Nuestro árbol familiar arranca con datos muy sólidos —al menos aparentemente—: padres y abuelos. A partir de ahí, comenzamos a incorporar nombres e historias sobre los que podemos tener información contrastada o, en muchos casos, sólo una breve mención.
Los grandes árboles, esos que se remontan varios siglos atrás, podríamos considerarlos castillos de naipes genealógicos, en los que una sola mala filiación arruinaría toda la construcción. Y no se trata de un hecho extraordinario: siendo sinceros, ¿cuántos eslabones de nuestras genealogías sabemos que tienen poco soporte documental o nos resultan, cuando menos, cuestionables?
A modo de ejemplo podemos citar el caso de familias que en una sola generación pasan de la opulencia a la pobreza, o viceversa; que dejan de ser sencillas para descender —de pronto— de nobles y reyes; de emigrantes cuyo origen se identifica a partir de una simple nota; de personas con nombres muy comunes en un lugar a las que hemos supuesto unos padres por descarte; de familias con múltiples homonimias…
Ante los eslabones débiles hay que ser contundentes: cualquier genealogía inconsistente debe ser señalada. Y cuando existen dudas serias, más vale ser honestos y no desarrollar esas ramas. Es cierto que a todos nos ilusionaría llegar hasta Adán y Eva, los héroes griegos, los emperadores romanos o figuras más cercanas como Don Pelayo, el Cid o incluso Espartero. Pero si la documentación no es fiable, esas conexiones serán solo hipótesis o, directamente, pistas falsas.
Por este motivo, hace ya varias décadas, la asociación americana sin ánimo de lucro BCG (Board for Certification of Genealogists, Junta de Certificación de Genealogistas), creada por expertos y profesionales de la genealogía, lanzó el concepto de Genealogical Proof Standard (GPS), en español el Estándar de Prueba Genealógica (EPG).
El concepto se resume en que cualquier conclusión genealógica debe superar estos cinco criterios:
- Búsqueda razonablemente exhaustiva: es el resultado de buscar en diversas y suficientes fuentes de información.
- Se soporta en fuentes identificadas: los hechos deben estar correctamente citados.
- Procede del análisis y la correlación: se han examinado las fuentes originales y secundarias para comprobar que concuerdan entre sí.
- Se resolvieron los posibles conflictos: se han examinado las contradicciones entre documentos para evaluar y aclarar los conflictos.
- Arroja una conclusión lógica: los hechos y las conexiones familiares considerados válidos pueden argumentarse con fundamento.
Se podrá alegar que el Estándar de Prueba Genealógica fue creado por una asociación que certifica a investigadores profesionales y que aspira a la excelencia investigadora, más allá de lo que muchas personas pretenden cuando consideran la investigación familiar como un mero pasatiempo. Y es cierto. Sin embargo, perdemos toda nuestra credibilidad si nos dedicamos a replicar sin criterio meras fábulas genealógicas o asumimos conexiones dudosas con personas o familias.
Tengamos siempre presente que nuestro árbol es ese gran castillo de naipes que, si no está bien cimentado, se desmoronará fácilmente. Y aún peór, contaminará de sospechas a todas las demás ramas.
Antonio Alfaro de Prado
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