Yo reconozco que con cada primavera algo se remueve dentro de mi y mi amor por la ciudad condal, la ciudad de mi vida, la que me ha visto nacer y crecer, renace como esos árboles cuyas hojas vuelven a salir, verdes, tiernas, brillantes. Mi querida B. Mi chica bañada de agua salada, mi hogar, mis calles góticas, mezcladas con millones de épocas, millones de historias, millones de gente distinta. Mi querida B, la que me acuna en sus noches de incendio, en sus días templados, en su vida explosiva. Llevo una época que lo único en lo que pensaba era en divorciarme de ella, de huir, de quemarla antes de marcharme para no poder volver nunca.
Ahora sigo pensando en esos grandes números de escapismo, pero ya no de esa manera mortífera y llena de rabia. Creo que esta primavera temprana está haciendo que me reconcilie, un poco más que otras veces, con Barcelona, que no la odie tanto, que si me marcho será sin hacernos daño; ni ella a mi, ni yo a ella. Así que como hoy estoy de buen humor y Barcelona está tan guapérrima, os dejo unas fotos primaverales de la ciudad,
