Revista Deportes

Soldado que huye, juega en Racing

Publicado el 10 junio 2010 por Marianofusco

Soldado que huye, juega en Racing“Yo no tengo nada contra esos vietcongs” dijo Muhammad-Alí cuando fue citado al ejército que mantenía una guerra en Vietnam. La historia es conocida: el campeón mundial de los pesos pesados se negó, le quitaron el título, la licencia y debió esperar casi cuatro años para volver a pelear. El relato no tan conocido es el de tres futbolistas argentinos que pasaron por un calvario similar en el otoño europeo de 1935.

Por ese entonces el viejo continente era un caldo de cultivo bélico y poco a poco las naciones que habían firmado el tratado de Versalles iban rearmando sus ejércitos. Italia fue uno de los primeros y entre citación y citación, los futbolistas Enrique Guaita, Alejandro Scopelli y Andrés Stagnaro recibieron la suya. Fue durante la pretemporada de la Roma, que anhelaba quedarse con su primer scudetto gracias al aporte de estos tres italo-argentinos, especialmente al de Guaita, goleador de la Serie A en la temporada anterior y gran ídolo local.

Por su tono se piel, le decían el “Indio” cuando volaba desde la punta izquierda en la mítica delantera de Estudiantes de La Plata conocida como “Los Profesores”. Un poco más retrasado jugaba el “Conejo” Scopelli, insider derecho con excelente técnica y mucho gol, que además era el socio creativo del capitán y figura, Manuel Ferreira, el “Nolo”. No dieron la vuelta olímpica, pero estuvieron cerca y dejaron una marca por hacer arte del juego colectivo. “No fuimos campeones por los arbitrajes”, sentenció años más tarde Scopelli, quien sufrió desde el banco la derrota de la Selección argentina en la final del Mundial de Uruguay 1930.  Cuatro años después, Guaita logró lo que Scopelli y Ferreira no habían logrado en el Centenario. Ya como italiano, jugador de la Roma y con nuevo apodo, “El Corsario Negro” fue clave para que la azurra levantara la Jules Rimet ante la mirada de Benito Mussolini en el palco del Estadio Nacional.

Preocupados por la inminente invasión italiana en Etiopía, les preguntaron a los dirigentes del club si en verdad iban a tener que abandonar Roma para unirse al ejército. “Tranquilos, Italia se las arreglará sin ustedes”, fueron las palabras que escucharon. Mucho caso no les hicieron y pidieron asilo en el Consulado argentino. Nunca más volvieron al club. Por la noche se escaparon del Consulado y se fugaron hacia Francia en tren. “Con inmensa sorpresa nuestra se nos citó a examen médico a fin de comprobar nuestra aptitud para el ejército. Tuvimos una conferencia entre nosotros y decidimos partir inmediatamente. Nos faltó tiempo hasta de informar a nuestras esposas”, contaron del otro lado de la frontera. Unos días después, las esposas de Guaita y Scopelli fueron arrestadas en Ventimiglia, ciudad fronteriza con Francia, por querer abandonar el país con una fuerte suma de dinero escondida en una pequeña valija. Las señoras fueron liberadas y pudieron cruzar la frontera sólo con 2000 liras. En dos años y medio en Italia, se calcula que cada uno de los jugadores había ganado 250 mil liras.

“No son traidores pero sí mercachifles que aceptan contratos mejores y que cuando no les conviene uno de los términos del mismo huyen”, se leía en las páginas del diario “Roma Fascista”, que le echaba la culpa a los dirigentes por contratar jugadores extranjeros como si fueran italianos. La defensa de los jugadores transitó una vereda parecida: “Nos trasladamos a Italia para jugar al fútbol. Permitimos que se nos naturalizara como italianos en creencia de que era una simple formalidad que nos habilitaba para representar a Italia en partidos internacionales contra otros países. Entendimos que nuestra ciudadanía argentina no sería afectada”.

Cuando las negociaciones para incorporarse al Cannes o al Paris parecían acercarse, la FIFA, a pedido de la Federación Italiana de Fútbol, los prohibió firmar contrato en ninguna liga asociada hasta solucionar su relación con la Roma. En Italia fueron más allá y les quitaron el carnet de futbolista “por indignidad”.

Al llegar a Buenos Aires, sus declaraciones eran las de hombres molestos. No por estar en contra de la guerra (nunca se pronunciaron al respecto), sino por la manipulación de los dirigentes ¡de la Lazio! “Fueron cuestiones de política interior. Los dirigentes del Lazio comprendían que nuestra permanencia en el Roma les hacía difícil la conquista del título de campeón y realizaron gestiones para conseguir nuestro enrolamiento en el ejército italiano”, dispararon antes de bajarse del trasatlántico.

Después de meses de destierro profesional lograron en febrero de 1936 ser habilitados para jugar en el fútbol argentino. Racing fue el club que les abrió las puertas. Stagnaro volvía al club donde mejor le había ido, pero con una seria lesión. Se retiró sin jugar mucho y tras a un paso por Almagro, en el ascenso.  Scopelli jugó en Francia, Portugal y Chile antes de colgar los botines y convertirse en entrenador, mientras que Guaita volvió al Pincha para quemar los últimos cartuchos. El “Indio” y el “Conejo” volvieron a vestir la camiseta argentina y consiguieron el Sudamericano de 1937 jugado en Buenos Aires.

Acá son parte de la historia por “Los Profesores” o por sus participaciones en las Copas del Mundo; en Roma, son los traidores que les robaron la ilusión a los hinchas. ¿Qué hubiera sido de la Roma subcampeona en aquella temporada ‘35/‘36 de haber contado con los argentinos? Seis años rondó esa pregunta por la mente de los tifosi hasta que por fin consiguieron el título en 1942.


También podría interesarte :

Volver a la Portada de Logo Paperblog

Quizás te interesen los siguientes artículos :

Revistas