El día en que consiga una forma tan pobre como lo soy yo por dentro, en vez de una carta, me parece que ya te lo dije, recibirás una cajita de polvo de Clarice. Tal vez el título te parece mansfieldiano porque sabes que últimamente he estado leyendo las cartas de Katherine. Pero creo que no. A las mismas palabras se les da un color u otro. Si estuviera leyendo a Proust alguien pensaría en una lámpara proustiana (¡Dios mío, casi escribo proustituta!), en una de esas pequeñas cosas a las que él da tanto sentido pero sin darle ningún valor sobrenatural. Si estuviera escuchando a Chopin, pensaría que mi lámpara era una de esas de gran salón, con lágrimas de cristal delicadas y transparentes, sacudidas por los pasos de muchachas dolientes y tristes. Lo malo es que naturalmente llego siempre la última, cuando ya todo está hecho. Eso muchas veces me disgusta. Así, cuando estaba leyendo Poussière encontré una cosa casi igual a algo que había escrito yo. Y ahora que estoy leyendo a Proust me ha impresionado encontrar una expresión que yo había usado en La lámpara, con el mismo significado y las mismas palabras. La expresión no es gran cosa, pero ni siendo mediocre se consigue no caer en los otros.
Clarice Lispector
Todas las cartas
Traducción: Elena Losada
Foto: Clarice Lispector
