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Trece reglas para estudiantes de psicología

Por Davidsaparicio @Psyciencia
Trece reglas para estudiantes de psicología

Hace algunos años me encontré con un artículo de Steven Hayes en The Behavior Therapist (Hayes, 1998) que me resultó extremadamente simpático. En él, Hayes enumeraba 13 reglas o recomendaciones para estudiantes graduados de psicología -esto es, personas que terminaron la formación básica en psicología y están siguiendo una carrera académica (léase investigación), pero me parecieron buenas recomendaciones para psicólogos en cualquier etapa de la formación.

Dado que una buena parte de los lectores de Psyciencia son estudiantes o psicólogos en formación, me pareció una buena idea compartir el texto con ustedes. Se trata de reglas para el éxito académico, pero está claro en el texto que el éxito del cual habla Hayes es multidimensional, más vinculado con la curiosidad, con los vínculos con la comunidad académica, con el proceso de investigar y de aprender, que con los resultados materiales del éxito.

Hayes aclara, y me permito enfatizar, que las 13 reglas son opiniones a tener en cuenta con liviandad, y señala que él mismo viola alguna de estas reglas casi todos los días, de manera que no las lean como leyes sino como sugerencias de un colega experimentado, uno que ha estado transitando la vida académica durante varias décadas, con más de 35 libros y 500 artículos publicados.

A continuación, una traducción y adaptación del texto de Hayes.


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Regla 1: Interésense por el proceso, no sólo por el resultado

Pocos de nosotros resultarán exitosos súbitamente. Más probablemente se trate de pequeños pasos, y las piezas irán cayendo en su lugar una a una. Las pequeñas cosas pueden resultar cruciales, a medida que las habilidades y el conocimiento se combinan de formas inesperadas. Simplemente no podemos predecir cuál de nuestras acciones en un momento determinado hará avanzar nuestra carrera.

Esto crea un dilema. Si el éxito (en tanto resultado), es algo muy importante, probablemente nos perdamos de los procesos que podrían producirlo. Por ejemplo, supongamos que un profesor propone un tema interesante sobre un área intelectual fuera de tu interés actual. Si el foco en el éxito es demasiado dominante habrá una tentación a cerrarse intelectualmente, y se perderá la oportunidad de aprender algo que podría ser importante luego.

Los profesionales exitosos tienen una riqueza que viene de estar abiertos a momentos así, y una cualidad de consistencia que se sostiene en una tendencia general a interesarse. Tienden a interesarse por una amplia variedad de cosas en el campo y enfatizan el valor intrínseco de las tareas. Están moviéndose hacia resultados todo el tiempo, pero no olvidan el valor del procesos.

Tengo una palabra favorita para esto: jugar. No la uso para trivializar las tareas involucradas, sino para señalar las fuentes de las consecuencias que mantienen esa acción y su calidad. La mejor razón para formar parte de un grupo de discusión, asistir a un congreso, o hacer investigación es para jugar profesionalmente. Es la “mejor” razón porque involucrarse lúdicamente en un proceso es algo que siempre es posible. Los resultados concretos de esas actividades (por ejemplo, conseguir un trabajo, dinero, reputación, prestigio, etc.), cuando lleguen, y si llegan, serán sutiles y demoradas. Si dependen de esas consecuencias para mantener esas actividades van a terminar abandonándolas.

Stephen Jay Gould es un ejemplo de lo que puede suceder si toman el juego intelectual seriamente. Sí, es un paleontólogo. Pero también ha escrito maravillosamente sobre psicología, baseball, arquitectura, y el sentido humano del milenio. Es obvio que disfruta su propio juego académico. Como todo juego, sigue las reglas: conoce su evidencia. Los mejores estudiantes con los que he trabajado son los que hacen cosas como quedarse hasta las tres de la mañana trabajando en una presentación para un grupo sólo porque la tarea en sí parece importante, aún cuando pareciera que no lo es. Y crucialmente, muestran el mismo interés al escribir una rima absurda o al discutir un punto oscuro en filosofía de la ciencia. Y sospecho que Stephen Jay Gould era un estudiante así.

Regla 2: Hablen y escriban – mucho

La ciencia es una actividad mayormente verbal. Los científicos deben hablar, escribir, persuadir y debatir. La única forma de volverse habilidoso en el desempeño verbal profesional es practicarlo. Hablen en clases. Hablen en los congresos. Hablen en los pasillos. Escuchen y respondan. Propongan y consideren. Discutan. Compartan ideas. Si creen que tienen algo para decir, díganlo. Si están considerando algo para decir y les preocupa que no valga la pena, díganlo de todos modos. El silencio crónico temeroso es el peor enemigo de un científico joven, y es sorprendentemente común. Al menos la mitad de los estudiantes maravillosamente brillantes que incorporamos a nuestro departamento rara vez hablan en clase, y en mi experiencia eso es un terrible predictor si se mantiene.

Ahora bien, es cierto que el silencio pensativo ocasional es una buena cosa. Deben aprender a discriminar cuándo hablar y cuando escuchar. Pero francamente es mucho más fácil callar una boca ruidosa que hacer arrancar una boca muda, de manera que esa distinción se aprende con más facilidad desde ese extremo.

Lo mismo aplica a la escritura. Escribir con facilidad viene de la práctica, pero muchos estudiantes parecen pensar que esta “práctica” debe consistir en leer, pensar, resumir o planificar. Son cosas importantes, pero para volverse hábil en escribir profesionalmente es necesario escribir. Hay que poner palabras en un papel y ponerlas frente a una audiencia. Si escriben un trabajo para una clase, escríbanlo como si fueran a publicarlo. Y luego intenten publicarlo.

Regla 3: Digan “sí” con facilidad y sosténganlo

Tempranamente en su carrera deberían exponerse a distintas cosas. Necesitan expandir su repertorio. Si alguien les habla sobre un proyecto interesante digan “hagámoslo”. Si alguien necesita ayuda con un proyecto, digan “sí”. Y sosténgalo. Hagan más de lo que se espera. Si su parte del proyecto consiste en diseñar un software, háganlo para mañana en lugar de la semana próxima, y háganlo con algunos adornos. Si han acordado ordenar el laboratorio, háganlo con elegancia.

Regla 4: Trabajen con otros y compartan

Pueden aprender mucho de los demás. Nos empujan y enseñan cosas nuevas. Por eso colaboren. Formen equipos. Hagan redes. Den más de lo que pidan.

Lo que habitualmente evita la colaboración es el temor de que alguien se aproveche de uno. Eso es posible, pero si se empeñan demasiado en evitarlo van a matar la colaboración. Preocúpense por el orden de los autores en una publicación sólo cuando sea el momento para eso, e incluso entonces háganlo con flexibilidad. En el panorama amplio no importa demasiado si terminan como tercer autor en lugar de segundo. De manera similar, si alguien más obtiene crédito por “tu idea”, bueno, debería haber muchas más en el lugar del cual salió esa si aprovechan todo lo que los demás tienen para enseñarles.

Regla 5: Mantengan sus compromisos

Esta es la regla más importante de todas. Esta regla separa a los estudiantes que avanzan de los que no más que cualquier otra, pero su valor no será aparente hasta que lo hagan. De manera que traten de resolver cómo mantener sus compromisos. Establezcan un programa, háganlo una cuestión de vida o muerte, secuestren a su abuela. Háganlo. Por supuesto, nadie puede sostener sus compromisos todo el tiempo. Bien, pero cuando tropiecen, vuelvan y hagánlo al 100%. Rompo esta regla casi todos los días. Aun así, sigo luchando como un tigre para mantenerla.

Regla 6: Ni siquiera los perros orinan en sus propias camas

En cierta medida, el resultado del “éxito” es algo mayormente social: que las personas piensen bien de uno y de su trabajo. Todos tenemos miedo de fallar, y los estudiantes tienen la carga extra de la dependencia combinada con un cierto grado de impotencia. Una forma horriblemente seductora de lidiar con ese miedo y esa carga es a través del cinismo, las críticas, paranoia, chismes, etc. Por ejemplo, los estudiantes pueden quejarse entre sí sobre su programa, o sobre tal o cual docente, pero no abiertamente cuando algo podría hacerse. Comienzan a juntar un grupo (por ejemplo, con otros estudiantes), en el cual todos estarán de acuerdo en que las cosas son terribles, que nadie puede cumplir con las exigencias del programa, que los docentes son tarados de todos modos, y así. El efecto es que a) obtienen una versión light de los beneficios sociales del éxito (una comunidad verbal que los apoye), pero sin logros, b) el control sobre la comunidad verbal científica y el programa en que están se reduce, y c) pueden sentirse justificadamente mal sobre el lugar en que están. Han creado una comunidad social en la cual cada persona recibe apoyo por hacer algo que no funciona. Se siente bien pero no va a ninguna parte.

He visto este proceso destruir el entrenamiento de muchos estudiantes. Algunas veces luego de un año, más o menos, se dan cuenta y pueden sacarse. Algunas veces abandonan el programa. Lo más trágico les pasa a aquellos que hacen su entrenamiento con poca dedicación (pero enojados secretamente), y años después se dan cuenta de que desperdiciaron su oportunidad. La solución está en rehusarse a hacerlo, a alejarse cuando otros tratan de incluirlos, y en tomar responsabilidad por sus carreras. Después de todo, ni siquiera los perros orinan en sus propias camas.

Regla 7: Reconozcan su propio poder y actúen en consecuencia

Déjenme decirles algo increíble: pueden tener un enorme impacto en su disciplina. No estamos hablando  de áreas que requieren quichicientos millones de dólares para un supercolisionador superconductivo para poder hacer una buena investigación. Estamos hablando de áreas que son jóvenes y accesibles, en las cuales incluso una sola persona puede tener un gran impacto. Los estudiantes que no avanzan se retirarán asustados de este enunciado (ver la regla anterior), o confundirán los sueños con la acción. El estudiante exitoso reconocerá su propio poder y actuará vigorosamente para hacerlo manifiesto. Sobre este punto, esta cita del discurso de inauguración de Nelson Mandela me gusta particularmente:

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que seamos inconmensurablemente poderosos. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que nos atemoriza. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres hijo de Dios. Jugar a ser pequeño no le sirve al mundo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas no se sientan inseguras a tu alrededor. Nacemos para hacer manifiesta la gloria del universo que está dentro de nosotros. No está solamente en algunos de nosotros: está en de todos y en cada uno. Y mientras dejamos brillar nuestra propia luz, le damos permiso a otros para que hagan lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia libera a los demás.

Regla 8: Reconozcan su propia finitud y actúen en consecuencia

No saben cuánto tiempo tienen en este planeta. Sin importar cuántos años sean, el tiempo es breve. Les pido a mis estudiantes en el área de investigación que estén concientes de esto y que traten de hacer un trabajo que sea a la vez entretenido e importante. Por ejemplo, en ocasiones estudiantes vienen con ideas de investigación que son variaciones menores de lo que alguien ya ha hecho en la literatura. Es como si pensaran que eso es a lo único que pueden aspirar (vean la regla anterior), o como si pensaran que tienen todo el tiempo del mundo. Mi pregunta a los estudiantes en esa situación es: “supongan que, sin saber cuáles, sólo tienen permitidos dos o tres estudios de investigación antes de morir. ¿Querrían gastar uno en ese estudio?” Los estudiantes exitosos aspiran a tener un impacto en el tiempo que tienen.

Regla 9: Conéctense con las personas que saben más que ustedes.

Hay una tendencia de los estudiantes a pensar sobre los profesionales experimentados y exitosos en una de estas dos maneras, ambas erróneas: como personas en un pedestal o como dinosaurios a derrocar. Los estudiantes menos exitosos tienden a acercarse al primer error, los que son un poco más exitosos tienden al segundo. Pero la reacción más útil es verlos como personas que se han ganado respeto a través de su esfuerzo y sudor, de las cuales pueden aprender. Con algunas excepciones, los profesionales conocidos suelen ser amables, trabajadores e inteligentes. Esto no es sorprendente, no serían conocidos si no lo fueran.

Conozcan a los líderes de su campo. Escuchen sus charlas. Hablen con ellos en las fiestas. Escríbanles. Envíenles copias de su trabajo si eso parece apropiado.

Crear redes les ayudará a crear un foro para sus ideas. Los estudiantes que avanzan tienden a usar sus contactos intelectuales para crear oportunidades para jugar. Por ejemplo, incluso estudiantes en niveles iniciales pueden organizar un simposio y participar en él. Si pueden conseguir personas conocidas para que estén en su actividad van a elevar el nivel de su charla. Entonces solo tienen que dar una buena presentación, que a su vez les permitirá conectarse con otros acerca de sus ideas.

Regla 10: Mantengan su integridad

Auto-reportes anónimos dicen que una gran proporción de estudiantes han hecho trampa en la facultad en algún momento. Quizá fuera para pasar un examen o para obtener una mejor nota en un trabajo. Los estudiantes en entrenamiento saben que la ciencia supuestamente debe estar por encima de eso, pero pasamos poco tiempo lidiando con las realidades humanas que llevan a hacer trampa, y en lugar de eso preferimos moralizar. Es muy raro que siquiera se hable de esto, y como resultado la mayoría de los estudiantes no se dan cuenta de qué tan extendida es la tentación de hacer trampas en ciencia.

Para publicar un trabajo o conseguir una beca es tentador descartar algunas partes aisladas o cambiar un criterio de exclusión luego de una investigación. Incluso pueden justificarlo, pero las soluciones que están en una zona gris pueden llevar a hacer trampas contantes y sonantes. He visto carreras altamente prometedoras ser trágicamente destruidas por este proceso.

De manera preventiva, ayuda el enfocarse en el proceso, no en el resultado (regla 1). Estén atento a las cosas que pueden llevar a una presión interna para tomar atajos, especialmente una orientación excesiva e innecesaria hacia los resultados. Por ejemplo, nunca hagan un estudio “para demostrar X”, y si se encuentran usando esa frase, edítenla inmediatamente. Háganlo “para ver si X es así”. Querer estar en lo correcto es su enemigo. Querer un resultado específico es su enemigo. Querer hallar algo es su enemigo.

Si nos enfocamos por ahora en los estudiantes de ciencia (y no los usuarios de ciencia, otro asunto importante), el costo humano más trágico de hacer trampas en ciencia no son las carreras destruidas –después de todo, la mayor parte de los tramposos saldrán impunes. El costo es este: si violan su integridad para lograr un resultado particular, incluso en cosas pequeñas, encontrarán la actividad en sí misma menos recompensante. Siempre resulta así. Lo lúdico desaparece. Se convierte en un medio para algún otro fin. La ciencia ya no es divertida.

Regla 11: Sigan su inspiración

Los estudiantes exitosos son confiados. No digo que necesariamente se sientan confiados. Digo que siguen su inspiración: son fieles a sí mismos. Esto es confianza-como-acción (con-fianza, significa “con fidelidad”). Sean fieles a ustedes mismos. Si tienen una mezcla inusual de intereses, quizá esa mezcla los lleve a cosas nuevas e interesantes, aún cuando alguien les diga que tendrían que enfocarse en algo más seguro. Tomen el riesgo. Si los preocupa, construyan una red de seguridad. Pero no traicionen lo que les parece importante a ustedes. Van a pagar caro si lo hacen porque traicionarse a ustedes mismos se va a llevar su brújula para disfrutar la ciencia. Y sin una brújula se pueden perder.

Regla 12: Digan “no” con facilidad y sosténgalo

A medida que su carrera progrese, naturalmente van a limitar su enfoque. Es la única forma de mantener calidad. A medida que se enfoquen, aprendan a decir que no. Establezcan prioridades. Adhiéranse a ellas. Todavía estoy aprendiendo esta regla (de hecho lo estoy haciendo cada vez más, pero las distracciones y pedidos también se incrementan  por lo cual nunca tengo suficiente Regla 12 para que la Regla 5 llegue al 100%).

Regla 13: Abran su correo, devuelvan sus llamadas telefónicas, y mantengan su escritorio limpio.

Oh, bueno. No todas las reglas pueden seguirse.

Ilustración de: Bunkergraf

Referencias

Hayes, S. C. (1998). Thirteen Rules of Success: A Message for Students. The Behavior Therapist, 21, 47–49.


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