Revista Ciencia

Una copa contra la pobreza menstrual

Por Yve Ramírez @ecocosmopolita

La regla es algo que sucede a la mitad de la población mundial durante una gran parte de su vida. Sin embargo, la regla no es igual para todas. Muchas mujeres viven en situación de pobreza menstrual en pleno siglo XXI.

De esta certeza, nace el proyecto que te voy a presentar hoy: Taboo, Global Period. Un proyecto de OrganiCup, que tiene como propósito descubrir las implicaciones psico-sociales de la menstruación para adolescentes del mundo entero.

Las implicaciones son muchas, aunque pueden ser difíciles de entender (incluso imaginar) desde el cómodo sofá en el que estás leyéndome. En esta película entran en juego consecuencias económicas, discriminación de género, desigualdad en el acceso a la educación y más.

Casi todo está asentado, sobre todo, en tabúes. Y los tabúes, cuando estás fuera de ellos, parece que no tienen sentido pero cuando los sufres, son una barrera muy difícil de movilizar.

Pobreza menstrual y absentismo escolar

Al entrar a la web de Taboo, Global Period y empezar a leer, un escalofrío te recorre el cuerpo.

Más de 800 millones de mujeres tienen la menstruación cada día.
Sin embargo, 500 millones no tienen acceso a productos de higiene menstrual.

Así es. No pueden pagarse unas compresas, un tampón, una copa menstrual. Así que se quedan en casa, e incluso faltan a la escuela. Por si no tienen bastante desventaja en este mundo por el mero hecho de ser mujeres en medio de comunidades de situación de pobreza.

  • En Ghana, el 20% de las chicas pierden un 20% de los días del curso escolar por la regla, mientras un 95% falta algunas veces.
  • En Kenia, dos de cada tres mujeres no puede permitirse comprar productos de higiene menstrual cada mes.
  • También en Kenia, un 10% de las chicas declara haber hecho “favores sexuales” a cambio de productos de higiene menstrual.
  • Se estima que en el Reino Unido 1 de cada 10 mujeres no tiene acceso a medidas de higiene adecuadas. Me he tropezado con algún artículo que dice que a nivel Europeo se trata de 1 de cada 4 mujeres, aunque no he encontrado una fuente fiable.

Es sencillamente escalofriante.

Cuando llegué en mis lecturas al capítulo de Venezuela, se me hizo un nudo en la garganta. Lo siento, soy humana y cuando la tragedia se mueve a la casa de mi infancia, me duele un poco más hondo aún.

En la Venezuela de hoy un paquete de compresas desechables (si la encuentras en medio de la escasez) cuesta 15 salarios mínimos.

Ya, lo sé. No entra en una cabeza pensante. Y esto según las cifras del momento de la publicación del texto, porque la inflación en Venezuela tiene la poco feliz capacidad de crecer de forma ilimitada.

Esto es lo que se llama pobreza menstual o period powerty por su nombre en inglés. No solo incluye la incapacidad económica de comprar compresas o tampones, sino también la falta de acceso a agua potable, información sobre su menstruación y, en general, educación sobre su propio cuerpo.

Muchas chicas en situación de pobreza menstrual usan trozos de ropa vieja para salir del paso y poder continuar con la vida con un mínimo de normalidad. Claro, con el pánico de vivir la vergüenza de acabar marchándose el pantalón por no contar con una compresa higiénica en condiciones.

Hay las que tienen aún menos posibilidades. En muchas regiones de África se usan aún hoy emplastos de barro, hojas y hasta heces de vaca como medida de “higiene” menstrual. Lo que claramente es poco higiénico y puede acabar en infecciones de toda clase.

Pobreza menstrual y copa menstrual. Joven nepalí en ChhaupadiLas jóvenes nepalís no pueden permanecer en la vivienda familiar cuando tienen la regla

Los miedos son libres

En África occidental es común la creencia de que convivimos con espíritus. Yo no soy nadie para ponerlo en duda, pero los problemas empiezan cuando las chicas tienen que convivir con el temor de que otras personas utilicen la sangre menstrual que quede en sus compresas desechables para rituales de magia negra. Aun si las queman o entierran, tienen miedo de que puedan ser usadas en su contra.

Más allá de maldiciones, la regla suele ser considerada algo impuro y sucio, aunque esté tan directamente asociada a la reproducción. Es decir, a la misma creación de la vida.

Sin ir muy lejos, en la Venezuela de mis tiempos (apostaría que aún hoy, 20 años después también, pero hace mucho que no voy) siempre había alguien que te intentara sacar de la cocina si sabía que tenías la regla. Porque eso podría arruinar más de un plato.

Aunque no fuera una exclusión dramática, hay la superstición de que si haces un pastel cuando tienes la regla, “este no levantará”. Por alguna misteriosa asociación de ideas, también se aplica a hacer una mayonesa o llevar unas claras a punto de nieve. Si “estás en esos días”, la cosa no llegará a buen puerto.

La innombrable regla

“Esos días”, que es mejor no llamar por su nombre. Mejor decir que “vino Andrés”, excusarte diciendo que “estás indispuesta” o, simplemente omitir la palabra: “me ha bajado”. En cada país hay infinitas expresiones que tienen el objetivo de evitar nombrar directamente a la menstruación. En la mismísima Inglaterra aún habla de la menstruación como monthly curse (la maldición mensual).

Volvemos al mismo centro de las supersticiones. Porque podrán decirnos que es una manera de hablar, pero las maneras de hablar dicen mucho de las maneras de pensar.

La regla, religión y otros misterios divinos

La misma Biblia sentencia que la regla nos deja impuras durante 7 días. A nosotras y a lo que toquemos. Quien nos toque solo quedará impuro hasta el atardecer.

Para las mujeres musulmanas, la impureza conlleva unas reglas muy explícitas: nada de rezar, poner pie en la mesquita, tocar el Corán y, claro está, nada de sexo, entre otras prohibiciones.

Pero la manifestación más extrema de los tabúes menstruales (dime, Señor, que sí es la más extrema, por favor) debe ser el Chhaupadi. Por tradición hinduista, en Nepal las mujeres no pueden convivir en la vivienda familiar cuando tienen la regla. Por su “impureza”, son desterradas a una choza rústica, sucia, desprotegida, a merced de condiciones climatológicas extremas, serpientes, alimañas y violadores también. Desde su primera regla.

No pueden beber de la misma fuente de agua, tocar los alimentos que comerán sus parientes y, desde luego, si hay alguna fiesta o evento importante, con suerte escucharán la música desde su soledad. Hogares más progresistas puede que permitan que las niñas duerman en sus habitaciones, pero poco más. Que las reglas están para cumplirlas.

¿Educación sexual?

Es difícil saber si es peor tener tu primera regla con todos estos tabúes y miedos a cuestas, o descubrir un día que estás sangrando, sin tener idea de lo que sucede. Esto último es lo que viven muchísimas niñas de todo el mundo, aún hoy. Porque en sus casas la regla sencillamente no se menciona. Y esto, te recordamos, también es un signo de pobreza menstrual.

Según la web de Period Link, 1 de cada 3 chicas en el sur de Asia no tienen idea de por qué están sangrando cuando les viene la regla por primera vez.

Y al preguntar sobre el tema a chicas en Kenia (donde aún hay muchas comunidades en las que la circuncisión femenina sigue siendo una práctica habitual), Taboo: Global Period se encontró con que 1 de cada 4 chicas no conoce la conexión entre la menstruación y la fertilidad.

Muy relacionado con esto, y volviendo a mi terruño, en el caso de Venezuela 1 de cada 4 niños nace de una madre de menos de 18 años.

Cuando la copa cambia vidas

Casi todo lo que te he contado aquí, lo he descubierto gracias a la web de Taboo: Global Period de OrganiCup. Porque el principal objetivo es este proyecto es dar visibilidad a la situación de exclusión y pobreza menstrual que vive una inmensa parte de la humanidad pleno siglo XXI.

Desde el proyecto, además, le dan voz a quienes son capaces de cuestionar aquello que sus comunidades dan por normal y que les condena a una vida de injusticias.

En estos contextos tan extremos, la educación sexual (de la mano de una buena copa menstrual) puede literalmente cambiar vidas.

Y aquí es donde OrganiCup pasa de la denuncia a la acción.

Organicup, la copa menstrual contra la pobreza menstrual. Period powerty

Por ejemplo, colaborando con entidades como Period Link para lograr que la copa menstrual, que puede llegar a ser literalmente un artículo de lujo, sea una oportunidad real para adolescentes en situación de pobreza.

La punta de lanza de Period Link es velar por una adecuada gestión de la salud menstrual. A partir de la educación menstrual y sexual, promueven igualdad de género, educación y desarrollo económico. Empoderan a mujeres y niñas al tiempo que les ayudan a prevenir infecciones y otros riesgos innecesarios para la salud, que están muy vinculados a la pobreza menstrual.

Organicup, la copa menstrual contra la pobreza menstrual. Period powerty

Gracias a la colaboración de OrganiCup, estas chicas tienen acceso a una solución práctica, segura y de larga vida (una misma copa puede valerse por 10 años), que además les permite conocer un poco mejor su cuerpo.
Para nosotras, en Usar y Reusar, es realmente emocionante pensar que de alguna forma estamos contribuyendo con todo esto desde nuestra pequeña cooperativa.

Nos emocionan empresas como OrganiCup, que tienen como misión cambiar las reglas para hacer de este mundo un lugar un poco más amable. y libre de pobreza menstrual. Paso a paso se llega muy lejos. Lo importante es avanzar.

Acabo comentando que hasta el 31 de diciembre, todas las copas de OrganiCup tienen un 20% de descuento en nuestra web. Por si no te has animado a dar el paso, es una oportunidad de oro.

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