Me escribe un tío al que cada día aprecio más. Un suscriptor al que he visto, con el paso de los años, pasar de llegar a este mundo mirando a los lados y pidiendo permiso, a dominar el escenario y mandar a todos callar.
xxx % sobre el precio. Venta en 35 min. XXX € de comisión para mí.
No le paso el coste del café a la empresa. Prefiero usar esos minutos para hacer dos llamadas.
Por supuesto, no hubo propuesta. Vamos a dejarnos de slides que lo único que hacen es desviar la atención. Vamos al cierre, cojones.
Esto es así.
Una vez pillas la marcha tu cerebro conecta con el funcionamiento del mercado y vas a velocidad de crucero. Y entonces viene lo gracioso. Estás vendiendo como un hijo de puta sin despeinarte y aparecen tiesos muertos de hambre diciéndote que así no se hace.
Y ahí te das cuenta de que es solo el inicio.
Cuando vendes como hay que vender, las cosas fluyen. Si las cosas no fluyen, no vendes como hay que vender.
Cuando fluyes, quien no fluye te mira con cara de circunstancias. Si la gente te sonríe y te dicen que eres muy buen vendedor, no fluyes.
Cada día, un nuevo consejo de ventas, para venderte más, mejor, y como una puta máquina.
Día que estás fuera, consejo que te pierdes para siempre.
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