Revista Deportes

Una sardina de la Costa Brava

Por Antoniodiaz
Una sardina  de la Costa BravaEse torito... Arjona
Una sardina  de la Costa BravaEsa patita... Matito
Una sardina  de la Costa BravaEsa muletita... Matito
Una sardina  de la Costa BravaEsas dos orejitas... Matito
Según la Real Academia de la Lengua Española:
Zurcidor: adj. que zurce.
Zurcir: tr. coloq. Combinar varias mentiras para dar apariencia de verdad a lo que se relata.
Sevilla. Plaza de toros de La Maestranza. Feria de Abril. Duodécima de feria. Lleno de no hay billetes. Toros de Torrealta para El Juli, José Mari Manzanares y Daniel Luque.
Hoy, que tengo uno de esos días, me he puesto melancólico y me han venido a la mente, en recuerdo relampagueante, Bastonito y César Rincón. Después de leer los diferentes portales, fue Joaquín Vidal el que tiñó de gloria mis recuerdos. Don Joaquín comenzaba así su relato sobre aquella tarde que guardamos todos los aficionados en la retina:
Salió un toro de casta brava a eso de las siete y media de la tarde, y eran las tantas de la madrugada cuando aún discutía la afición si mereció la vuelta al ruedo que le dieron las mulillas...

Como el destino y una puta enfermedad no quisieron dejar que Vidal siguiera sentando cátedra, tapando bocas y alimentado de conocimientos al sediento aficionado; haciendo desde aquí un ejercicio de imaginación y osadía, reponemos el inicio de aquella crónica, en versión sevillana 2.0:
Salió una sardina de la Costa Brava a eso de las ocho menos diez de la tarde, apenas veinte minutos después, y durante el pasar de un minuto, la sabia afición sevillana pasó de pedir el indulto, a escatimarle la vuelta al ruedo para despedirlo con una ovación calurosa. Después, hasta las tantas de la madrugada, a fardar al real de la feria con lo bien que está Don Julián y los vestidos bien bordados que lleva el niño de Manzanares...

El protagonista de la feria, hablando desde el lado que no interesa a casi nadie, el de los toros, ya tiene nombre y fecha de caducidad: Zurcidor, 20-Abril-2010. Un gatito de angora, con los pitones acunados, pasaba los 48o kilos y tenía cinco años y medio. En otros tiempos, este ejemplar pariente de micifuz, hace algunos meses se hubiera lidiado en alguna novillada anunciado como desecho de tienta y defectuoso. Pero eran otros tiempos, ahora con esa presentación te lo ponen en Sevilla, en farolillos y con dos monstruos de la gatunomaquia.
Hablar de El Juli, o de tantos otros que repiten la misma faena las decenas de tardes de las decenas de años que se tiran haciendo como que torean, ya cansa. Es repetir siempre lo mismo, por mucho que los revistosos del puchero hablen de evolución o cambio. El de Velilla sigue siendo el mismo de siempre. En lo que llevamos de feria, han salido tres toros, muy poca cosa ellos, que necesitaban una báscula de precisión para pesarlos. Cuatro cientos y pico kilos, pesándolos con alegría. ¿Adivinan a quién le han valido dos de esos tres para entrar en los anales del toreo? Mientras tanto se preparan la cruz y los clavos para cruxifixionar a unos cuantos porque crían toros que son peligrosos. A otros, los lapidarán por no poderles. Mientras tanto, a El Juli nos lo quieren vender como la resurrección de Joselito El Gallo. Cómo no sea de Joselito, el Niño Ruiseñor...
Tengo que pedir disculpas anticipadas porque no he podido ver la faena, de mucha bragueta cuentan las viudas de Manzanares, del alicantino al quinto de la tarde. Después de la deshonra a Zurcidor, negándole el derecho a volver a la finca, mi televisor empezó a emitir unos sonidos raros: gruñidos dejaban sitio a bufidos de otro mundo. Opté por apagarla directamente a sabiendas de que nada bueno me iba a perder, y con la duda me quedé si el extraño fenómeno de los ruidos se deben a la nube de humo volcánica o a los berridos que pegaba el papanatas de Manuel Caballero pidiendo indultos como fantas de limón.
De Luque, sólo comentar lo ya resabido, cada corrida que pasa le quedan dos toros menos de aquellos diecinueve que le hacían falta para ser figura. Si le gusta apostar, que lo haga hasta el final, y una vez pasada la taurina cuentra atrás, se corte la coleta y deje andar por las plazas a los pocos que quedan que saben de ésto.

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