Te reto.
Sí, a ti.
Te reto a que le eches ovarios a la vida. A que mires al miedo a la cara y le eches un pulso. Y que ganes, joder. A que salgas de tu zona de confort, porque ahí no pasa nada, porque todo lo que merece la pena pasa fuera de ella. Porque si no haces algo por miedo a perder, ya estás asumiendo la derrota ¿Y si gracias a intentarlo lo consigues?
Te reto a que le mandes ese mensaje a ese tío. A que viajes sola. A que corras esa maratón. A que des tú el primer beso en una primera cita. A que escales esa montaña. A tirarte por ese puente (con una cuerda, ¿eh?). A que te mires al espejo y pienses “Estoy como una puta cabra”, y no “Tenía que haberlo hecho”.
A que te apuntes a ese curso. A que abandones el que estás haciendo pero que no te gusta. A dejar las cosas a medias, o a terminarlas, pero sobre todo te reto a empezarlas.
A que vayas a tu jefe y le pidas ese aumento que te mereces. Y si no te lo da, a que cambies de trabajo. A que te vayas a trabajar a otro país. O a que vuelvas al tuyo, si te echaron. Porque un final no es un fracaso, sólo es un bofetón que te espabila y te da otra oportunidad.
Te reto a que hagas realidad ese sueño. Ese y todos. Que los veas allí, aparentemente lejos, y que vayas a por ellos. Con un par. Porque el tiempo que pierdas hoy, jamás lo recuperarás. ¿Y si te mueres mañana? Pues por si acaso, vive la vida con pasión, lucha por lo que quieres, pero nunca te olvides de valorar lo que ya tienes.
¡Prueba suerte! En todo. En lo que sea. Aun a riesgo de cagarla. Porque si la cagas significará que lo has intentado. Y porque son tus límites y te los saltas cuando te sale del coño.
Te animo a caerte. Una y mil veces. Y a levantarte otras mil. Y a que te rías de ti misma, porque si tú te ríes primero, los demás ya no tendrán el poder que otorga hacerlo… y eso, a más de uno, le va a joder, créeme.
Ten hijos. O no los tengas. Dile a ese tío que le quieres. O dile adiós. Mete en tu cama a quien te apetezca. Y a cuántos te apetezca. Di siempre lo que piensas. Haz con tu vida lo que te plazca. Sé tú misma. Aunque eso signifique nadar a contracorriente. Porque quizá la corriente es una mierda. Porque a ti y a mí nos gustan las personas independientes, fuertes y decididas… y nadie más que tú te impide ser una de ellas.
Te reto a que hagas el ridículo. Porque ¿qué es hacer el ridículo? ¿Quién dice lo que debe o no debe hacerse? ¿Lo que debe darnos vergüenza? Pues ¿sabes que te digo? ¡Que a tomar por culo todo! Que te reto a que bailes por la calle esa canción que estás oyendo en el mp3 y que te pone de buen humor. A que le cantes a tu madre el cumpleaños feliz a grito pelao en el metro. A que le pidas el teléfono al monitor de spinning que te pone cachonda. ¡A que hagas! ¡Lo que te salga del potorro! Y a que cuando otros lo hagan no sientas vergüenza ajena, sino admiración, porque no hay nadie más valiente que quien hace lo que quiere y se la suda el qué dirán.
Así que cómprate esos pantalones cortos. Córtate el pelo. Hazte un tatuaje. O un piercing en cada teta. Cambia de estilo. Maquíllate. O sal sin maquillar. Apúntate a boxeo. Pídete de postre ese helado de tres bolas. Y a quién no le guste ¡que le jodan! Porque es tu vida y vas a hacer con ella lo que te dé la jodida gana. ¡Y a la mierda lo que opinen los demás!
¡Échale morro a la vida! Porque tener morro es no tener miedo, es ser valiente. Así que te reto a volar. A que tus temores no te aten, a que tu coraje te impulse. A que te sientas libre. ¡A que vivas, joder! Hasta el día que te mueras. Porque te vas a morir. Pero que sea habiendo vivido.
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