Revista Cultura y Ocio

Una apesta y la otra duele

Por Aceituno
Madrid centro. Fotógrafo: Daniel Ramos. apesta otra duele

Las mentiras. Estoy convencido de que el 95% de la gente, como mínimo, afirma que la mentira es una de las 5 cosas que más detesta en la vida. La pregunta, por tanto, es obligada: ¿por qué carajo miente todo el mundo? Les mentimos a nuestra pareja, a nuestros amigos y familiares, a los niños, al jefe, a la portera y a la padre que los parió a todos. Nadie se libra, todo el mundo miente y todo el mundo es mentido.

La cosa merece, como mínimo, una reflexión.

En primer lugar, se me ocurre que cuando la gente miente lo suele hacer por diferentes motivos: por necesidad, por placer, por maldad, por envidia, porque sí… demasiados motivos como para analizarlos uno a uno, pero sí hay algo común en este sentido y es que casi todo el mundo opina que las mentiras piadosas están bien. Claro, están bien excepto cuando uno mismo es el mentido. Porque, en esto estaremos todos de acuerdo también: a nadie le gusta que le mientan, ni siquiera cuando es una mentira piadosa. Curioso eufemismo este de la mentira piadosa, inventado para suavizar el hecho de que te la están clavando sin anestesia local ni dulces susurros en la oreja.

Debemos tener en cuenta un aspecto que creo que también gozará del consenso común y resulta crucial en todo esto: los seres humanos no toleramos la verdad. ¿Lo veis? Cada vez es más complicado. Por un lado no toleramos la verdad y por otro lado no toleramos la mentira. Estamos todos locos, por eso son tan complicadas las relaciones interpersonales, porque están llenas de matices, de excusas, de sin embargos y de peros, de a lo mejores, de tal veces, de quizases, de síes pero noes y de no sé cuántas ridiculeces más.

El asunto es que ahí está la clave, en esa alergia que le tenemos a la verdad. La toleramos mucho peor que a la mentira, por eso es por lo que tenemos que mentir y por eso se inventó el concepto de mentira piadosa. Si fuésemos con la verdad por delante todo el tiempo, esto sería un verdadero caos, habría insultos y peleas por todas partes y sería imposible la convivencia. Vivir en sociedad implica mentir un poco, ocultar algún detalle, resaltar algún otro, disimular por aquí, divagar por allá y así lograr ese equilibrio mágico llamado paz.

La mentira forma parte de la naturaleza humana. Qué le vamos a hacer. Hay cosas peores, lo que pasa es que tendemos a pensar que la mentira la podemos evitar, que es una simple cuestión de voluntad y que el mentiroso puede dejar de serlo en cuanto quiera pero no nos damos cuenta de que la mentira forma parte intrínseca de nosotros y de nuestra estructura social.

Aceptarlo ya es un buen paso para conocerse mejor uno mismo. Y si no me creen, que cada uno analice las mentiras que dice a diario y piense porqué las dice. Luego me contáis, pero desde ya os digo que todas ellas os van a parecer mentiras necesarias, males menores para evitar conflictos y situaciones embarazosas.

Yo intento mentir lo menos posible y eso me ha conducido a discusiones innecesarias con gente que no se merecía que yo fuese tan sincero.

La mentira apesta y la verdad duele. ¿La solución? Quedarse en casa y ver “The wire” por séptima vez.


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