Revista Comunicación

Teletrabajo para la eficiencia

Publicado el 05 noviembre 2019 por Solano @Solano

¿Usted qué haría con tres horas más al día? Los días no van a ser de 27 horas pero muchos podrían optimizar sus 24 si no dedicaran esas tres horas que pierden en el transporte entre el hogar y el trabajo.

Al año, millones de colombianos pierden 312 horas (13 días) por ir sentados, o peor aún, de pie a sus lugares de trabajo y regresar en la noche en la misma condición, pero más cansados.

En Colombia nos encanta valorar el indicador Valor/Hora/Hombre, pero lo que realmente le mueve las fibras a muchos empresarios es premiar el “Valor/Hora/Nalga”.

Sí, a muchos jefes en el sector público y en el privado aún les cuesta esfuerzo entender que aunque no estén viendo sentado a su empleado, éste podría estar trabajando para su empresa desde la casa, un café o un parque público.

La nueva economía se mueve, entre otras cosas, porque las TIC facilitan procesos que les permite a los equipos de trabajo, desarrollar tareas sin importar la ubicación o mejor aún, gracias a ella.

Con prácticas como el teletrabajo ganan los empleadores al poder optimizar/reducir sus espacios físicos, consumir menos servicios, evaluar el trabajo por resultados y no por tiempo dedicado y, por supuesto, ser más productivos; son recursos que podrían invertirse en otras necesidades de la organización. Pero también ganan los trabajadores al tener mejor salud y dedicar más tiempo a la productividad, a la familia o al descanso (que se pierde por tener que madrugar más para embutirse en el tráfico).

Esto sin contar con que estimular el teletrabajo a niveles masivos puede ser una gran cuota en la solución a problemas de movilidad en las ciudades. Si hay menos gente desplazándose por la ciudad, las vías fluyen mejor; ganan las vías con menos desgaste de los materiales, así como gana el medio ambiente al producir menos material particulado.

Obviamente, no funciona en todos los sectores, pero muchos sí pueden. Aquí el gran reto para patronos y empleados es trabajar en la confianza, la moneda más difícil de transar, pero la que más valor aportaría a nuestro desarrollo como sociedad.

Nota: columna publicada originalmente en Vanguardia el día 17 de octubre de 2019


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