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Tiara y el Sapo -Disney vuelve a sus raices-

Publicado el 04 marzo 2010 por Cinefagos

 Tiara y el Sapo -Disney vuelve a sus raices-

La animación tradicional de la popularísima productora Disney acabó en el baúl de los recuerdos hace unos años. En parte porque ya no captaba al público que había disfrutado con películas como “El Rey León” o “La Bella y la Bestia” (nos situamos en la “nueva ornada” que inauguró “La Sirenita”), y es que producciones como “Hermano Oso” o “Zafarrancho en el Rancho” no eran precisamente -aún con la firma de Disney- contenedores de la esencia que tantos niños -y adultos- pudieron disfrutar en sus buenos tiempos. Sí, había animalitos de por medio. Y sí, había secundarios cachondos y divertidos (a veces eso es un decir). Pero no era lo mismo, le faltaba algo. A eso habría que sumar la animación digital (una cosa es que la escena de baile de Bella y Bestia utilice ese medio y otra cosa que se haga la película enteramente con esa tecnología) está en auge desde hace años. De ahí que los “Chicken Little” o “Bolt” -entre otras- fueran las nuevas apuestas de la empresa de Mickey y compañía.

Hasta que ha llegado “Tiara y el Sapo” y se ha vuelto a los orígenes. Es decir, una princesa (ya llevamos unas cuantas y ahora estan de moda), unos animalitos -en esta ocasión podemos ver cocodrilos, luciérnagas, sapos…-, un villano, numeros musicales y una enemistad entre los protagonistas que dura lo que tiene que durar.

Tiara y el Sapo -Disney vuelve a sus raices-

No voy a negar que mamé y disfruté cine Disney desde mi tierna infancia. “Fantasía” fue una de las primeras película que ví en el cine, por poner un ejemplo. Y luego tambien lloré como una magdalena (menos mal que no fuí el único) con la muerte de la madre de “Bambi”. Luego siguieron muchas otras. Y las que se estrenaron antes de mi nacimiento las conseguí ver en su formato doméstico. Es innegable que tienen sus aciertos y sus fallos. Muchos han criticado la manipulación que conllevan dichas producciones, así como el mimetismo entre unas y otras, las cuales basta cambiar un par de cosas y pueden acabar pareciendo iguales o los supuestos plagios (véase “El Rey León”). Pero no seríamos del todo justos tirando enteramente por tierra una productora que ha ofrecido una excelente calidad en sus largometrajes, así como el entretenimiento. Tiene películas buenas, malas y regulares. Y “Tiara y el Sapo” estaría en ese ecuador -siempre bajo mi punto de vista, evidentemente-. No me llegó tanto como otras, pero tampoco ha sido un desastre que pueda alejarnos de nuevas producciones made in Disney al estilo tradicional. Económicamente incluso ha funcionado bien, sin romper en taquilla como sus competidoras digitales, eso sí.

Quien haya visto la película que nos ocupa sabrá que es cien por cien Disney, de principio a fin. Si nadie te dice que es de dicha empresa seguro que la relacionarías a las primeras de cambio. No en vano tiene todos los elementos distintivos que durante años han ido dejando en sus películas. Uno de los cambios (comentado en algunos medios) ha sido introducir por primera vez a una protagonista de raza negra, con sueños de prosperidad (quiere montar un restaurante en memoria de un pariente cercano fallecido) y una forma positiva de ver la vida que seguro que haría que la contrataran en la actualidad para algún anuncio chorras tipo “entre todos podemos remontar la Crisis” o algo parecido (ese anuncio -real-  que vemos en la televisión es absolutamente deleznable e insultante. Si no que se lo digan a los que veo dormir en los cajeros automáticos a ver qué responderían). Al mismo tiempo tiene una relación de amistad (se ve desde su niñez hasta su adolescencia) con una niña rubia y ricachona, a la cual su padre le concede todos los caprichos. Lo mejor de todo es que no han ido a lo fácil. Osea, que no hay una rivalidad al pasar los años, si no más bien una fiel y sincera amistad que podemos disfrutar a lo largo de la película, aunque las escenas de ello más bien sean escasas.

El príncipe en esta ocasión tiene más protagonismo, no olvidemos que es uno de los protagonistas principales, que en otras películas de la factoría (véase “Blancanieves”, en la cual sale escasos minutos). Aunque la mayor parte convertido en sapo, todo sea dicho. De ahí que nuestra protagonista que ve la vida (no sin esfuerzo) de color de rosa tenga sus más y sus menos con alguien que tiene algunos pensamientos enfrentados a los suyos. Algo que no sólo se ha visto en el campo de la animación, si no en cualquier película que se precie a la hora de mostrar un reencuentro amistoso y verdadero entre los personajes.

Los secundarios los tendría que tildar de sosetes. Es lo primero que me ha venido a la cabeza. No tienen esa “magia” y ese divertimento que me produjeron otros. No podían ser excluídos en esta película porque son inamovibles, pero ni el cocodrilo músico, ni la luciérnaga, me hicieron reir como antaño. Quizás me hago viejo en ese aspecto o quizás el tratamiento que le dieron no me convenció demasiado.

El malo, que sería de una película Disney sin ellos, sí llega a acojonar en algunos momentos. Y es que enfrentarte a un sacerdote vudú tiene su cosa. Lástima que no se prodigue tanto como me habría gustado. Y eso que sale cuando tiene que salir y quizás en exceso habría llegado a ser innecesario.

Una vez más los numeros musicales (Disney ha tenido algunos geniales y además…) hacen acto de presencia. Algo que me pilló desprevenido ya que en estos tiempos es cosa rara verlo en el cine de animación. En algunos momentos parecen metidos con calzador, para vender esa parte de la película aparte y llenar las arcas del creador de Donald, pero todos sabemos como funcionan las cosas,  tanto en Disney como en el resto de producciones cinematográficas. Si hubiesen prescindido no habría pasado nada, por lo menos en esta ocasión.

¿Por qué no me llegó tanto como otras películas? ¿por qué no me llenó? Pues es Disney. Y como he dicho tiene películas excelentes y otras de peor calidad (nadie tiene una filmografía impoluta). Las cosas buenas que alberga no llegan al nivel de las “clásicas” por decirlo de alguna manera. Quizás al hacer esa comparación, justa o no, salga perdiendo “Tiara y el Sapo”. Pero es evidente y necesario que sigan haciendo esa animación tradicional y pueda tener su sitio entre tanta producción digital. Que no se pierda esta forma de ofrecer animación clásica.

 

Fdo: Snake  

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