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La experiencia en The Rock, A Food for Senses Restaurant, comienza con su ambiente sobrio, romántico y silencioso, formal y elegante. Dentro del comedor principal se escucha sutilmente el pasar del Río Caldera. Ofrece dos ambientes: una terraza en la parte de atrás, que da hacia el río, y el comedor principal, que posee una chimenea para los días fríos (rima y todo).
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Pan de la casa
La lista de vinos es apropiada y bien surtida. El menú ofrece unas once opciones de entradas. Luego una sección de emparedados y sopas, que consiste de otras ocho o nueve opciones. Siguen las especialedades de la casa, que ofrece unas quince opciones. Finalmente una selección de cinco atractivos postres.
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Almejas y vegetales salteados en sauvignon blanc
De entrada, opté por las almejas y vegetales del huerto salteadas en sauvignon blanc. El plato consistía de almejas en su concha, servidas en un caldo de vegetales y adornada finamente con zanahorias, habichuelas, cebollas y espárragos verdes, todo cortado en julianas bien finas. El caldo vegetal armonizaba deliciosamente bien con los bivalvos, y de hecho, el maridaje con el Cabernet Sauvignon no estaba nada mal, si recuerdan que ciertos aspectos de esta cepa una vez vinificada consiste casualmente de razgos vegetales. Al final de la experiencia, en el plato permaneció una buena porción del caldo, el cual era fácilmente accesable con la cuchara sopera que venía en la presentación, pero decidí sumergir el delicioso pan de la casa dos veces, y me conformé.
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Filete de res coronado con setas silvestres
Para main course elegí el medallón de filete de res coronado con setas silvestres. La presentación era formidable y muy apetitosa, compuesta de un generoso corte mignon de filete, con un corte mariposa por el medio para dar cabida a las suculentas setas preparadas en salsa cremosa. El plato iba muy bella y ricamente adornado con dos trozos de tocino perfectamente crugiente, y un espárrago verde. Todo esto iba colocado sobre una cama de puré de papas. Alrededor de esta creación, el chef adornó dibujando un círculo de pesto de perejil y otro de tocino desmenuzado. El corte de carne estaba cocido con precisión impecable a mi usual preferencia de tres cuartos. Debo decir que este plato lo disfruté muy lentamente, bocado a bocado, y con el buen maridaje del vino cabernet.
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Dúo de Créme Brûlée
Después de esto quedé tan lleno que decidí tomar una pausa como de una hora, antes de ordenar el postre. Esa hora hubiera sido formidable para la buena conversación, excepto que yo fui a cenar sólo, esa noche. De postre pedí el Dúo de Créme Brûlée, tradicional y fusionado con café. Junto con esto pedí una copa de vino Porto Sandeman. En efecto la experiencia del postre fue, como reza el lema filosófico de este lugar ¡sensacional! ¡Food for senses! ¡Alimento para los sentidos! La pareja de Crémes armonizaban entre sí como un bello dúo musical. Probaba de uno y del otro con mi cucharita, y luego introducía en mi paladar un poco del Cabernet Sauvignon que había conservado en mi copa para el final, y para el éxtasis degustativo, pequeñísimas y seductoras cuotas del voluptuoso porto.
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