Con un pastel de chocolate casero en la mesa, el cual no se hace con harina (ni de trigo, ni de maíz, ni de ningún otro cereal)...
-Qué rico te ha quedado.-Gracias.
-Además como lo ha hecho ella es sin gluten -dijo un tercero informando a los demás-.
-¿Sin gluten? Pero si está bueno y todo -afirmó un cuarto-.
-No es sin gluten -respondí.
-Entonces por qué lo comes.
-Digo que no es sin gluten porque no lleva ni harina ni harina sin gluten. Es un pastel de chocolate y ya está. Y da la casualidad de que es sin gluten, también podría decir que es sin harina, incluso que es sin levadura. Es más, de haber llevado harina sin gluten, sería más correcto decir que era de harina de maíz o de arroz. ¿Por qué eliminar esa información?¿Por qué limitarnos a decir que es sin gluten, como si siguiera siendo de trigo? Como si fuera un alimento de peor calidad o sabor por el hecho de quitarle el gluten; ese aditivo que pareciera ser el responsable de dotar de sabor a los alimentos.Cierto es que la etiqueta sin gluten es ya un identificador de los productos que podemos consumir los celíacos. Pero ¿no nos hemos decantado por la opción más fácil? Tal vez. Mientras el arroz y el maíz (principalmente) seguirán en el anonimato, bajo el seudónimo de 'sin gluten'.
