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Sexismo cerebral

Por Soniavaliente @soniavaliente_

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Vuelven a la carga. Las feministas contra el lenguaje. Y mira que a ella, a feminista no le gana nadie. Pero, ¿de verdad es necesario? Lo vio esta semana en una televisión nacional y no pudo evitar pensar en Pérez Reverte, ese novelista maravilloso, fundamentalista de las palabras, académico de la lengua dentro y fuera de Twitter.

Sexismo cerebral

Que si el idioma es machista. Tócate los cojones. Han descubierto América, éstas ahora. Que el lenguaje demuestra el machismo social, y, por tanto, deberían cambiarse varias acepciones del Diccionario de la Real Academia de la Lengua en aras del progreso, de la visibilidad de las mujeres y no sabe cuántas majaderías más.

El castellano ha tardado siglos en fraguarse y evolucionar. Es una muestra viva de la herencia, de nuestro pasado, un reflejo de la sociedad española: católica, paternalista, machista y clasista. Y todo eso se refleja en las expresiones cotidianas, en las entradas del diccionario y éstas, como patrimonio de todos, como acervo cultural, no pueden cambiarse de un plumazo, a capricho.

Al igual que las personas que han pasado por nuestras vidas nos hacen ser quienes somos, el lenguaje ha sido modelado por la vida, por la Historia y, por tanto, también por las injusticias sociales. No se puede erradicar una palabra o su significado porque no nos guste. Sea incómoda. O fea. O remueva los fantasmas de pasado. Nada más le gustaría  a ella que cambiar el significado de dictador, guerra, franquismo y tantas otras. Y con eso desterrar todo lo que conllevaron. Pero no puede ser. Y están ahí para recordarnos quienes fuimos y, con un poco de suerte, a dónde vamos.

Por eso, cada vez que escucha a una señora reivindicar guías de estilo absurdas que aprueban instituciones públicas en aras de la igualdad que invitan a utilizar expresiones como todos y todas, alumnos y alumnas… le sale el Pérez Reverte que lleva dentro. Con todo, y a pesar de ser un tema muy manido,  mucho imbécil e imbécila  les ha dado pábulo. Porque este país, que no el lenguaje, se ocupa siempre de lo accesorio. Y así nos limpia, fija y esplende el pelo.


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