Revista Cultura y Ocio

Sobran las palabras – @Patryms

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

Y yo sola con mis voces,
y tú tanto estás del otro lado que te confundo conmigo.
(Alejandra Pizarnik)

Me gusta madrugar el domingo para disfrutar del café de Carlos. La última mesa de la zona de ventanales, los estores a medio subir y la plaza dormida, que se va llenando de luz y vida mientras llega la mañana.

El principio del verano es un buen momento para la ciudad. Los días más largos y la acumulación de horas, parecen más pausados. Se aminora el ritmo y aun así, serán cosas del sol, los colores y los matices chisporrotean también en los rostros de los edificios antes de derretirlos. El vals, en su conjunto, se hace más rítmico y vivaz, más perceptible.

El día hoy es apaciblemente cálido.

Cada domingo desde hace unos cuatro años mi ritual es el mismo. Venir a esta pequeña cafetería, sentarme en la última mesa, abrir la tapa de mi libreta y divagar o imaginar a través de la ventana mientras voy acabando el desayuno. No suele haber gente por aquí a estas horas y Carlos, que sabe de mis manías, me cuida dejándome la taza en la esquina de la mesa con un guiño y una sonrisa. Si alguna mañana me ve más distraída de lo normal, se acerca con un platito de galletas y me susurra “come algo, madrugadora”. Y funciona. Ese gesto suele traerme de vuelta a la hoja en blanco con un poco de sentido.

Son las ocho y media de la mañana y yo sigo pendiente de la ventana. No las he visto llegar, supongo que han entrado por la esquina izquierda de la plaza. Han pedido en la barra y se han sentado justo en la mesa delante de la mía, compartiendo ventana conmigo sin darse cuenta ni de que existo.

No he podido evitar escuchar su conversación. Al principio, la charla era animada y repartida, pero poco a poco ha sido la chica frente a mí la que se ha ido quedando con el turno de palabra. A mitad del café, me parecía estar viendo a dos sirenas repasando y guardando los tesoros de todos sus naufragios.

“Carmen, no sé… No me pidas una explicación porque ni yo misma lo entiendo”. Y entonces el relato se repite otra vez. Mientras va contando, dibuja con sus manos formas en el aire. Juega con los dedos difuminando colores y sin fijarse en las líneas. Y mientras pinta en voz alta, va encontrando más preguntas y repitiendo las que ya tiene conforme ve su composición.

Habla de ti y se remonta a todas las primeras veces…

Cuenta como os conocisteis por culpa de un balón que se escapó cuando no erais más que de balón y columpio. Como os mirabais de reojo cuando empezasteis a ver a las niñas no tan niñas y a los chicos estirarse. Cuenta como fuisteis el primer beso del otro y recuerda con nitidez el escalofrío de la primera vez que saboreó una lengua que no era la suya. Y yo, la rejuvenezco borrándole los rasgos y con coleta, y te dibujo más alto que los demás y con los ojos grandes y oscuros.

Cuenta como es esa primera ruptura que te rompe un poco por dentro y como se aprende que segundas partes nunca fueron buenas. Y mientras, te he vestido de vaqueros y camisa blanca, te he marcado las costillas y te he puesto un pendiente.

Habla de la sensación extraña de reconocer el salto del estómago cuando el espacio vuelve a volverse pequeño. Cuenta los meses, los años, y lo graciosa que es la vida volviéndose Parca y cruzando hilos en vez de cortarlos.

Cuenta como se encontró al hombre diez años después sin dejar de ver al chico, cómo ha ido atando cada gesto a una promesa rota y compone un puzzle que no sabe cuántas piezas tiene; y te he visto sonreír al cogerla de la mano.

Habla de los intentos, de las arrugas de los años, de los sueños despierta y de tus sombras, de sus pecados. De tus más y sus menos. De los ratos y de los pocos.

Baja la voz y distancia las frases para pasar de puntillas sobre la primera vez que os acostasteis. Y se sonroja al no poder decidir si fue especial, pero no fue buena o al revés o todo  junto. Mientras yo retuerzo las escamas del dragón que llevas tatuado a la espalda.

Entrelaza las manos para confesar que ya no sabe nada de ti, que hace tiempo que la tela de araña ha dejado de tejerse y confesar que aún le cuenta los hilos, que te echa de menos y que te dedica algunas canciones, que de vez en cuando pone las dedicadas antaño aunque sepa que no debería hacerlo y no lo entienda. Y yo la miro viéndola ser parte de la respuesta y sin conocerte, sé que eres la mitad de la pregunta.

Sin darme cuenta ha llegado la vida a la plaza tras el ventanal y las veo levantarse e irse. Ya no me quedan galletas y no sé cuándo retiró Carlos mi taza vacía.

Y yo, que nunca he escrito una carta de amor, salgo detrás de ellas contigo mal pintado en mi libreta. Y ojalá que hayas estado atento mientras te dibujaba, porque hoy sobra las palabras.

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