba comienzo el jueves 13 a las cinco de la tarde con Caballito de Mar en el escenario Negrita, pocos espectadores a esa hora para un grupo que acabábamos de descubrir y que nos gustó desde el minuto cero. Después de endulzarnos con la voz de Mäbu, corrimos hacia el escenario Desperados para no perdernos a Manel, los primeros este año en cantar en catalán.

Vimos cómo se ponía el sol mientras nos deleitábamos con el technoindie de Fuel Fandango, de quien sorprendía el look de Nita, que no presentaba el recogido de pelo al que nos tenía acostumbrados y lucía la melena suelta al viento. Matrícula de honor a Pablo Pérez, su técnico de sonido, que sobresale en su arte.

Después llegaba Miss Caffeina, a quienes ya vimos el año pasado en este festival. Y aunque en Benicàssim estábamos muy bien, Alberto (el cantante) nos daba la bienvenida a Detroit y daba inicio a un directo muy bien estudiado en el cual estaban ensayados hasta los propios gestos del cantante (cuando levantaba los puños al aire, por ejemplo). No faltó la ya típica broma sobre su canción de reggaetton antes de tocar El rescate. De los guitarristas –Álvaro y Sergio– nos llamó la atención que, en algún tema, tocaban con el mismo modelo de guitarra; de Toñino (el bajista) no pudimos dejar de fijarnos en su bajo de purpurina. Se acercaba el final y, aunque no hubiera tiempo para desaparecer del escenario y volver a entrar, Alberto pidió al público que se gritara lo de “¡Otra, otra!”. Así después llegarían Oh, sana –con previo discurso acerca del amor libre– y Ácido –que algunos bautizan como LSD–; para terminar con su hit Mira cómo vuelo, la canción más cantada por los asistentes.

SanSan Festival 2017: más que indie nacional
Setlist del concierto de Miss Caffeina

Otros que repetían festival eran Corizonas –la fusión entre Los Coronas y Arizona Baby–, que aparecían a medianoche en el escenario Negrita. Muy acertados los vídeos que se proyectaban tras ellos, así como su juego de luces sobre el escenario, que potenciaba aún más su «Nueva dimensión vital».

De vuelta al escenario principal nos sorprendían los granadinos Niños Mutantes con Alonso de Napoleón Solo, que al parecer les acompañará en la gira de su último trabajo, «Diez». El furor no decaería hasta las 06:30, pues tocaban Gimnástica, Yelle DJ Party, Las bistecs y Bitches Deejays; pero ya no pudimos disfrutar de ellos porque éramos conscientes que necesitábamos descansar y reponer fuerzas para afrontar la jornada del día siguiente.

El viernes 14 comenzaba con Chloe’s Clue en el Negrita y, justo una hora después, con Mucho en el escenario principal (agradecemos su presencia en el SanSan, pero maldecimos la hora). Otro al que no le fue favorable el horario fue Coque Malla, que aun así logró reunir un gran número de espectadores. Después de él llegarían Sidecars, cuya voz es fácilmente confundible con la de su hermano Leiva, que tocaría media hora después en el mismo escenario. El cantautor, que hacía más de 10 años que no tocaba en ningún festival, casi al final del concierto pidió a los presentes 3 minutos sin móvil, y apuntó que esos 3 minutos serían más estimulantes que cualquier sensación que pueda provocar una droga (lamentamos comprobar que hubiera quienes hicieran caso omiso a la sugerencia del cantante).

SanSan Festival 2017: más que indie nacional
Panorámica del Desperados durante el concierto de Coque Malla

Sin sampler inicial, llegaba el rock and roll de M-Clan, con un público numeroso pero agotado que sacó fuerzas para corear Carolina, el tema más aclamado de la banda. Dedicaron Las calles están ardiendo a los políticos corruptos y apelaron a la zona VIP porque no aplaudían, seguido de un sentido «¡Viva la clase popular!». (Para completar el clasismo, existía la llamada zona Supervip, de la que no os podemos hablar porque ni siquiera nos asomamos a ella).

Eran casi las cuatro de la mañana cuando aparecía Dinero. Superaron cuanta expectativa nos habíamos creado. Ekain Elorza, un vikingo vasco, tocaba la batería con baquetas por respeto, porque perfectamente podría haber usado los puños para hacerla sonar. Derrochaba energía por todas partes, desde el comienzo hasta el final del concierto. La banda compaginó temas de su último trabajo, «Cero», con canciones anteriores como Dinamita, Duelo de titantes, Cómo, cuándo, quién o Mentiras. Un hecho anecdótico fue que a Sean –voz y guitarra– se le rompió la correa de su instrumento mientras hacía de guitarrista rítmico, y a pesar de tener al backliner detrás intentando arreglársela, él seguía tocando de cualquier manera. También hubo tiempo para un discurso improvisado en el que agradecía que haya festivales que apuesten por tantos grupos nacionales y alentaba al público a seguir apoyando a los grupos emergentes locales.

El sábado 15 comenzaba con una disyuntiva a partir de las 17:30: Skizophonic en el Negrita o Despistaos en el Desperados. Al final optamos por los chicos de Guadalajara, que tocaban en el escenario principal. Después de cantar el himno de Física o Química como cuando éramos adolescentes y terminar el concierto con Cada dos minutos, corrimos para ver a los que en su día fueron teloneros de Izal, Modelo de Respuesta Polar.

A las 21:00 desembocaban Los del Río, cuya música no sonaba en directo; pero su voz sí. Con un público totalmente animado, nos recordaron que en Benicàssim se sienten de lujo pero que Sevilla tiene un color especial y, hacia el final, un Sansito vestido de sevillana aparecía sobre el escenario para bailar la Macarena, a quien se le unían familias con niños, poniendo un toque de candidez a un escenario tan añejo.

SanSan Festival 2017: más que indie nacional
Sansito bailando ‘la Macarena’. Foto de @Bikusestudio

Venidos también desde Sevilla, Full derrochaban talento en el Negrita hasta las 22:45. Más o menos, a la misma hora que aparecía sobre el escenario el grupo de ese cantante que nos espía. Ha llovido desde aquel año 2000 en el que la Concejalía de Juventud de Murcia editaba su álbum de debut (Private Life) tras ganar el concurso Región Murcia Joven. Nos referimos a Second, cuyos directos siempre son épicos. No importa que el público no se sepa las letras, que los espectadores saltan en todas las canciones que suenan, especialmente en Muérdeme, Rodamos y Rincón exquisito. Pero si hay un tema que se ha ganado el título de hit es ese Nivel inexperto que conmueve cuerpecitos y animitas como el nuestro y por el cual decimos que Sean Frutos es ese cantante que nos espía. Comenzaron el espectáculo con Nueva sensación (tema perteneciente a la banda sonora del filme Sólo Química) y siguieron con Primera vez y 2052. Hacia el final, Sansito se subió al escenario para bailar Atrévete y culminaron el concierto con su habitual lluvia de confeti, ratificando que, toquen donde toquen, ese lugar se convierte en un Rincón exquisito.

Kaiser Chiefs empezaban con una puesta en escena difícil de superar. La mítica banda de Leeds ofrecía su energética descarga de rock británico. En ella pudimos conocer en vivo los temas de su nuevo álbum, «Stay together», con el que han colgado el cartel de Sold Out en tantas salas de Reino Unido. El cantante, que demostró ser todo un showman, cantó una canción desde lo alto del bombo de la batería y otras desde encima de un bafle. En KC las guitarras no destacan por su fuerza –sólo tienen una–, pero aun así suenan potentísimos. Terminaron el concierto con una lluvia de confeti de colores y serpentinas anaranjadas que disparó el cantante con unos cañones.

Varry Brava, que tocaban por cuarta vez consecutiva en SanSan, presentaban su último trabajo hasta la fecha, «Safari emocional», sin dejarse en el tintero temas como Calor, Playa o No gires.

A las cuatro de la madrugada, también en el Negrita, Ojete Calor mostraba una de las caras más divertidas del festival, y tras ellos nos fuimos a –intentar– descansar, aunque todavía quedaban Ñekü y Ley Dj para los de más aguante.

Llegó el domingo 16 y con él las primeras crestas. Ayoho, Badlands y Javier Puig habían calentado el ambiente, pero para nosotros el descubrimiento fue La Regadera, una banda en plena expansión con un directo divertido y potente que presenta una mezcla de estilos como el ska, el reggae y el rock, adornados con detalles latinos (muy recomendable si sois seguidores de La Pegatina). Después fuimos al Negrita para emocionarnos con la yuxtapuesta de The New Raemon & McEnroe, donde daban rienda suelta a su «Truenos y Lluvia», y a las 21:00 volvíamos al escenario principal para escuchar a Smoking Souls, formación natural de Pego, cuyo cantante dedicó unos minutos a concienciar al público acerca del tema de los refugiados, a quienes dedicaron Eterna força. Después de algún que otro pogo, terminaron el concierto con Nit salvatge, tema que compusieron especialmente para la presentación del Festivern.

SanSan Festival 2017: más que indie nacional
The New Raemon & McEnroe sobre el escenario Negrita

Seguidamente llegaba la hora de La Raíz que, como se suponía, sería el concierto más destacado de la jornada. Con su mezcla de rock, ska y reggae y sus letras reivindicativas han logrado un número de seguidores admirable. Comenzaron con Nuestra nación, pero fue cuando sonaba Entre poetas y presos que Pablo (voz) extendía una bandera republicana y, dado las voces que levantó, daba la sensación de que cada vez son más los que quieren que ruede la corona. Uno de los momentos más tiernos se vivieron en La hoguera de los continentes cuando Julio –otra de las voces del grupo– apareció con su retoño al escenario. Para bien del festival y en contra de su Llueve en Semana Santa, el sol lo inundó todo durante los cuatro días y permitió que se llevaran a cabo todos los conciertos. Tras unos cuantos pogos –‘calderas’, como lo viene llamando Pablo–, el de La Raíz concluiría con Nos volveremos a ver.

SanSan Festival 2017: más que indie nacional
Imagen de uno de los momentos de La Raíz sobre el escenario. Foto de @Bikusestudios

A la una hacía acto de presencia Aspencat, cuyas letras son un llamamiento al antifascismo y al feminismo. De su puesta en escena sorprendían dos cañones que escupían fuego y que calentaban –en su sentido más literal– a los espectadores de las primeras filas.

SanSan Festival 2017: más que indie nacional
Instantánea de una de las bolas de fuego del espectáculo de Aspencat

Después de El Imperio del Perro, Fanáticos, Malonda y Tardeo, Bitches Deejays ponían punto final a un festival que ha hecho posible que hipsters y punkies se den la mano como hermanos, a un festival que durante cuatro días ha visto desfilar camisetas de grupos tan dispares como Love of Lesbian, Supersubmarina, Smoking Souls, La Raíz, Talco, GreSka, Miss Caffeina o Los Iosu entre muchísimos otros; a un festival que ha demostrado que lo que importa no son las etiquetas, sino que imperen la diversión y el buenrollismo.

No podemos irnos sin hablar del Espacio It Goldcar, una carpa dentro del recinto que no dejó de pinchar música durante los cuatro días que duró el festival.

Al término de este, nuestro amigo el punky –alias El Costras– señaló que le habían impresionado las luces de Fuel Fandango o Miss Caffeina (pensad que los punkies no están acostumbrados a verlas en los conciertos de sus bandas predilectas) y que: “Los punketos nos drogamos más que los hipsters”.

(A propósito del tema de las drogas –que a menudo genera controversia–, sabemos que no nos corresponde a nosotros decir qué debéis o no meteros en el organismo, pero no olvidéis que a Conan la curiosidad de un momento le supuso la destrucción del cuerpo…).

Tras este inciso, pedimos perdón por todo lo que hemos dejado en el tintero, pues por muchas ganas que haya, es imposible asistir a todos los conciertos. También pedimos perdón al lector si nota que esta crónica está peor redactada de lo que es habitual, como excusa sólo podemos decir que está escrita después de cuatro días sin dormir, tres viajes en tren y su correspondiente trasbordo, un recorrido de diez minutos en autobús y casi una hora de vuelo. Pero lo volveríamos a hacer porque SanSan 2017 ha sido un festival memorable que esperamos que siga creciendo sin perder su esencia. ¡Larga vida al SanSan!

Escrito por
Antònia Fontirroig

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