Hay una frase que puede sonar un poco dura al principio, pero que encierra una gran verdad cuando hablamos de priorizar:
Tenemos que ser efectivos, no afectivos.
No significa que debamos dejar de ser empáticos, amables o considerados con los demás. Todo lo contrario.
Significa que, si queremos avanzar en lo que verdaderamente aporta valor, no podemos decidir qué hacer en cada momento en función de lo que nos hace sentir más aceptados.
Somos animales sociales. Por eso, muchas veces respondemos antes al mensaje de quien insiste más. O decimos que sí inmediatamente a una petición que acaba de llegar porque nos da miedo quedar mal.
Queremos ser útiles. Queremos que los demás cuenten con nosotros. Queremos que nos vean disponibles, resolutivos y colaborativos. Y eso, en sí mismo, no es malo.
El problema aparece cuando esa necesidad de agradar nos impide decir tres palabras fundamentales:
«Ahora no puedo.»
O, incluso, una versión más precisa:
«Ahora no es el mejor momento.»
Muchas personas no tienen un problema de organización. Tienen un problema de límites.
Saben qué deberían hacer, pero les cuesta protegerlo. Saben qué aportaría más valor en este momento, pero lo abandonan para evitar una conversación incómoda. Saben que deberían decir que no, pero acaban diciendo que sí para no decepcionar.
Y cada «sí» que damos por presión, por culpa o por miedo a no gustar, suele ser un «no» silencioso a algo que tal vez aportaba más valor.
La empatía también empieza por uno mismo. No lo olvides.
La frase «sí, pero ahora no» no tiene por qué ser una falta de compromiso. Puede ser, precisamente, una muestra de responsabilidad.
Decir «ahora no» significa: quiero hacerlo bien, no de cualquier manera. Significa: estoy respetando aquello que en este momento va primero. Significa: no voy a sacrificar lo correcto solo porque algo acaba de aparecer con más ruido.
Conviene insistir en esto: ser efectivo no significa ser distante, egoísta o insensible.
- Se puede decir que no con respeto.
- Se puede decir «ahora no» con amabilidad.
- Se puede proteger lo que aporta valor sin despreciar a nadie.
- Se puede ser firme y humano al mismo tiempo.
De hecho, una persona que siempre dice que sí acaba fallando más. Porque se sobrecarga, llega tarde, trabaja peor o incumple compromisos.
La falta de límites, aunque nazca de una buena intención, termina generando frustración.
Y ahora quizá estés pensando:
- «En mi trabajo esto no se puede.»
- «No conoces a mi jefe/a, compañeros/as, clientes/as…»
Puede que sea verdad.
Pero también puede que este pensamiento sea la forma elegante que has encontrado para no tener que incomodar a nadie.
Tú sabrás.
Poner límites no siempre genera conflicto.
A veces, lo que genera conflicto es no haberlos puesto antes.
No se trata de ser menos colaborativo. Se trata de dejar de confundir disponibilidad con valor.
Cada vez que dices «sí» solo para evitar una tensión, quizá estés confundiendo efectividad con afectividad.
¿Te identificas con esto?
En OPTIMA3® trabajamos sobre estas dinámicas que hacen que muchas personas y equipos confundan disponibilidad con valor.
Priorizar trata también de ganar claridad para poder decidir qué merece atención en cada momento.
Si quieres abordar este tema en tu organización, podemos trabajarlo en una charla sobre priorización realista.
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