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Una de terror

Por Soniavaliente @soniavaliente_

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Hace unos días que China ha abandonado finalmente la política del hijo único. Una medida de controlar la población en las zonas rurales del gigante asiático, el país más poblado del mundo, y que alberga la quinta parte de la población mundial. Esta cruel medida estuvo vigente desde 1979 hasta octubre 2015 y fue duramente criticada por los desequilibrios sociales, económicos y demográficos que conlleva.

Quién puede olvidar el documental “Las habitaciones de la muerte” de 1995 en el que TVE mostraba las condiciones infrahumanas en las que vivían las niñas en los orfanatos chinos. Algo que se tradujo en una gran demanda de adopciones por parte de familias españolas. Porque un daño colateral de este severo control de la natalidad -pero también, no lo olviden, de la libertad individual- fue el abandono masivo de niñas.

En la cultura asiática, las mujeres siempre han sido ciudadanas de segunda y muchas familias decidían abandonar a la primogénita para, seguir probando suerte, a ver si aparecía el heredero.

Una de terror

Los rebeldes que decidían tener un segundo hijo eran severamente castigados con multas. En esta locura de control, de la mejora de la especie y de la cría, se habla también de eugenesia selectiva. El horror, en definitiva.

Hace apenas un mes, el gobierno del Partido Comunista chino decidía abrir la mano. Las parejas que deseen tener más hijos –la ley ahora limita a dos- podrán cumplimentar un formulario sencillo.

Como buena amante de la ciencia ficción en su vertiente distópica, esta política siempre se le antojó una broma macabra de consecuencias irreversibles. Un paso más allá de 1984 de Orwell, de Un mundo feliz, de Huxley. Una especie de Hijos de los hombres, dirigida por Cuarón, pero a la inversa en la que los individuos no pueden decidir sobre algo tan fundamental como la vida. 


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