Revista Cultura y Ocio

Un sueño dentro de un sueño

Por Calvodemora

Viene a ser un cuento de ciencia-ficción en el que se incluyen grumos más o menos gruesos de novela decimonónica. Yo me levanto por la mañana y recuerdo con pasmosa precisión el sueño que tuve. La vigilia me consuela. Debió ser uno de esos sueños terribles que, al desvanecerse, hacen que agradezcas hasta la más mínima trama de la realidad y agradezcas el trino de los pájaros y el azul del cielo a través de la ventana. Estoy en un palacio o es la idea que tengo de un palacio o la que tengo de un sueño. Me saluda alguien tan parecido a mí que no aprecio que en realidad soy yo mismo el que se ha acercado a saludarme. La paradoja de que ande por ahí duplicado no me solivianta mucho. Tampoco me perturbo cuando una tercera persona idéntica a mí en todo me dice si estoy bien, a pesar de las circunstancias. Remarca lo de las circunstancias con una voz más impostada, como si la recitara o pretendiese que yo salga de mi marasmo y le atienda. No se me ocurre qué decirle. He hablado tanto conmigo mismo que prefiero encontrar el momento idóneo y explayarme sin prisas. En un jardín que se divisa desde la ventana a la que me asomo, mis desdoblados platican la mar de felices, hasta se ríen. Unos se parten más que otros. Cuento y me da que hay seis. Visten igual, el mismo pijama con una nave imperial de Star Wars estampada en tonos plateados. Me empiezo a preocupar cuando abandonan el círculo de las risas y vienen hacia la ventana. Lo hacen en formación militar. Mueven los brazos con una coreografía marcial. Entran en el palacio. Se les oye a lo lejos. Las botas atruenan en el piso. Entran en la habitación. Yo sigo en la ventana. Entonces cierro los ojos. No está lo que no veo, es un sueño, no son de verdad, no son desdoblados míos, no soy yo varias veces. El hecho de que sea yo mismo el que intente causarme daño hace que no me aterrorice del todo, ya ha pasado eso antes. Creo que, puestos a que llegue un momento trágico, un instante que separe la vida de la muerte, mi yo hostil flaqueará, no habrá punción ni tendré que gritar por si hay alguien más en el palacio y acude a socorrerme. No hay más que contar, nada más que ahora pueda recordar sin que introduzca la ficción. Literatura realista. La realidad también funciona en los sueños. No cabe argumentar si es más fiable que la tangible, la constatada y mesurable, la que nos depara la vigilia. El oficio de contar los sueños es siempre defectuoso. No hay trama o la hay fragmentaria y quebradizamente.


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