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State of Siege: Testimonio de la Latinoamérica de los 70.

Publicado el 12 mayo 2010 por Fantomas
State of Siege: Testimonio de la Latinoamérica de los 70.“État de siège” (1972), es un thriller político del director Costa-Gavras, el cual está protagonizado por Yves Montand, Renato Salvatori, y O. E. Hasse.
En Uruguay, un ciudadano norteamericano, Michael Santore (Yves Montand), es secuestrado por la guerrilla de izquierda Tupamaros. Sus captores lo acusan de ser un agente de la CIA, responsable del entrenamiento de la policía local en técnicas de tortura y anti sedición. Mientras que la guerrilla trata de extraerle una confesión a Santore, las autoridades, encabezadas por el gobierno de extrema derecha, se está acercando peligrosamente a su escondite.
State of Siege: Testimonio de la Latinoamérica de los 70.

De 1960 a 1967, Dan Mitrione, un agente de la FBI incorporado a la Office of Public Safety (OPS), dependiente de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), trabajó con la policía brasileña en un momento en el que los opositores políticos eran sistemáticamente torturados, encarcelados y asesinados sin juicio, como efecto del Golpe de Estado en Brasil ocurrido en 1964. En 1969, Mitrione fue transferido a Uruguay, otra vez como funcionario de la AID, para supervisar la acción de la Office of Public Safety en ese país. En aquella época, el gobierno uruguayo, encabezado por el conservador Jorge Pacheco Areco, tuvo que enfrentar el colapso en la economía, una crisis de desempleo y huelgas estudiantiles, además de la acción de la guerrilla izquierdista Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Los excesos del gobierno de turno y el uso reiterado de torturas, aumentó las tensiones en Uruguay, lo que provocó el secuestro de Mitrione el 31 de julio de 1970. Cuando el gobierno uruguayo se negó a cumplir con las demandas de los Tupamaros, estos asesinaron a Mitrione con dos disparos en la cabeza.
Este hecho real es el que sirve de base para “État de siège”, cuyo guión fue escrito por Costa-Gavras y Franco Solinas. Tal y como lo había hecho en sus films anteriores, el director mediante este elegante thriller político deja patente su crítica al abuso de poder de los gobiernos que se establecieron en Latinoamérica durante los sesenta y setenta. Si bien la historia transcurre en Uruguay, esta perfectamente podría extrapolarse a cualquiera de sus países vecinos. De hecho, la cinta fue filmada en Chile en pleno gobierno de Salvador Allende, específicamente en Valparaíso, Santiago, Iquique y Viña del Mar, ciudades que sirvieron para retratar al Montevideo de la época. El rodaje de la cinta causó un gran revuelo en el país, ya que no era precisamente un lugar apto para llevar a cabo una producción cinematográfica de nivel. Por aquellas ironías del destino, solo un año después de filmada la cinta la realidad superó a la ficción; en Chile se llevó a cabo un golpe de estado tras el cual las calles se llenaron de militares, reinó el miedo y la represión, y las torturas se convirtieron en una práctica común.
State of Siege: Testimonio de la Latinoamérica de los 70.

La cinta comienza con un crudo retrato de las calles de una Uruguay repleta de militares. Durante una de sus revisiones, encuentran al ciudadano norteamericano Michael Santore muerto al interior de un vehículo. Debido al revuelo causado por su muerte y la historia de su secuestro, la prensa comienza a preguntarse cuál es la importancia de este hombre como para que haya sido secuestrado por los guerrilleros, y cuál es su verdadera labor al interior del gobierno uruguayo. Tras esta suerte de introducción, se procede a relatar cómo este hombre y otros dos funcionarios (de los cuales uno logra escapar) fueron secuestrados por los Tupamaros, quienes posteriormente los llevaron a un lugar conocido como la “cárcel del pueblo” para interrogarlos acerca de su papel en el intento de los Estados Unidos por controlar cualquier amenaza a la seguridad nacional que pudiera surgir en la región durante el transcurso de la Guerra Fría. Es durante el transcurso de los interrogatorios que nos enteramos de la verdadera labor de Santore; él es el encargado de entrenar a las fuerzas policiales algunos países latinoamericanos en diversas formas de tortura que pueden resultar útiles a la hora de recolectar información vital para el país.
“El dolor preciso, en el momento preciso, en la cantidad precisa, para el efecto deseado”. Esta frase pertenece a Dan Mitrione, y sintetiza en gran medida quien era y a que se dedicaba. Su alter-ego cinematográfico ejecuta algunas de las técnicas utilizadas por Mitrione en la vida real; choques eléctricos en los genitales, quemaduras de cigarrillos, y agujas electrificadas clavadas en la piel bajo las uñas, eran parte de sus enseñanzas. En una de las escenas más crudas de la cinta se puede ver como Michael Santore y sus colaboradores imparten clases de tortura utilizando a un modelo humano que se encuentra completamente desnudo atado en una silla, a merced de sus captores quienes le aplican corriente en los genitales. Paralelamente al interrogatorio, Costa-Gavras se preocupa de retratar el convulsionado ambiente social y político del Uruguay de la época, los intentos del gobierno por desarticular a los Tupamaros, y como estos últimos se organizaban para luchar contra lo que ellos creían injusto. En ese sentido, resultan interesantes las escenas que retratan todo el operativo que tiene por objetivo secuestrar a Santore, y aquella que transcurre al interior de un bus, el cual sirve como punto de encuentro para un grupo de guerrilleros que debe decidir el destino de Santore mediante votación democrática.

State of Siege: Testimonio de la Latinoamérica de los 70.

La estructura del relato es guiada por los eventos más que por los personajes. La cinta está compuesta por múltiples flashbacks los cuales saltan de una locación a otra sin previo aviso. Esto sumado al hecho de que el film no presenta un protagonista definido (lo más cercano a eso vendría siendo el personaje de Montand), provoca que por momentos al espectador le resulte algo difícil seguir la trama. Pese a lo dramático del escenario en el cual se desenvuelve la historia, el director procura incluir algunas escenas de humor negro que ayuden a distender un poco la pesada atmósfera del film. Las actuaciones en general son estupendas. El elenco está liderado por un soberbio Yves Montand, que interpreta a este torturador que está plenamente consciente de su papel y del destino que le espera a manos de los guerrilleros. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Pierre-William Glenn es en gran parte responsable del aspecto documental que presenta la cinta, lo que ayuda en cierta medida a que el relato se vea más real. Por su parte, la banda sonora compuesta por Mikis Theodorakis es utilizada en muy pocas ocasiones, por lo que no alcanza a ser realmente relevante a la hora de proveer de una atmósfera específica al film.
Como era de esperarse, “État de siège” no fue bien recibida en los Estados Unidos debido a que declaraba abiertamente en contra de la presunta intervención del país del norte en la política de América del Sur. En aquel entonces, las sospechas de que la CIA jugó un papel importante en el ascenso al poder de dictadores de ultra derecha en varios países de Sudamérica, no pudieron ser comprobadas, razón por la cual tanto las entidades gubernamentales como el público norteamericano reaccionaron de manera violenta en contra del film. El mensaje final de la cinta es frustrante ya que da a entender que las acciones de ambas facciones son completamente inútiles; el gobierno seguirá torturando, los Estados Unidos continuarán entrometiéndose, y las guerrillas continuaran cometiendo actos de terrorismo como modo de protesta. Aunque Costa-Gavras claramente enjuicia el accionar del gobierno uruguayo y de los enviados de los Estados Unidos, también se preocupa de establecer que el asesinato de Michael Santore es un paso atrás por parte de una organización cuyo objetivo es procurar que se respeten los derechos humanos. “État de siège” es una película algo árida, cuyo ritmo pausado y su particular estructura narrativa no la hacen apta para todo público. Sin embargo, su carga histórica y la crudeza de sus imágenes la convierten a mi gusto en un thriller político de visionado obligado.


por Fantomas.


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