Revista Cultura y Ocio

Seamos felices en la irrealidad de Matrix

Publicado el 07 septiembre 2013 por Benjamín Recacha García @brecacha
Regreso a los veranos de Pineta (II) 07/09/2013 · 2:41 AM Ir a los Comentarios

Seamos felices en la irrealidad de Matrix

Montaje de El Jueves

Madrid aspira por enésima vez a convertirse en sede de unos Juegos Olímpicos. En unas horas sabremos si se los conceden. Hasta Buenos Aires se ha desplazado una delegación española compuesta por ciento y la madre (dudo mucho que cada uno de los desplazados se haya pagado el viaje y la estancia de su bolsillo, pero vamos, seguro que el dinero sale de algún patrocinador patriota) para asistir en directo al anuncio del Comité Olímpico Internacional. Estaría bien ver a la alcaldesa Ana Botella, doctorada en Filología inglesa como mínimo (la rueda de prensa del jueves fue la prueba fehaciente), igual que su marido el de las Azores o el rey de los percebes, también conocido como el presidente plasmado o, más cariñosamente, el señor de los chuches… Decía que estaría bien ver a la Bottle y su colla dar los saltos de alegría que protagonizó Pasqual Maragall hace como 27 años, cuando el señor aquel de pasado un tanto sospechoso que presidía el COI dijo aquello de “à la ville de Barsalona”.

A mis tiernos 12 añitos recuerdo que también di algún saltito ante la tele. Eran otros tiempos. Entonces soñaba con participar como deportista en los Juegos. Supongo que todos los chavales de aquella época lo hacían… y supongo que los de ahora también lo harán si resulta que finalmente Madrid los organiza en 2020. Aunque, la verdad, sospecho que serán sueños bastante menos entusiastas.

No quiero quitarle la ilusión a nadie, ni pretendo criticar a quienes se alegren porque España vuelva a ser país olímpico. Cada uno es libre de sentir, desear y opinar lo que quiera. Faltaría más. Sin embargo, no puedo evitar mostrar mi escepticismo respecto a los beneficios reales que tal evento vaya a reportarnos. Y utilizo la primera persona del plural a conciencia. ¿En qué va a beneficiar a los habitantes de España la lotería olímpica? Está claro que una parte mínima, la aristocracia económica y política, la que maneja el cotarro y hace y deshace para “ayudarnos” a todos, esa sí que se frota las manos (y cosas menos púdicas) pensando en los Juegos Olímpicos. Bueno, pensando en los contratos que derivan de la “fiesta mundial del deporte y el juego limpio”, para ser más exactos. A los demás me temo que nos va a beneficiar lo mismo que la reforma laboral o los recortes en servicios públicos, por mencionar un par de ejemplos de “éxito” del actual gobierno.

Sería bonito que España viviera unos Juegos de nuevo. Sería de justicia, hombre, que cómo van a dárselos a Barcelona y a la capital no, pero a mí la imagen que se me viene a la cabeza es la del pobre que para aparentar se viste cada día con sus mejores galas y conduce un Audi, aunque en casa no tenga ni para comer caliente.

En España, por mucho que pretendan aparentar (no en el dominio del inglés, desde luego), la realidad social es trágica. Por mucho que nos vendan que estamos saliendo del túnel, que lo peor ya ha pasado y que pronto seremos de nuevo el imperio que aterró al mundo, la realidad es que nos están dejando el país en los (tambaleantes) cimientos, y estamos tan perplejos, tan amodorrados, que no somos capaces de reaccionar.

Unos Juegos serían la panacea. La solución a todos los males. La guindilla al pastel de la recuperación. La píldora azul (¿o era la roja?) que nos permitiría continuar felices en la irrealidad de Matrix. El circo que, a falta de pan, alimentaría nuestro irreductible espíritu español, español, español. En definitiva, la cortina de humo perfecta para que la destrucción del Estado social sea una cuestión marginal.

Así pues, preparemos el cava (o la sidra para los susceptibles con lo que huela a catalán) y la bandera rojigualda (si es con toro o con aguilucho, mejor) e invadamos la calle (sin policía que intimide, que en este caso no hay enemigos) para celebrar que España vuelve a ser grande.

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Regreso a los veranos de Pineta (II)

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